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Eduardo Goligorsky

Bajo el manto de la ignorancia

La verdadera memoria histórica será implacable con los farsantes cainitas que fomentan la ignorancia de las masas desde el parvulario para poder manejarlas a su antojo.

La verdadera memoria histórica será implacable con los farsantes cainitas que fomentan la ignorancia de las masas desde el parvulario para poder manejarlas a su antojo.
Ada Colau | Cordon Press

Cuando se escriba la historia del proceso secesionista que uncontubernio activo pero minoritario intentó llevar a cabo en Cataluña en las dos primeras décadas del siglo XXI llamará la atención de los investigadores el hecho de que aquel fenómeno pudiera desarrollarse durante tanto tiempo bajo el manto de la ignorancia. Las hemerotecas y los archivos digitales les mostrarán que toda la campaña descansó sobre un cúmulo inagotable de mentiras que implicaban un desconocimiento abrumador no sólo de la realidad inmediata sino también del pasado tanto lejano como próximo. La tergiversación abarcaba por igual los acontecimientos cotidianos y las perspectivas para el futuro. Esto lo verán con claridad meridiana los investigadores dentro de equis años, probablemente no muchos porque la farsa se agota. ¿Pero por qué no lo ven nuestros conciudadanos víctimas del engaño si lo tienen delante de las narices?

Mistificación descomunal

La mistificación es descomunal. Vaya si lo es: el partido político que sirve de mascarón de proa a la insurrección y que pone al servicio de los nihilistas cuperos un títere que simula gobernar mientras estos llevan la batuta entre bambalinas… ese partido, repito, tuvo la desfachatez de acuñarse un nuevo nombre en el que figura nada menos que la palabra europeo. Europeo, cuando hasta el más burro sabe, o debería saber, que la hoja de ruta de dicho partido y de los que lo extorsionan conduce inevitablemente a la ruptura con la Unión Europea y con los organismos internacionales. Precavidos, sus aliados más astutos, los podemitas y comunes, ponen como condición el "reconocimiento internacional" para sumarse al juego (LV, 8/10). Imposible.

Una de las víctimas del enjuague, tal vez la mayor, es la historia. Y no me refiero sólo a la Historia con mayúscula –que también– sino a la de menor calado, que los secesionistas han falsificado hasta el punto de hacerla irreconocible, en razón de lo cual a los estudiosos serios les ha resultado muy fácil desmontar el trampantojo. Un trampantojo que sólo siguen explotando los falsarios incorregibles y aceptando los ignorantes irrecuperables. Me refiero a la historia próxima, esa que el bufón Rodríguez Zapatero, lacayo servicial de Nicolás Maduro, asoció a la memoria.

La memoria de los guerracivilistas encaramados en el poder se parece a la amnesia, cuando no a la fobia. ¿No es fóbico su empeño en borrar todo vestigio de los Borbones, de España y de la hispanidad? Fobia patológica que abarca desde Cristóbal Colón hasta Juan Antonio Samaranch y la Sagrada Familia.

Recuerdo que en mis tiempos de idiota útil, en 1960, visité la URSS de Jruschov con un grupo de dirigentes políticos jóvenes: cinco comunistas ortodoxos y cinco idiotas útiles. En Leningrado, frente a una monumental estatua ecuestre de Pedro el Grande, uno de los comunistas se asombró de que el monumento hubiera seguido en pie, incluso en tiempos de Stalin. La guía, una mujer culta y bien entrenada para sus funciones, le respondió recitando todo lo que ese zar había hecho por Rusia. Ada Colau y Gerardo Pisarello reaccionan ante don Juan de Borbón y Juan Carlos I como aquel comunista dogmático lo hizo frente a la estatua del zar, sin reconocer que ellos ocupan sus poltronas gracias a que fueron los dos Borbones y los protagonistas de la Transición, y no las minúsculas e impotentes formaciones rupturistas, quienes allanaron el camino para que en España se iniciara una etapa de paz, libertad y progreso sin precedentes.

Pero llegó el dictador

Podríamos remontarnos, para tapar la boca a los sembradores de odio contra España, a finales del siglo XVIII, cuando se constituyó en Barcelona la Comisión de Hilados, Tejidos y Estampados de Algodón del Principado de Cataluña, un lobby que consiguió, en 1802, que una Real Orden prohibiera la libre importación de esos tejidos.

La industria textil catalana se puso en marcha. En 1832 el ministro de Hacienda, Luis López Ballesteros, anticipa 350.000 pesetas y otorga exenciones fiscales a la sociedad Bonaplata, Vilaregut, Rull y Cía. para montar la primera fábrica textil con máquinas de vapor. La industria textil catalana avanza a marcha forzada, con ayuda de la legislación proteccionista española.

Pero llegó el dictador y mandó a parar. Por poco tiempo. Muy poco tiempo, hasta que se recompusieron gradualmente los seculares vínculos económicos y culturales de España con la sociedad catalana, siempre pragmática, emprendedora y pactista. Lo relata, sin renegar de su óptica nacionalista, Ferran Soldevila en la enciclopédica Que cal saber de Catalunya: en 1942 aparecieron 4 libros en catalán; en 1946, 12; en 1947, 53; y así sucesivamente hasta llegar a 208 en 1963, 294 en 1964 y 453 en 1965.

