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Eduardo Goligorsky

El traidor confeso

Lo que acopla al rey Mohamed VI con el falso republicano Carles Puigdemont es que ambos ambicionan arrebatarle a España porciones de su territorio.

Eduardo Goligorsky
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Lo que acopla al rey Mohamed VI con el falso republicano Carles Puigdemont es que ambos ambicionan arrebatarle a España porciones de su territorio.
Carles Puigdemont. | EFE

Debería haber sido el titular de primera plana: "Carles Puigdemont se pronunció ayer a favor de Marruecos". Y sin embargo solo fueron dos escuetas líneas descolgadas del texto, casi invisibles, insertadas al final de un extenso y bien condimentado artículo del manipulador Enric Juliana titulado "Marruecos frena, Estados Unidos calla y España acumula tensiones" (LV, 20/5).

Crimen de lesa patria

¿Cómo se explica esta burda tentativa de ocultar la magnitud del crimen de lesa patria que ha perpetrado este prófugo de la Justicia española, al que el pleno del Parlamento Europeo le ha retirado la inmunidad por 400 votos de socialistas, democristianos y liberales contra 248 de ultraizquierdistas y ultraderechistas? La respuesta salta a la vista: los acólitos del sedicioso preso Oriol Junqueras necesitaban el voto favorable de la tropa del traidor Puigdemont para conseguir la investidura de Pere Aragonès como presidente de la Generalitat de Cataluña. Por eso prefirieron no mentar la infamia del traidor confeso en los medios de comunicación subvencionados. Y se consumó el contubernio, sumando a la olla podrida la manada de frikis anticapitalistas de la CUP.

Tampoco tiene nada de extraño que el falso republicano gerundense, portador de toxinas ultramontanas carlistas, se abrace al mismo tiempo con los neonazis flamencos y con los estrategas del déspota alauí. El traidor tomó la iniciativa de dirigirse a la Unión Europea para difamar a su patria precisamente cuando se asistía a la remake en Ceuta de aquella Cruzada de los Niños hacia una mítica Jerusalén que en el 1212 habría costado la vida, según la leyenda, a miles de criaturas en media Europa. Esta vez la movilización del contingente infantil estaba encaminada a anexar a Marruecos una parte del territorio español con la colaboración mediática de este renegado malnacido.

Labor de zapa

Lo que acopla al rey Mohamed VI con el falso republicano Carles Puigdemont es que ambos ambicionan arrebatarle a España porciones de su territorio. La diferencia reside en que el primero necesita violar la frontera de este país, que es la de Europa, en tanto que el segundo desarrolla su labor de zapa mediante la tropa que él controla desde Waterloo y que actúa dentro del espacio codiciado. Diferencia esta, además, que el gran felón que okupa la Moncloa aprovecha para colarle a la opinión pública otro de sus muchos camelos cuando promete "garantizar la integridad territorial de España con todos los medios". Claro que sí, cuando se trata de un invasor extranjero, igualmente rechazado por el resto de Europa. Pero las cosas cambian cuando Frankenstein teje alianzas con el monstruo autóctono al que ofrece mesas de diálogo, indultos, amnistías, reformas del Código Penal y el ninguneo de la Monarquía a cambio de su apoyo.

Si practicamos la autopsia de dicho monstruo tropezamos con órganos que parecen injertados contra natura pero que son indispensables para mantener en pie a su creador. La fisonomía y la piel han sido extraídos del cadáver insepulto de don Partido Socialista Obrero Español, para no asustar a la buena gente. El resto lo componen vísceras agusanadas de cepas anacrónicas con genes comunistas, terroristas y racistas. En este totum revolutum sobresale, nuevamente, el traidor Puigdemont, ariete del doble embate contra la soberanía de España: el del expansionismo marroquí y el del rupturismo fóbico de la tropa que él maneja..

Híbrido emponzoñado

Ahora la tropa Junts per Catalunya liderada por el cómplice del irredentismo marroquí forma parte del Gobierno de Cataluña. Vaya híbrido emponzoñado. Un Gobierno cuyo presidente se estrenó prometiendo "hacer posible la culminación de la independencia de Cataluña", con la amnistía de los sediciosos y el referéndum de autodeterminación a corto plazo. Así fue como se fraguó el pacto entre ERC y JxCat para repartirse el poder con duelos barriobajeros por las poltronas, en el apogeo de los cuales el cipayo Puigdemont reprochó a sus socios de ERC que tuvieran un relato "falso, perverso e inmoral" (LV, 22/5). No es extraño, por lo tanto, que puigdemontistas y junqueristas se cruzaran acusaciones de traición. Ambos son traidores. A España. Y a Cataluña.

Se entiende la acusación de traición a España, porque, al igual que el rey de Marruecos, pretenden despojarla de una parte de su territorio. Pero ¿por qué a Cataluña? Pues porque desde que pusieron en marcha el proceso de ruptura con España socavaron tenazmente la potencia económica del Principado y desgarraron cruelmente el tejido de convivencia social y cultural en las familias, los círculos de amigos y los lugares de trabajo. Hasta que llegaron estos fanáticos, Cataluña había sido un modelo de sociedad progresista, emprendedora, innovadora, cosmopolita, abierta a todas las corrientes de pensamiento. Pero los usurpadores se propusieron empobrecerla y degradarla con una avalancha de discriminaciones políticas, étnicas y lingüísticas marcadas por el tribalismo cainita para así dominarla mejor.

Los números cantan

Estamos a tiempo de parar esta aberración involucionista. En la sociedad catalana aún predomina una mayoría racional, a pesar de la coacción, la intimidación y el soborno rampantes. Los números cantan. En los últimos comicios, los secesionistas solo cosecharon el 26 por ciento del censo electoral. Según la encuesta de GAD3, "el rechazo a la independencia sube al 52%, contra el 42% que la apoya" (LV, 17/5). Únicamente el 12% de los catalanes y menos del 25% de los electores secesionistas apoyarían una nueva declaración unilateral de independencia. En fin, el 36% habla mayoritariamente en castellano, el 27,8% mayoritariamente en catalán y el 35,5% indistintamente en ambas lenguas.

La única verdad incontestable es la que ratificó la ministra de Defensa, Margarita Robles: "España defenderá su integridad territorial por todos los medios. Sin aceptar chantajes". Esto implica que no se permitirá que los enemigos externos crucen nuestras fronteras. Pero igualmente debe significar que tampoco se permitirá que actúen dentro de nuestras fronteras los traidores a la patria que fomentan el embate contra la integridad territorial, ya sea en connivencia con potencias extranjeras o concertando alianzas espurias con nuestros gobernantes sin escrúpulos, émulos de Quisling y Petain.

Afortunadamente la Constitución nos garantiza que el Rey y las Fuerzas Armadas continuarán custodiando la intangibilidad de la soberanía nacional y de las instituciones democráticas, con el respaldo de la sociedad civil, como se acaba de comprobar en Madrid.

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