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Daniel Rodríguez Herrera

Midori, la jubilación de Windows

Midori, en teoría, pondría a disposición de los desarrolladores un sistema en que tanto los componentes como los datos podrían estar alojados en el ordenador o en internet de forma transparente.

Daniel Rodríguez Herrera
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Como siempre sucede entre dos lanzamientos de Windows, no paran de surgir rumores sobre las características que incluirá el futuro Windows 7, previsto para 2010 y esperado como agua de mayo por las empresas, que se niegan a actualizarse a Vista. El último, bastante razonable, consistiría en que este lanzamiento se centraría más en eliminar los principales fallos de la última versión de Windows, especialmente en rendimiento, y que tendría pocas novedades técnicas aparte del interfaz multitáctil al estilo del iPhone.

Por tanto, Windows 7 no serviría para desvelar qué rumbo planea seguir Microsoft con su exitoso sistema operativo; habría que esperar a una versión posterior que, según SDTimes, ya estaría desarrollándose. Se llamaría Midori y supondría, en cierto modo, la jubilación del viejo Windows. Estaría desarrollándose desde cero y supondría un rediseño total tanto a nivel de código como a nivel de concepto, pues se pensaría asumiendo que internet ha cambiado lo que esperamos de un sistema operativo.

¡Un momento! ¿Significa eso que dejarían de funcionar todas las aplicaciones y juegos diseñados durante las últimas décadas para Windows? Pues no. Si existe una razón principal de lo mucho que se ha tardado en terminar Vista y sus numerosos problemas es precisamente la necesidad de ser compatible hacia atrás. Para Microsoft es esencial que esa característica permanezca, porque en caso contrario no podría venderle el nuevo sistema operativo a nadie.

¿Entonces? ¿No habíamos quedado en que el nuevo Midori estaría creado desde cero? Sí, pero se aprovecharía de las capacidades de los microprocesadores modernos, que pueden ejecutar más de un sistema operativo a la vez sin pérdida de rendimiento gracias a una tecnología llamada virtualización. Por resumirlo, Midori sería un sistema operativo completamente nuevo, pero si intentamos ejecutar una aplicación diseñada para Windows XP, se arrancará un mini-XP para que pueda funcionar sin problemas, al igual que hace en los ordenadores de Apple una aplicación llamada Parallels, que permite ejecutar programas de Windows desde un Mac.

Solventado de este modo el problema de la compatibilidad hacia atrás, Midori podría tomarse todo tipo de libertades. Por ejemplo, ejecutaría sólo código .NET, lo que restringiría mucho las alegrías que pueden tomarse los programadores de aplicaciones y los consiguientes problemas de seguridad. Pero la principal novedad sería de diseño. Windows se pensó para una época en que los ordenadores personales funcionaban en solitario o, como mucho, en una red local. Internet no era más que una promesa en la que, de hecho, Microsoft no creía demasiado. Ahora, la manera en que empleamos los ordenadores depende extensamente de internet. De hecho, la mayor parte de las cosas que hacemos las llevamos a cabo en la red de redes, y sin ella nos sentiríamos tan perdidos e inútiles como Enjuto Mojamuto en el peor día de su vida.

Midori, en teoría, pondría a disposición de los desarrolladores un sistema en que tanto los componentes como los datos podrían estar alojados en el ordenador o en internet de forma transparente. Es decir, el espacio de alojamiento podría ser nuestro disco duro, o estar en un lugar seguro dentro de la red, o ambas cosas al tiempo. Podríamos guardar un documento desde Word y que "Mis documentos" estuviera en un servidor de Taiwán, de modo que al abrirlo desde el ordenador de la oficina o desde el móvil lo tuviéramos ahí. O que lo mantuviera en nuestro disco hasta que nos conectáramos, moviéndolo entonces. El modelo también facilitaría la programación concurrente, aprovechando mejor los actuales procesadores de varios núcleos. No es que ahora no se pueda hacer, pero es tremendamente complicado y requiere a verdaderos (y escasos) especialistas, de modo que es habitual aprovechar a la vez sólo una mínima parte de nuestras CPU.

También podría quedarse todo esto en un mero proyecto interno de investigación. Pero es bueno saber que algo nuevo se mueve en la empresa que, hoy por hoy, sigue siendo la más grande, por más que su estrella parezca decaer a favor de Google.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vocal del Instituto Juan de Mariana.

Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

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