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Avanza la marabunta

En el desenlace de la película, Charlton Heston abre las compuertas de una represa para que el torrente purificador se lleve a la marabunta. Buena idea.

Eduardo Goligorsky
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Cuando leí "la apretada agenda de Mas" para el 2013 (La Vanguardia, 30/12/2012) y su plan de gobierno con la "transición nacional" como eje (LV, 4/1/2013) no pude dejar de evocar las escenas terroríficas con que culmina la película Cuando ruge la marabunta (1954). En ellas se ve cómo Charlton Heston lucha denodadamente para detener el avance de la marabunta, la espectacular columna de hormigas depredadoras que devoran todo lo que encuentran a su paso y que en ese momento amenazan con invadir la hacienda donde se encuentran su despavorida esposa, Eleanor Parker, y el personal nativo. El formidable aparato burocrático con el que proyectan blindarse los fundadores del nuevo Estado, según se desprende de las citadas informaciones, obrará sobre el ya depauperado espacio catalán tal como lo hacía la marabunta sobre la plantación de Charlton Heston.

'Nomenklatura' parasitaria

Queda claro, desde el principio, que los planes en cuestión no están encaminados a crear puestos de trabajo para los 880.000 parados que hay actualmente en Cataluña, sino a formar una nueva nomenklatura parasitaria adosada a la que ya existe. Ni los trabajadores, ni los autónomos, ni los emprendedores ni los restantes sectores productivos figuran en el programa de los secesionistas, tal como estos mismos se apresuran a poner en claro. De lo que se trata, nos informan, es de crear una nueva "clase dirigente" como la que denunció Milovan Djilas en plena degeneración de las sociedades comunistas. Lo explica nada menos que Miquel Calçada i Olivella –el otrora célebre Mikimoto del programa Afers Exteriors de TV3– en un artículo titulado "A propósito de la creación de estructuras de Estado" (LV, 27/12/2012).

Mikimoto viajó por 60 países a expensas de los contribuyentes para entrevistar a catalanes que residían en el extranjero. Calçada es hoy comisario designado por la Generalitat para los actos del tercer centenario de 1714, y llegó a insinuar su deseo de ser presidente de la Generalitat (El País –ed. Cataluña–, 23/5/2012). Aparentemente su cargo actual es honorario, aunque, según El Confidencial (28/5/2012), en el año 2011 recibió 300.000 euros en subvenciones de la Generalitat, que no había sido menos generosa con él en años anteriores.

Pues bien, en el artículo arriba citado Calçada hace suyas las palabras de Artur Mas en el sentido de que esta es "la operación nacional de más envergadura de los últimos tres siglos" y añade:

Es un proceso que se lleva a cabo en un contexto económico de lo más delicado. En definitiva, una tarea colosal. Planteada la situación de esta manera, nos tenemos que preguntar si disponemos de cuadros preparados para asumir con convicción, pasión, pero sobre todo eficiencia, lo que representará construir las nuevas estructuras de Estado.

Calçada pone como ejemplos las instituciones de enseñanza de la función pública que existen desde hace muchos años en el Reino Unido, Alemania, Estados Unidos y Francia, y termina con la voz de mando para los leales:

Sencillamente quiero decir que esta nueva generación tiene que tener claro que será la élite de la función pública del futuro Estado catalán. Sólo así, con la misma convicción que tenía el presidente Prat de la Riba, podremos superar aquel viejo axioma según el cual a los catalanes no nos interesa la función pública.

Ideólogos de la insumisión

El desprecio que estos privilegiados sienten por las tribulaciones de la inmensa mayoría de los ciudadanos se refleja el hecho de que empiezan la construcción de su Estado ficticio por el techo, por la élite. En Cataluña, la calidad de la enseñanza se sitúa a la cola del nivel europeo, el paro juvenil supera el 50 por ciento, el riesgo de pobreza amenaza al 25 por ciento de las familias, se multiplican los casos de desnutrición infantil... y en medio de tamaña crisis los ideólogos de la insumisión institucional ponen como modelo la ENA, la escuela nacional de administración que el general De Gaulle creó para organizar una nación centralizada, cohesionada y preocupada por el bienestar y la educación de sus ciudadanos. Monolingüe, por añadidura, en lengua francesa, universalmente valorada e indispensable para la comunicación social.

