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EDITORIAL

El PSOE, lo malo y lo peor

Si resulta un deber desalojar al PSOE, no menos imperativo resulta, donde no es posible, tratar de que gobierne con las alianzas menos perniciosas.

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El separatista Rufián ha advertido a sus semejantes: "Sin pacto PSOE-Podemos, aquí palmamos todos". Y es que, tal y como están las piezas desplegadas, el voto negativo de la formación de Pablo Iglesias haría matemáticamente imposible la investidura de Pedro Sánchez, tanto en la primera como en la segunda votación, aun cuando al candidato socialista le respaldaran todas las formaciones separatistas catalanas y vascas, incluida la proetarra de Bildu.

Con todo, aún está por ver que Podemos dé finalmente el paso de votar, al igual que PP, Ciudadanos y Vox, en contra de un candidato de izquierdas y provocar así una nueva convocatoria electoral, cuando todas las encuestas auguran una nueva caída de los neocomunistas.

El lunes, las declaraciones de Sánchez en la SER parecían representar la ruptura entre socialistas y neocomunistas. Pero no se desprendía lo mismo de la entrevista que le han practicado este martes a Iglesias en su Sexta, si bien el potentado comunista se ha mantenido firme en la idea de que haya podemitas en el Ejecutivo.

Sea como fuere, una ruptura definitiva entre el PSOE y Podemos podría abrir la posibilidad de explorar la investidura de Sánchez no gracias a comunistas y separatistas, sino a la abstención de PP y Ciudadanos, desagradable mal menor del que ya se ha hablado en estas páginas y que ha sido defendido por personalidades como Esperanza Aguirre, Arcadi Espada o Francesc de Carreras. Ciudadanos podría verse especialmente compelido a ello, no sólo porque también saldría mal parado en unas nuevas elecciones, según apuntan las encuestas, sino porque ya llegó a acuerdos de gobierno con el propio Sánchez y con Susana Díaz en Andalucía. Si resulta un deber desalojar al PSOE allí donde es posible hacerlo, no menos imperativo resulta, donde no es posible desbancarlo, tratar de que gobierne con las alianzas menos perjudiciales para España.

Con todo, es harto improbable que se llegue a un escenario así, pues no parecen buscarlo PP y Cs –que deberían percatarse de que su voto negativo no impediría el Gobierno de un Sánchez en alianza con podemitas y separatistas, mientras que su abstención sí posibilitaría un Gobierno socialista sin tan deplorables compañías– ni, mucho menos, el PSOE de Sánchez. Por tanto, estamos prácticamente abocados a un Gobierno social-comunista sostenido por separatistas o a unas nuevas elecciones... que probablemente vuelvan a poner sobre el tapete la terrible disyuntiva de elegir entre lo malo y lo peor.

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