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Pablusconi, Pablostini y la muerte de Lara

La marcha de Podemos ha demostrado que su poder no está en la calle sino en los medios.

Federico Jiménez Losantos
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El sábado tuvieron lugar dos acontecimientos que, en principio, no parecen tener nada que ver pero que, sin embargo, están íntimamente relacionados, y que podrían cambiar decisivamente el panorama político español, en este 2015 abocado a todas las volteretas, carambolas y sustos institucionales. El primero fue la marcha sobre Madrid de Podemos, pequeño fracaso o éxito mediocre según los diversos cronistas y valoradores, pero en el que sobre la constatación de que Podemos sigue siendo una masa informe de extrema izquierda sin más programa de gobierno que el de "okupar" la Moncloa y echar a los inquilinos de la Zarzuela, su ayatolá o caudillo Pablo Iglesias hizo un discurso deshilvanado como suyo, pero proclamando una novedad esencial: la Patria, entiéndase por ella España, es suya, y Don Quijote es él. Mal estaría España presidida por un loco, pero Iglesias buscaba una música que legitimara su ambición monclovita y eso, ay, le obliga a patriotizarse.

¿Dos de mayo y ni una bandera nacional?

En esa línea de identificación de Podemos con la soberanía popular y nacional españolas, Iglesias también se proclamó heredero legítimo nada menos que del 2 de mayo, en el que una pequeña parte del pueblo y del Ejército se alzaron contra Napoleón y murieron abrazados a la bandera nacional, roja y amarilla, que ni uno solo de los manifestantes de Podemos, fueran cincuenta o cien mil, enarbolaba. ¿Cómo puede pasar Iglesias por el capitán Daoíz, Monedero por el capitán Velarde y Errejón por el teniente Ruiz, si ninguno de ellos lleva la bandera por la que murieron y con la que fueron enterrados tantos mártires de la Guerra de la Independencia, amén de los padres de la nación española como sujeto político, registrada así en la Constitución de Cádiz: "La nación española es libre e independiente y no puede ser propiedad de ninguna familia ni persona"? ¿Cómo va a defender la patria española ese Iglesias que decía del himno y la bandera nacionales, acuñados en tiempos de Carlos III, que son "cosa fachosa y posfranquista"? ¿Cómo pretende Errejón que vote a Podemos gente que lo ha hecho al PP y al PSOE si su única bandera es la de la II República, que tan poco tiempo y tan sangrientamente, lo ha sido de España, y aun ése oficial, no realmente?

Y sin embargo, el discurso para llegar al Poder de Iglesias carece de ese elemento esencial de legitimidad que es la idea nacional española, de la que él, por lo visto y leído pavorosamente ayuno de conocimientos históricos, tan estúpidamente ha abominado en herriko-tabernas y en foros pro-etarras. Yo no sabía que su padre había sido militante del FRAP, grupo de extrema izquierda fundado por el agente soviético Álvarez del Vayo, el jefe de los comisarios políticos en el Ejército Popular de la República y al que socialistas y anarquistas consideran máximo responsable de tantos asesinatos por la espalda como perpetraron los comunistas de Stalin –no se salvaran los comunistas del POUM, depurados por Vayo y calumniados por Bergamín- en el bando rojo.

Pedro Jota contó en un libro, llevado al cine y pronto olvidado la tristísima historia de los últimos fusilados del FRAP, acusados de delitos de terrorismo, en las postrimerías del franquismo. Y aunque no sé nada de la peripecia política del padre de Iglesias -que debe de ser de mi edad, y tuvo menos suerte que yo, porque pasó por la cárcel- me asombra que Iglesias no haya visto que una revolución en España no podría triunfar más que a través de una república nacionalista española, en la que la bandera tricolor fuera, con todo respeto, archivada por la que ha sido, es y será la bandera nacional. Más de una vez he dicho en la radio que la suerte de España con Podemos es que no se acordaba del FRAP, ¡y resulta que Iglesias lo tenía en casa! Barrunto que, a partir de ahora, va recordarlo mucho más.

La muerte y la sucesión de Lara

La marcha de Podemos ha demostrado que su poder no está en la calle sino en los medios. En rigor, cabe decir que la marcha de Pablusconi, niño bonito de la Cuatro, ha coincidido con la incógnita sobre el futuro de Pablostini, héroe de la Sexta. Del futuro del gran conglomerado audiovisual conseguido por Mauricio Casals y Ansón para Lara, en el que destacan por sus efectos políticos Antena 3 TV, La Sexta (Planeta-Agostini) y Onda Cero, pende la suerte de Pablo Iglesias, este Quijote que no parece haber leído a Cervantes –no ha defendido nunca el derecho a escolarizarse en su lengua- y que odia la bandera de una patria de la que acaba de acordarse. Pero a la que pertenece y que aún podría llegar a pertenecerle. Con el PP en el Poder y el PSOE también en Babia, todo es posible en España. Hasta que ninguno de ellos tuviera nada previsto tras la muerte de José Manuel Lara.

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