El plan de gobierno pactado entre CiU y ERC empieza por la creación del Consell Català per a la Transició Nacional, "que será el órgano encargado de velar por el impulso y la materialización de todas las actuaciones vinculadas a la consulta". Y propone a continuación (LV, 30/12/2012)

el despliegue de la administración tributaria catalana, es decir, la hacienda propia, que tiene que hacerse efectiva a lo largo del 2013. Un despliegue que incluye la ley de la administración tributaria catalana, la transformación del Institut Català de Finances (ICF) en el banco público de Catalunya y el diseño de la administración y la tesorería de la Seguridad Social catalana y que se tendría que empezar a articular durante el primer semestre del año. Después de esta, o conjuntamente, se tendrán que ir desplegando más estructuras de Estado, como el desarrollo de las estructuras de la administración de justicia o el impulso de la nueva ley de la policía de Catalunya.

El 9/1/2013, el somatén mediático informó:

A través de una reestructuración del Departamento de Economía, la Generalitat ha creado el embrión que le ha de permitir desplegar la Hacienda propia en el horizonte del año 2014.

¿Alguien caerá en la trampa de creer que en estas áreas de la nomenklatura del Estado ficticio habrá una sola vacante para alguno de los 880.000 parados que vegetan en Cataluña? No imagino que pueda haber alguien tan ingenuo como para tragarse semejante tomadura de pelo. La marabunta está alerta para no dejar que se le escape ninguna presa apetecible y avanza sin compadecerse de los parados a los que desplaza.

Deslealtad manifiesta

Obviamente, ningún área despierta tantos apetitos como la de Asuntos Exteriores, y por eso la Generalitat se ha abrazado a ella con todas sus fuerzas y no ahorra desplantes a las autoridades legítimas cuando estas intentan recuperarla según derecho. Por un lado, es el botín más codiciado por los validos del poder –una categoría situada por encima de la marabunta clientelar– y por otro cumple una función estratégica en la búsqueda de complicidades para el secesionismo fuera de las fronteras de España. Y es esta deslealtad manifiesta la que pone en entredicho la continuidad de Josep Antoni Duran Lleida en la presidencia de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de España, después de que los diputados de su partido hayan votado en el Parlamento de Cataluña que esta región es un "sujeto político y jurídico soberano", voto que los convertiría en extranjeros a él y a sus cofrades, si no fuese nulo, como lo es. Temo que sólo en España pueda producirse la anomalía de que quien desempeña el papel de embajador oficioso de un conglomerado secesionista ante el Gobierno constitucional se apoltrone simultáneamente en un cargo de tanta jerarquía y responsabilidad como el que ocupa Duran Lleida.

Lo curioso es que alguien que suele acompañar, con prudencia, los devaneos de los secesionistas castiga a la marabunta voraz con un criterio parecido al mío, aunque lo que se pregunta, en el contexto de la corrupción y no en el de la secesión, es si se trata de una raza de vampiros. Escribe Antoni Puigvert (LV, 28/1):

La corrupción tiene dos raíces culturales. El desprecio de lo público, que es histórico (y que el caprichismo individualista de los últimos tiempos ha renovado). Y el amiguismo: familia, grupo, influencias, enchufes, entorno. Partiendo de estas raíces, ha fraguado con naturalidad esta idea: un partido es un feudo. Todas las instituciones lo son. Al frente del feudo está el señor, rodeado de todo tipo de fieles militantes, funcionarios a dedo, asesores, propagandistas. La función de los siervos es defender al señor a capa y espada, pues él les compensará con canonjías y prebendas. También puede castigarles quitándoles arbitrariamente el puesto. Así funciona el país, así se depredan sus instituciones públicas (y, generalmente, también las privadas): sean políticas, judiciales, económicas o culturales. La idea de fondo es muy simple: la democracia es sólo para mí y los míos.

He aquí un retrato impecable, aunque involuntario y aplicado a otro colectivo, de la oligarquía secesionista. La coincidencia entre mi impugnación de los elementos bastardos y al mismo tiempo endogámicos que estimulan el secesionismo y la impugnación que formula Puigverd de los elementos bastardos y al mismo tiempo endogámicos que estimulan la corrupción nos lleva a pensar que, en última instancia, el secesionismo y la corrupción, la marabunta y los vampiros, se originan en el mismo lóbulo rapaz de nuestro paleoencéfalo antediluviano.

En el desenlace de la película, Charlton Heston abre las compuertas de una represa para que el torrente purificador se lleve a la marabunta. Buena idea.

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