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EDITORIAL

Los otros 'Sabino Cuadra'

España no tendría un problema de fondo si los ultrajes a la Constitución fueran únicamente el gesto infantil de un separatista a medio civilizar.

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El espectáculo grotesco montado por el diputado proetarra Sabino Cuadra desde la tribuna de oradores del Congreso de los Diputados no parece que vaya a tener consecuencias en forma de una sanción ejemplar. Cuadra arrancó y rompió las páginas de la Constitución española en las Cortes Generales, en un gesto de innegable simbolismo que quintaesencia lo que el separatismo opina de nuestro sistema constitucional. Es imposible encontrar otro país en el que sus parlamentarios se atrevan a ultrajar a la Carta Magna sin ser expulsados inmediatamente de la vida pública. En España, tristemente, la canallada del proetarra Cuadra es tan sólo un episodio más en el largo historial de insultos y agravios de los separatistas a nuestra democracia.

Ahora bien, los proetarras injurian a España y a los españoles en la sede de la soberanía nacional porque hay un Gobierno que les permite formar parte de nuestras instituciones democráticas. Zapatero decidió que el brazo político de la banda terrorista ETA tenía que estar en parlamentos y consistorios, y Rajoy no ha hecho nada por acabar con esa auténtica barbaridad jurídico-política. Cuadra puede llevar a cabo sus provocaciones desde el hemiciclo porque el Gobierno no ha querido poner fuera de la ley a Amaiur, coalición a la que pertenece este sujeto.

España no tendría un problema de fondo si los ultrajes a la Constitución fueran únicamente el gesto infantil de un separatista a medio civilizar. Lejos de ello, el episodio del proetarra es una mera anécdota si lo comparamos con los incumplimientos flagrantes que los nacionalistas vienen haciendo de nuestra Constitución, sin que ningún Gobierno se haya atrevido a ponerles coto.

El colmo del despropósito es que la misma clase política que no es capaz de hacer cumplir la Constitución, pretenda ahora que es necesario un cambio de su articulado para hacer frente a estas mezquindades. Lo que debe hacer el Gobierno es empezar a hacer honor a su juramento, imponiendo el cumplimiento estricto de los principios constitucionales en todo el territorio nacional.

Nuestra Ley de Leyes prevé suficientes mecanismos para que nuestros gobernantes puedan ejercer esa imprescindible labor de profilaxis democrática, que debería concitar el apoyo sin fisuras de las fuerzas políticas que aspiran a tener relevancia nacional. De lo contrario, las circunstancias obligarán tarde o temprano a poner coto a los muchos Sabinos Cuadra que padece nuestro país, pero entonces será ya demasiado tarde.

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