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EDITORIAL

"¡Viva el 8-M!": España, a merced de un sociópata

El "¡Viva el 8-M!" entonado por Sánchez es propio de un sociópata dispuesto a cualquier coste con tal de dar rienda suelta a sus delirios ideológicos.

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Lamentablemente, no le faltaba razón al portavoz de ERC, Gabriel Rufíán, al jactarse de que Ciudadanos se ha "comido" la mesa de diálogo entre el Gobierno y los golpistas catalanes, conditio sine qua non para que estos respaldaran la sexta prórroga del estado de alarma, tras confirmarse el voto afirmativo de Cs a la misma. Y es que ya era una mala excusa por parte de la formación naranja justificar sus anteriores respaldos al ruinoso y liberticida estado de alarma presentando su apoyo como una forma de romper los vínculos del Gobierno con los golpistas. Pero que, una vez desaparecido el espejismo, se haya prestado a seguir actuando de tonto útil ya no solo del Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias y de los nacionalistas vascos sino de ERC revela algo mucho peor que la "paciencia bíblica" que el portavoz de Cs, Edmundo Bal, ha reconocido tener con el Ejecutivo: que los de Arrimadas no aprenden de sus errores y creen, erróneamente, que son sus votantes los que tienen una paciencia con sus representantes digna del santo Job.

Con todo, no fue el triste y suicida papelón de Ciudadanos lo peor de la sesión parlamentaria de este miércoles, sino las escandalosas declaraciones del presidente del Gobierno en el tenso debate suscitado en torno al juicio por el 8-M, el informe de la Guardia Civil presentado a la juez Rodríguez Medel y la ominosa destitución del coronel Pérez de los Cobos por cumplir con su deber. Y es que Pedro Sánchez, cual sociópata dispuesto a cualquier cosa con tal de dar rienda suelta a sus delirios ideológicos, no ha tenido mayor ocurrencia que entonar un "¡Viva el 8-M!".

Dada la cantidad de personas que pudieron contagiarse o contagiar el coronavirus en esas manifestaciones feministas –entre ellas, las ministras Carmen Calvo, Carolina Darias e Irene Montero, así como la esposa y la madre del propio Sánchez–, la demencial proclama del presidente es tanto como entonar un "¡Viva el contagio!" o, como ha señalado Santiago Abascal, un "¡Viva la muerte!".

Pero es que además la intolerable fanfarronada de Sánchez entra en contradicción con la artera excusa con la que, más que disculparse, trató de justificar en su día que la prohibición de las manifestaciones y el estado de alarma no se hubieran decretado antes sino después del 8-M. Apelando al llamado "sesgo de retrospectiva" –consistente, según él mismo explicó, "en que, una vez conoce el desenlace de un evento, la gente tiende a pensar que se podía haber previsto ese desenlace anticipadamente"–, el descalificable jefe del Gobierno aseguró: "Es obvio que, con lo que sabemos hoy, el mundo no hubiera actuado de la misma forma".

Pues bien, ahora que sí se sabe que la pandemia ha causado en España centenares de miles de contagios y, como mínimo, 30.000 muertos, al presidente del Gobierno no se le ocurre otra cosa que reivindicar las manifestaciones multitudinarias del 8-M, objetivamente propagadoras del virus; todo para tapar el hecho, denunciado ante la juez y confirmado por el informe de la Guardia Civil, de que el Ejecutivo ya disponía el 2 de marzo de un informe enviado por el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades donde se pedía a todos los Gobiernos de la UE que dictaran "medidas de distanciamiento social individual" y se les instaba a considerar la "cancelación de las concentraciones masivas".

No hay mejor prueba de que el Gobierno prefirió poner en riego a la población antes que renunciar a las manifestaciones concebidas para dar cobertura propagandística a su bodrio legislativo del 'sólo sí es sí' que ese monstruoso "¡Viva el 8-M!" del indigno sujeto que preside el Gobierno de España.

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