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EDITORIAL

¿Celebrar la Constitución? ¿Y qué tal cumplirla?

La celebración del Día de la Constitución ha estado marcada por la inmensa hipocresía de la mayor parte de una clase política

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Sin ser perfecta, ni mucho menos, la Constitución de 1978 fue un enorme logro de los españoles y ha demostrado ser un instrumento útil y eficaz, que ha dado a España unas décadas de paz y prosperidad como pocas veces en nuestra historia. Además, y esto es muy importante, aún con esos defectos las probabilidades de que actualmente se lograse redactar una mejor y, sobre todo, que disfrutase de un consenso similar son inexistentes.

Sin embargo, lo cierto es que la celebración del Día de la Constitución este 6 de diciembre, que realmente podría ser una ocasión para rememorar ese gran acuerdo que la hizo posible y reafirmar su vigencia, ha estado marcada por la inmensa hipocresía de la mayor parte de una clase política a la que se le llena la boca defendiendo la Carta Magna ante los micrófonos, pero que en la práctica la respeta poco o nada.

No es la primera vez que la fiesta discurre en estos términos, desde luego, pero probablemente sí ha sido la celebración en la que más grosera ha sido esa disonancia entre lo que se escucha en los canales oficiales y que lo que se hace en los oficiosos.

Así, mientras el presidente del Gobierno y otros destacados representantes del PSOE hablan en elogiosos términos de la Constitución no tienen ningún problema en buscar alianzas con aquellos cuyo propósito confesado es destruirla y destruir con ella la nación que decidió hace 41 años dotarse de esa Ley Suprema.

Ellos, los separatistas, son los únicos que exhiben públicamente sus intenciones sin ningún recato y hablan sin tapujos de "una Constitución heredera del franquismo" y de "tumbar el régimen del 78". Ciertamente, hay que agradecerles esa sinceridad, a pesar de la cual muchos siguen negándose a ver la verdad.

Más vergonzosa es la posición de Unidas Podemos, el partido que desde su propio nacimiento ha hecho bandera de su intención de acabar el régimen de libertades que consagra el texto constitucional, pero que ahora se permite citar párrafos escogidos de la Carta Magna que aparentemente acercan el ascua a su sardina populista. Sin embargo, aunque se pasa la vida recitando artículos de la Constitución Pablo Iglesias olvida sistemáticamente el más importante de todos: aquel que dice que "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" y que, además, define "la forma política del Estado español" como una "Monarquía parlamentaria".

Por otro lado, tampoco resulta muy esperanzador comprobar cómo aquellos de los que se podría esperar una defensa cerrada de la Carta Magna y de la nación, parecen estar más preocupados por su propia batalla política cortoplacista, sin darse cuenta de que al paso que van las cosas de tanto preocuparse por el corto plazo puede que no lleguemos al largo, al menos con el sistema y el país que conocemos.

En resumidas cuentas, la realidad más allá de las festividades es este viernes se ha celebrado, como si no pasase nada, una Carta Magna que consagra derechos fundamentales que no se respetan en partes importantes de España, que ha sido víctima de ataques terribles en los últimos años -por ejemplo la aprobación de leyes claramente inconstitucionales como la de Violencia de Género o la de Memoria Histórica, básicamente, un texto revanchista que de facto la ilegitima- y que todo indica que se va a ver sometida a ataques aún peores en los próximos años.

Pero como casi nadie quiere darse por enterado, que siga la fiesta.

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