Menú
EEUU

Hillary no puede estar en misa y repicando

Preocupada por que el izquierdista Tren Demócrata de la Paz pueda estar abandonando la estación sin ella, Hillary Clinton busca hacerse un sitio distanciándose de su apoyo bélico, cuidadosamente fabricado, a la guerra de Irak. Pero no puede unirse a la izquierda en cuerpo y alma porque aún necesita mostrar lo dura que es en materia de seguridad nacional, así que está intentando construir su propia “tercera vía” en lo referido a Irak.

0
Todo lo que ha logrado, no obstante, es hacer peligrar su posición, atascarla, pero sin convencer a nadie, a derecha o izquierda.
 
Hillary se hizo halcón al principio porque sabe que el principal obstáculo para una candidatura presidencial femenina es la cuestión de que, para ambos sexos, un hombre puede ser mejor manejando asuntos como la defensa nacional o la seguridad. Para tener una posibilidad realista de alcanzar la Casa Blanca, la Hillary Clinton de It takes a village [1] y la reforma sanitaria tiene que quedar atrás frente a la halcón, una encarnación americana de Margaret Thatcher, Golda Meir, Indira Gandhi y similares.
 
Como para subrayar la idea, sus amigos y ayudantes han trabajado junto con los partidarios de Hillary en la ABC para crear el programa semanal 'Comandante en Jefe', retrato de una presidenta parecida a Hillary que capea con éxito asuntos relacionados con la seguridad nacional.
 
Pero su estrategia a largo plazo de colocarse como halcón choca cada vez más con el ímpetu creciente que está cobrando en la izquierda la oposición a la guerra de Irak. El año que viene Hillary debe afrontar la batalla de las primarias para el Senado contra la extrema izquierda del estado de Nueva York, y no es difícil prever a un Al Gore o a un revitalizado John Kerry desafiándola desde la izquierda en 2008.
 
Como ocurrió en los años 60, emerge una nueva izquierda en torno a la oposición a la guerra que deja atrás y aplasta a los izquierdistas de viejo cuño que apoyan la invasión. Hillary podría ser marginada en 2008, igual que lo fue Hubert Humphrey en 1968, y está decidida a impedirlo.

Así que tiene que calcular cómo hacerse la cama y, también, cómo acostarse en ella; cómo apaciguar la creciente furia de la izquierda al tiempo que refuerza su imagen de dura en materia de seguridad nacional.
 
Bill y Hillary Clinton.Lo que dificulta esta tarea aún más es la tendencia de Hillary a convertirse en una fiel devota tan pronto se cruza un gurú en su camino. Igual que se tragó –con cebo, caña y anzuelo– la visión socialista fabiana del Ira Magaziner sobre la reforma sanitaria, puede que esté cayendo bajo la influencia de hombres uniformados que se dirigen a ella por medio de la plataforma del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado.
 
Después de todo, Hillary no es, en absoluto, el oportunista de Bill [Clinton]: él cambia con el viento; ella se empecina a menudo en una postura, y se necesita un huracán para disuadirla.
 
Pero su radar político –y el de Bill– le ha llevado a comenzar a moverse hacia la izquierda, metiéndose, así, en camisa de once varas. Dice "asumir la responsabilidad" de su voto en favor de la guerra, pero insiste en que fue engañada por una mala información de inteligencia, y en que el Congreso –y, presumiblemente, ella misma– no habría autorizado la guerra si hubiera sabido entonces lo que sabe ahora.
 
Aun así, declara que no debemos ni retirarnos ni fijar un calendario para hacerlo, puesto que tal política invitaría a los terroristas a esperar hasta que nos fuéramos para volver al poder. Sin embargo, retoca su postura sosteniendo que deberíamos decir que nos iremos con el tiempo, y que deberíamos articular los objetivos que deberían lograrse para poder hacerlo.
 
Esto es un pretzel [2] político digno del contorsionismo practicado por su marido ante cuestiones difíciles.
 
Pero no engañará a nadie. La derecha sabe que, en el mejor de los casos, es un aliado no fiable; en el peor, uno deshonesto. La izquierda no aceptará nada por debajo de su total oposición a la guerra. Y probablemente nuestras tropas sobre el terreno –y sus familiares– no encontrarán gran consuelo en saber que la senadora Clinton quiere que arriesguen sus vidas por un error.
 
Por otra parte, George Bush no va a solucionarle el problema saliendo pronto de la guerra. No importa lo que diga la opinión pública: está decidido a quedarse en Irak hasta que el Gobierno elegido democráticamente pueda ocuparse de los terroristas. Como comandante en jefe (el verdadero, no Geena Davis), puede obrar como le parezca. El Congreso no se dispone a suspender la financiación, ahora o en el futuro, y Bush puede quedarse en Irak hasta el final de su mandato, si es necesario.
 
Así que, ¿qué va a hacer Hillary?
 
 
Dick Morris fue consejero del presidente Clinton.


[1] Título de uno de sus libros.
[2] Tipo de galleta salada de formas enmarañadas.
0
comentarios

Servicios

Máster EXE: Digital Marketing & Innovation