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EDITORIAL

Sánchez, sonado

Sánchez es un problema que la España confinada de los 1.700 muertos (y subiendo) no se puede permitir. 

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Buena prueba de que el Gobierno es un hatajo de advenedizos arrasados por las circunstancias es la comparecencia sabatina de Pedro Sánchez para no decir absolutamente nada de interés. En pleno estado de alarma, consumió treinta y cinco interminables minutos para no ofrecer el menor dato relevante ni anunciar medida de fuste alguna. Su intervención se centró en menospreciar la ingente labor de la Comunidad de Madrid y trasladar su propia responsabilidad al conjunto de la sociedad, a la que animó a luchar contra la pandemia como si el Gobierno no fuera el máximo responsable de su inaudita expansión.

Sánchez llegó al bochornoso ridículo de presentar como éxitos la disminución de delitos callejeros o el aumento del uso de internet, cuando toda España se encuentra sometida a confinamiento, lo que da una idea de la utilidad del Aló Sánchez que Iván Redondo se habrá sacado de la manga para tratar de detener una oleada de críticas que amenazar tornarse en tsunami.

Las acusaciones del incompetente Sánchez al Ejecutivo madrileño, al que está privando de los medios más elementales para luchar contra el coronavirus, fueron una bajeza infame que indignó con toda justicia a Isabel Díaz Ayuso y su equipo, máxime cuando Sánchez reclama cada día el apoyo de todos los Gobiernos autonómicos y todas las fuerzas políticas, en un patético intento de acallar las merecidísimas críticas que está recibiendo su Ejecutivo. Un Ejecutivo cuyo vicepresidente, en lugar de trabajar para poner remedio a las gravísimas consecuencias de sus calamitosas decisiones, incita a la participación en repulsivas caceroladas contra la Monarquía.

El descrédito es de tal calibre que Sánchez infligió a la ciudadanía una nueva comparecencia televisiva en la tarde del domingo, para tratar contener la hemorragia de credibilidad de su Gobierno. De nuevo, una comparecencia inane.

Sánchez está sonado. Sánchez ni sabe qué hacer ni tiene un equipo gubernamental y técnico que le permita sobreponerse. Sánchez es un problema que la España confinada de los 1.700 muertos (y subiendo) no se puede permitir. Estamos en las peores manos en el peor de los momentos.

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