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La trampa naranja

A VOX le plantean un “esto son lentejas” sin dar margen a negociar nada porque Albert Rivera quiere demostrar que no transige con nada que exija Vox.

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EFE

La naturaleza tramposa de lo acordado por Ciudadanos y PP en relación a la vigente legislación sobre violencia de género es, a estas alturas, evidente. Ciudadanos estaba radicalmente en contra de una legislación que es contraria al principio de presunción de inocencia y de igualdad de todos los españoles ante la ley. También lo estaba el PP. ¿Por qué pactan en Andalucía precisamente acomodarse a esa oprobiosa legislación? El propósito es poner una trampa a VOX. Si sus 12 diputados apoyan el acuerdo, se pondrá en evidencia que tienen hacia sus promesas electorales tan poco respeto como los demás. Y, aunque ya sabemos cómo son los demás, los electores de VOX pueden razonablemente esperar de sus representantes un comportamiento más acorde con lo prometido. Y si rechazan respaldarlo, además de ser acusados demagógicamente de amparar la violencia contra las mujeres, tendrán que responder por haber sido un obstáculo al cambio en Andalucía. Son muchas las voces, incluido un editorial de esta casa, que instan a Santiago Abascal a no hacer cuestión de gabinete de este asunto en aras del bien mayor que es echar de una vez al PSOE del Gobierno de Andalucía.

La cuestión no es tan sencilla. Para empezar, Ciudadanos y PP necesitan los votos de VOX y, sin embargo, no han querido negociar nada con él. No sólo, sino que han querido ponerle en la tesitura de tener que tragar con un punto que va frontalmente en contra de su programa cuando no había ninguna necesidad de incluirlo en el acuerdo. Lo dan por cerrado y a VOX le plantean un "esto son lentejas" sin dar margen a negociar nada porque Albert Rivera quiere demostrar que no transige con nada que exija VOX. Y aún hay una última cuestión más importante. VOX es un partido nuevo que se presenta ante sus potenciales electores defendiendo ideas que nadie incluye en sus programas pero que comparte con muchos españoles. Y promete defenderlas sin complejos. Y, sobre todo, se compromete a hacer lo que dice que hará en abierto contraste con el PP, que pidió los votos a la derecha con las ideas de la derecha para luego atenerse al programa de la izquierda. Traicionar desde el primer día uno de los puntales de su programa electoral, encuadrado dentro de la general exigencia, que ellos sólo hacen, de que la Constitución se cumpla en todo y no sólo en lo que a la izquierda y a los nacionalistas conviene, puede ser contraproducente. Esta traición, que los electores del PP, después de las muchas cometidas, podrían perdonar y que los de Ciudadanos, después de tantas vueltas y revueltas, podrían disculpar, quizá resultara decepcionante para los votantes de VOX.

¿Entonces? ¿Forzar unas nuevas elecciones en las que la izquierda podría estar mucho más movilizada de lo que lo estuvo el 2 de diciembre? La política es el arte de lo posible, pero a veces los principios deben imponerse a lo pragmático. Lo difícil es saber cuándo ha de ser así, y si ésta es una de esas ocasiones.

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