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EDITORIAL

La izquierda, la Nación y su bandera

Para hacerla verdaderamente suya, la izquierda primero tiene que reconciliarse con la propia idea de España, que tanto parece repugnarle.

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La izquierda política y su brazo mediático han tocado a rebato por el éxito de las movilizaciones convocadas por Vox este sábado, bastante peculiares por la necesidad de cumplir con los mandatos del estado de alarma. Decenas de miles de personas tomaron con sus vehículos arterias destacadas de numerosas ciudades en protesta por la calamitosa gestión que de la crisis del coronavirus viene haciendo el Gobierno social-comunista, que ha terminado de hundirse en la miseria moral con sus pactos con los albaceas de la organización terrorista ETA.

Sin vergüenza ni sentido del ridículo, la izquierda político-mediática ha acusado a Vox y a las decenas de miles de personas que se movilizaron el sábado de apropiarse de la bandera de España y de convertirla en un símbolo sectario.

No. Vox no se está apropiando de la bandera de todos... a la que no dejan de ningunear o despreciar los de siempre, los que ahora ponen el grito en el cielo. Vox no impide a nadie utilizarla, hacerla suya. Vox no tiene la culpa de que jamás la utilicen los que se envuelven en las banderas de las distintas autonomías, o en las de los regímenes criminales que devastan Cuba y Venezuela; ni de que incluso pretendan deslegitimarla comparándola desfavorablemente con la de la II República. Vox, en definitiva, no tiene la culpa de que el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, que ha llegado a exhibir en público la bandera de la URSS, jamás haya mostrado vinculación emocional con la bandera nacional, por no hablar del Himno, al que llegó a tachar de "cutre pachanga fachosa".

La izquierda hipócrita hasta la indecencia tiene muy fácil evitar que Vox se apropie de la bandera de todos. Sólo tiene que hacerla suya. Pero no como el farsante de Pedro Sánchez, que sólo se acuerda de ella y hasta de la palabra España cuando se lo advierte, por puro electoralismo, su semejante Iván Redondo. Ese abominable oportunismo es el que revuelve a tantos españoles de bien, que luego ven al patriota Sánchez perpetrar una moción de censura y mantenerse en el poder de la mano de enemigos declarados de España como los nacionalistas catalanes golpistas y los albaceas de la organización terrorista ETA.

Para hacerla verdaderamente suya, la izquierda primero tiene que reconciliarse con la propia idea de España, que tanto parece repugnarle. Y gobernar pensando en lo mejor para la Nación, que desde luego no pasa por rendirla ante quienes pretenden dinamitarla.

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