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Los totalitarios están histéricos

Quien esto escribe, situado a años luz de la impronta confesional de Vox, valora la contribución que puede hacer al frente constitucionalista.

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Los tres líderes del 'frente constitucional' | Cordon Press

Los cabecillas del variopinto conglomerado totalitario que usurpa el poder en España y en su espacio catalán disparan con artillería pesada, personalmente y por intermedio de sus amanuenses mediáticos, contra el frente constitucionalista. Y sobre todo contra los dos partidos que suben en los comicios y en las encuestas: Ciudadanos y Vox. No se equivocan. Ven que está próximo el final de su satrapía y esto los pone histéricos.

Arsenal de mentiras

Empecemos por Ciudadanos. Este es, hoy por hoy, un componente insustituible del bloque de fuerzas democráticas que mejor encarnan la defensa de los valores de la sociedad abierta, donde quienes le dan nombre al partido –los ciudadanos– disfrutan de la libertad y la igualdad que les garantiza la Monarquía parlamentaria. Precisamente lo que los furibundos detractores de Ciudadanos y de las restantes fuerzas democráticas desean destruir.

Los totalitarios saben que tienen en Ciudadanos un enemigo insobornable, y por eso lo denigran con su burdo arsenal de mentiras, acusándolo de ser fascista, ultraderechista y reaccionario. Lo ladran ellos, los muy desfachatados, que llevan implantadas las semillas del despotismo leninista y del supremacismo atrabiliario. Como dice el refrán: "señal de que cabalgamos".

La fobia con que los totalitarios comunistas y secesionistas arremeten contra Ciudadanos debería ser suficiente para confirmar que es un miembro indispensable y confiable del bloque constitucionalista. Miembro este cuyas tácticas se pueden discutir y criticar fraternalmente, sin adoptar desdeñosos aires de superioridad.

Fuego amigo

Aquí es, precisamente, donde se nos presenta una de las muchas oportunidades para marcar diferencias con los totalitarios, siempre celosos custodios de sus ortodoxias.

Ciudadanos es un partido político, con todo lo que ello conlleva en el campo del pragmatismo y la adaptación a las circunstancias del entorno social. No es una orden monástica, obligada a obedecer el dogma, ni una célula revolucionaria atada a la disciplina ciega. Esta ductilidad explica por qué atrae las simpatías y los votos de millones de ciudadanos llegados del centro, la izquierda y la derecha, y por qué despierta el odio de los totalitarios que no se equivocan, repito, al verlo como un enemigo cargado de verdades demoledoras.

Es injusto que Ciudadanos tenga que soportar, además, el fuego amigo de quienes, desde otros think tanks del frente constitucionalista, difieren de algunos matices de su programa, pasado o presente. El frente constitucionalista debe cuidar como la niña de sus ojos la cohesión que puede convertirlo en la fuerza electoral mayoritaria. Lo cual no implica caer en el monolitismo acrítico, sino entablar un diálogo constructivo entre aliados para sumar inteligentemente lo compatible y marginar prudentemente lo conflictivo, por lo menos hasta que se haya sofocado la sublevación que atenta contra la soberanía y la integridad de España.

Los únicos interesados en sembrar cizaña entre los miembros del frente son los líderes del Leviatán totalitario, corroído actualmente por los enfrentamientos cainnitas entre las tribus sedientas de poder que lo componen. No los imitemos. Hacerles el juego sería insensato y suicida. Después ya tendremos tiempo para contrastar programas.

Género tarado

El aparato de propaganda totalitario se revuelve contra este adversario súbitamente crecido que es el frente constitucionalista plural y abandona el último vestigio de discreción para dar la voz de alarma con acentos tremendistas. "El alzamiento reaccionario" titula su artículo el gurú Enric Juliana (LV, 20/1/2019). Y el mismo día, el mismo diario, anuncia en su espectacular portada: "Mas y Montilla defienden la mayoría de izquierdas".

Tienen que estar muy desesperados los salvapatrias de pacotilla para conceder una extensa entrevista a este género tarado del cambalache catalán: un abusador del 3% desahuciado por la hez de su propia corte de los milagros, y un charnego al que humillaron públicamente los racistas cuando quiso acompañarlos en un desfile contra el Tribunal Constitucional, no obstante lo cual continúa actuando como siervo genuflexo de los amos que lo desprecian. Ambos conchabados con la quinta columna bolchevique, después de que esta purgara al menchevique Errejón. Sentencia solemnemente el antaño adulador de burgueses Artur Mas en la citada entrevista:

Para mí es mejor que en la política española haya una mayoría entre socialistas y Podemos, más allá de la figura del presidente.

