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EDITORIAL

Vuelve el Sánchez más podemita

El Consejo de Ministros de este pasado sábado fue muy revelador sobre la estrategia que Sánchez pretende aplicar durante los meses que le restan antes de someterse al veredicto de las urnas.

Como habíamos anticipado, el batacazo electoral en Andalucía ha hecho que el presidente del Gobierno recupere su versión más radical para tratar de compensar con el voto ultraizquierdista la tremebunda sangría de votos que está sufriendo el socialismo entre las capas más moderadas de la sociedad. Desde esta perspectiva, el Consejo de Ministros de este pasado sábado fue muy revelador sobre la estrategia que Sánchez pretende aplicar durante los meses que le restan antes de someterse al veredicto de las urnas.

Sánchez anunció a bombo y platillo su enésimo plan para reducir la inflación e impulsar la economía, consistente fundamentalmente en prorrogar las medidas de gasto público aprobadas el pasado mes de marzo y poner en marcha nuevos subsidios hasta final del ejercicio. En total, el Gobierno cargará sobre las espaldas de los contribuyentes una losa adicional de 9.000 millones de euros, que agravarán la situación de déficit público que atraviesa España sin ningún resultado práctico más que financiar la propaganda gubernamental.

En consonancia con lo que le viene exigiendo su socio podemita, Sánchez creó este pasado sábado dos nuevos subsidios dirigidos a las rentas más bajas, consistentes en un cheque de 200 euros mensuales y la reducción a la mitad de los abonos del transporte público. Así mismo se mantendrá la subvención de los 20 céntimos en el litro de combustible, para completar un paquete demagógico de medidas populistas que ya han demostrado su inutilidad para afrontar una crisis económica y energética de raíces profundas como la que atravesamos.

Pero lo que causa sonrojo en esta última comparecencia de Sánchez es el tono victimista con que anunció el nuevo plan de urgencia del Ejecutivo. Con total ausencia de decoro, el presidente del Gobierno acusó a "los poderosos" de urdir una venganza contra él y sus ministros, porque "gobernamos para la clase media y baja de este país y sabemos que esto molesta a determinados poderes". Como era de esperar, Sánchez no aclaró quiénes son esos poderes ocultos conjurados en su contra, aunque precisó que cuentan con "terminales mediáticas y políticas" dispuestas a todo con tal de que el Gobierno socialpodemita no alcance sus fines.

El tono mitinero de Sánchez en la sede de la presidencia del Gobierno es un anticipo de lo que nos espera en el año y medio que resta de legislatura. Con una inflación desbocada y las expectativas electorales de la izquierda por los suelos, Sánchez parece dispuesto a poner en marcha una política de tierra quemada, para lo cual ya ha empezado a maniobrar a fondo en ámbitos estratégicos como lo demuestra el asalto a Indra o el fraude de ley que prepara para su reforma bastarda del Tribunal Constitucional.

Mención aparte merece el anuncio incalificable de que el año próximo, el último de la legislatura, impondrá un impuesto especial para limitar los beneficios de las empresas energéticas, disparate mayúsculo y contraproducente que ya solo aparece en los mítines podemitas de más baja estofa y que, con Sánchez en el Gobierno, adquirirá carta de naturaleza en el Boletín Oficial del Estado.

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