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EDITORIAL

Nadie para los pies a Torra

La sesión de este viernes en la cámara de los horrores catalana es la enésima confirmación de que el golpe de Estado sigue su curso.

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Espectáculo inenarrable en el Parlamento regional de Cataluña, cámara que los grupos separatistas han convertido en el epicentro de la degradación política. El deterioro viene de lejos, cuando los partidos independentistas decidieron convertir el llamado Parlament en el ariete del golpe de Estado. Desde entonces, ya en tiempos de Artur Mas, la cámara no es más que un instrumento al servicio de los delirios separatistas.

El último episodio del serial ha sido el pleno forzado por el supremacista Quim Torra para reprobar la Monarquía. No ha sido una sesión más de soflamas y pronunciamientos tan simbólicos como baldíos. El propio Torra, así como los portavoces de ERC –Sergi Sabrià–, Junts per Catalunya –Albert Batet–, Catalunya en Comú-Podem –Jéssica Albiach– y CUP –Natalia Sànchez–, ha dado por descontado no sólo que Juan Carlos I habría incurrido en prácticas corruptas, sino que también el Felipe VI habría caído en ellas.

Así de fácil es difamar en ese Parlamento, donde anidan todas las mentiras del separatismo. No es que se haya dado por descontado que el emérito se ha fugado de España, falsedad que los separatistas y los podemitas repiten sin cesar como buenos discípulos de Goebbels, sino que por elevación se acusa al Jefe del Estado de corrupto y al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de cómplice de una escapada. Insultar al Rey y verter toda clase de infamias sobre la Corona sale gratis en el Parlament. Igual que insultar al resto de los españoles. Barra libre para las lecciones de moralidad pública de los representantes políticos de la familia Pujol y el tres por ciento, herederos de los chorizos convergentes que cada año cambian de siglas. Gozan de una impunidad absoluta, amparados por la inacción de la Justicia y la comprensión de socialistas y podemitas.

En cualquier otro país democrático sería impensable que una institución del Estado se dedicara a arremeter contra el propio Estado, pero aquí todo vale y está permitido, incluido que un personaje como Torra, inhabilitado por desobediencia por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), campe a sus anchas a la espera de que el Tribunal Supremo decida sobre su recurso. Y mientras tanto, el propio Torra se chotea del TS a cuenta del fallo de un juez de Bruselas que considera que el alto tribunal español no es competente para pedir la extradición de un golpista refugiado en Bélgica.

La sesión de este viernes en la cámara de los horrores catalana es la enésima confirmación de que el golpe de Estado sigue su curso. Torra pide la abdicación del Rey y avisa de que las próximas elecciones autonómicas en Cataluña serán, en realidad, un referéndum: monarquía o independencia.

Torra está crecido. Nadie le para los pies. Su gestión de la emergencia sanitaria es un desastre, las cifras económicas catalanas son peores que las del conjunto de España, se han anulado las becas comedor mientras se gastan cantidades ingentes de dinero en propaganda y ‘embajadas’, y resulta que el ‘Parlament’ se reúne para hablar de la Monarquía. Es la Cataluña presa del separatismo en estado puro. El odio a España y los españoles en su máxima expresión.

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