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EDITORIAL

Madrid y la izquierda resentida

Si este resentimiento es todo lo que ofrece el “progresismo”, no es de extrañar que Madrid siga siendo la que más progrese en España.

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A la vista de las lamentables intervenciones de los representantes del PSOE, de Más Madrid y de Podemos durante la segunda y última sesión de investidura celebrada en la Asamblea de Madrid, no le falta razón a la ya proclamada nueva presidenta de dicha comunidad autónoma, Isabel Díaz Ayuso, al acusarles de ser insuperables exponentes de la "izquierda resentida". Y no sólo por el nada disimulado resquemor que Gabilondo, Errejón o Serra han transmitido ante el hecho de que la mayoría de los ciudadanos madrileños siga prefiriendo un gobierno liberal/conservador, como el que representa el Ejecutivo del PP y de Ciudadanos con el generoso pero no incondicional apoyo de Vox, sino, sobre todo, porque los tres representantes de esta izquierda, reaccionaria y trasnochada, han hecho de la malevolencia, la envidia y la agrura los ejes de su discurso y de su oferta política

Buen ejemplo de ello es el resentimiento que Gabilondo ha destilado contra los empresarios y los trabajadores que no dependen o quieren dejar de depender de la beneficencia del Estado, al acusar demagógicamente a Ayuso de promover un "supremacismo económico", en el que "ganan los que tienen y pierden los que necesitan"; vamos, como si una política como la que propone Ayuso, que trata de rebajar los impuestos y promover la creación de riqueza y de puestos de trabajo no dependientes del sector público no fuera a reducir el número de los que más necesitan sin tener que quitar a los que ya tienen.

No menor resquemor es el que han demostrado Errejón o Serra contra todas las mujeres que no quieren someterse al cliché que quiere imponerles un feminismo trasnochado como el que, sin abandonar la lucha de clases, quiere hacer de la "lucha entre sexos" un nuevo banderín de enganche para la izquierda. Otro tanto se podría decir del implícito desprecio de Podemos o de Mas Madrid por las personas homosexuales que no quieren someterse a los dictados identitarios colectivistas que trata de imponer el movimiento LGTBI, individuos para los que su orientación sexual no les obliga a tener una determinada adscripción ideológica.

¿Y de qué "altura parlamentaria" puede presumir Errejon frente a Ayuso cuando la intervención del ex podemita, lejos de estar dedicada a rebatir una sola de las propuestas del PP y de Ciudadanos, se ha limitado a insultar a la candidata popular por su supuesto "poco nivel" parlamentario y por "no aguantar un debate de quince minutos"?

Otro tanto se podría decir de la malevolencia que ha protagonizado la portavoz de Podemos, Isabel Serra, al acusar a Ayuso de "criarse entre corruptos", cuando lo cierto es que en España no ha habido partido más corrupto que el PSOE y que en la actual bancada del PP no hay ningun imputado, a diferencia del grupo de Podemos, en el que la propia Serra lo está por unos altercados en un desahucio.

En conclusión: si a este discurso, ciertamente propio de resentidos, se reduce la oferta política de los autoproclamados "progresistas", no es de extrañar que su permanencia en la oposición sea la mejor garantía para que Madrid siga siendo la región que más progrese en España.

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