Y lo repite hasta el hartazgo en toda la conversación, para que no queden dudas. Mientras el exhumado don nadie José Montilla confiesa su miedo a las urnas cuando afirma que si no se aprueba el presupuesto podría agotarse la legislatura antes del 2020, "y eso significa que la alternativa podría ser una mayoría de PP, Cs y Vox". ¿Elecciones? Vade retro! Los totalitarios les tienen alergia porque ya vislumbran esa mayoría que les dará la patada del adiós. Su recurso favorito es el referéndum trucado.

No se equivocan estos totalitarios cuando escupen calumnias contra todos y cada uno de los miembros del frente constitucionalista. Este es la barrera infranqueable para sus planes de dominación. A quienes procuramos ejercitar –hasta donde lo permiten nuestras debilidades humanas– la libertad de pensamiento, fuera de las jaulas de la corrección política y de las ortodoxias castradoras, nos asustan los totalitarismos pero no los cocos con que estos pretenden intimidarnos para que nos apartemos del recto camino de la racionalidad. Uno de estos cocos es Vox.

Cuestiones delicadas

Vox forma parte del frente constitucionalista, junto con Cs, el PP, la fracción todavía con sordina del PSOE opuesta a la traición del entreguista Pedro Sánchez y su escudero Miquel Iceta, y los cada vez más numerosos catalanistas de buena fe hartos de servir de instrumento a los conspiradores inescrupulosos que están desgarrando el tejido social y económico de su comunidad. Faena esta que ejecutan bajo la mirada cómplice del antieuropeo Stephen Bannon y el expansionista Vladimir Putin (Carles Puigdemont dixit en Komsomolskaia Pravda de Moscú).

Quien esto escribe, situado a años luz de la impronta confesional de Vox, valora la contribución que este partido puede hacer al frente. En primer lugar, obligando a aplicar con ecuanimidad y sin discriminaciones la mal llamada Ley de Violencia de Género, y combatiendo el rencor guerracivilista de la Ley de Memoria Histórica hasta sustituirla por una Ley de Concordia. En segundo lugar, perseverando sin complejos en la defensa del modelo republicano francés que elimina los privilegios regionales heredados de la Edad Media. Y en tercer lugar, abriendo sin inhibiciones un debate científico y no ideológico sobre la adopción en las parejas homosexuales y la separación por sexos en la escuela, enfocados ambos asuntos desde el punto de vista del bienestar y la educación de las nuevas generaciones para asegurar su futuro y no desde el de los caprichos de colectivos muy estridentes pero minoritarios. Escuchemos lo que opinan los especialistas en ciencias de la educación, los psicólogos y los pediatras, nos guste o no, y obremos en consecuencia.

Ciclo regenerador

Son cuestiones delicadas y controvertidas con un final abierto, que un liberal debe abordar sin prejuicios, y a las que añadirá, de su cosecha, polemizando civilizadamente con los aliados conservadores, la muy demorada ley de eutanasia y suicidio asistido, que solo se aplicará a las personas que manifiesten libre y explícitamente su voluntad de acogerse a ella.

Andalucía marca el comienzo del ciclo regenerador. Del patriotismo cívico de los miembros del frente constitucionalista, despojados de rémoras narcisistas, depende que dicho ciclo se complete en las elecciones del 26 de mayo. Si no cumplen con este deber, apaga y vámonos.

PS: Escribe el belicoso Jordi Borja i Permanyer ("Un pasado incómodo", LV, 23/1):

El nuevo Gobierno andaluz ha anunciado la sustitución de la vieja ley [de Memoria Histórica] por una nueva llamada "de concordia", que busca "cerrar las heridas". Ya sabemos bastante bien cómo la derecha española acostumbra a cerrar las heridas del pasado: evitando que se hable,, prohibiendo que se investigue y dificultando que se divulgue.

El mismo día escribe el sensato Lluís Foix ("Puigdemont, Rusia y la UE"):

Francia y Alemania renovaron el miércoles el tratado bilateral que fue sellado en el Elíseo en 1963 por el general De Gaulle y el canciller Adenauer. Enterraron tres guerras sucesivas en 75 años con decenas de millones de muertos en ambos bandos. Dijeron basta y pusieron en práctica algo tan elemental como que la paz siempre se alcanza entre viejos e irreconciliables enemigos.

¿De Gaulle, Adenauer, Macron y Merkel, derechistas españoles?

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