En 1960, "cinco patricios catalanes", como los define Josep Maria Soria (LV, 10/7/2011), encabezados por Félix Millet i Maristany, crearon el premio de novela catalana Sant Jordi, dotado de 150.000 pesetas, para competir con el Nadal, aunque llegaron tarde: en 1948 Maria Aurelia Capmany ya había recibido el premio Joan Martorell de novela catalana por El cel no és transparent. En 1960 Joan Maria de Sagarra recibe del Estado la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio por la publicación de sus Memories en catalán. Y se prolonga una larga lista de premios y distinciones oficiales en el terreno de la literatura y el teatro catalanes, aunque no en el de la política disidente, vedada a castellanohablantes y catalanohablantes por igual.

Vasos comunicantes

La sociedad abierta que germinaba en los subterráneos de la dictadura enlazaba, con sutiles vasos comunicantes, a lo mejor y más fecundo de la sociedad catalana con zonas muy próximas a la cúpula del poder franquista. Un caso típico fue el de Fabián Estapé, socialista convicto y confeso que ocupaba un despacho muy próximo al del almirante Carrero Blanco. Estapé, estrecho colaborador del ministro opusdeísta Laureano López Rodó, con quien "siempre hablaba en catalán", contó en su libro autobiográfico Sin acuse de recibo (Plaza & Janés, 2000):

Cuando se decidió que había que elaborar el Plan de Estabilización, Alberto Ullastres constituyó una comisión de tres asesores, silenciosos y discretos, formada por Joan Sardá, Enrique Fuentes Quintana y yo. La Comisión empezó a funcionar en 1959, pero quiero aclarar que la autoría de aquel plan debe atribuirse únicamente a Joan Sardá, y hoy, en 1999, sigue siendo la operación político-económica mejor imaginada y estructurada que ha vivido la economía de este país durante el presente siglo.

El socialista Estapé fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas (1962-1965) y rector de la Universidad de Barcelona (1969-1971) y (1974-1976). Recuerda en su autobiografía que durante su primer decanato, cuando se celebraba algún acto reivindicativo en la universidad, recibía una llamada del gobernador civil, Tomás Garicano, "al que además me unía una gran amistad":

Me llamaba y me decía: "Eh, rector, óyeme, que en el patio de ciencias hay una bandera republicana que cuelga de extremo a extremo". "¿Y qué quieres que haga? ¿Crees que tengo algún bedel funambulista para que salte encima de las cabezas de los estudiantes? ¿Qué te parece si lo dejamos correr hasta las dos y cinco?"."¿Por qué a las dos y cinco?". "Coño, porque es la hora en que los estudiantes se van a sus casas, a sus pensiones, a sus bares, a comer. Entonces es el momento de subir, tranquilamente, se descuelga la bandera y todos contentos".

Obsesiones guerracivilistas

Los jerarcas que planifican la campaña del odio saben, por supuesto, que esta descansa sobre bases falsas, pero han aprendido las técnicas totalitarias para convencer a las masas de que sus torpes postureos son el producto de imperativos históricos. Así, justifican los cambios arbitrarios en el nomenclátor urbano y las arremetidas contra monumentos y espacios públicos que no ofenden a los ciudadanos normales, pero sí a los que padecen obsesiones guerracivilistas. El último hallazgo de estos obsesos son "las placas del Patronato de la Vivienda, la mayoría -pero no todas- con el yugo y las flechas que aún lucen las fachadas de los edificios" ("Más de 160 edificios de Gràcia tienen todavía símbolos franquistas", LV, 3/10). La noticia se completa con el dato de que en Nou Barris "se inventariaron 232 placas franquistas". Y la acompaña la foto de una placa donde se lee:

MINISTERIO DE TRABAJO
Esta casa goza de los beneficios
de la ley de 25 de noviembre de 1944
y es de renta limitada.

No se ve por ninguna parte un símbolo franquista, a menos que la mezquindad de los inquisidores los lleve a considerar que la fecha basta para descalificar la placa. ¿Y los edificios que la ostentaban? ¿No son también testimonio de los vicios del régimen que ayudó a construirlos? ¿Habrá que demolerlos? En cuanto a la limitación de la renta, corre el rumor de que una idea parecida ronda por la cabeza de la señora Colau. ¿Aires franquistas en este Ayuntamiento hostil al derecho de propiedad?

Cuidado con los comisarios políticos que practican la exorcización laica de los edificios anatematizados que no se ciñen a sus dogmas. La Residencia Sanitaria Francisco Franco fue inaugurada el 5 de octubre de 1955, con la presencia del dictador y su séquito civil, militar y eclesiástico. Hoy se la conoce por el nombre de Hospital Universitario Vall d´Hebron de Barcelona. ¿Corre peligro si se divulga su pecado original?

La verdadera memoria histórica será implacable con los farsantes cainitas que fomentan la ignorancia de las masas desde el parvulario para poder manejarlas a su antojo.

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