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CRÓNICA NEGRA

Una tonta probabilidad

Los restos de naufragio del Ministerio de Igualdad que capitanea el delegado para la Violencia de Género informan de que el 25% de los crímenes machistas son por imitación. En la prensa amiga se publica esta noticia como sin darle importancia, en una columna de salida, yo diría que con cierto rubor. Hay una cosa peor que no hacer nada: hacer las cosas a medias. Si el 25% hay que apuntarlo a la imitación, ¿el 75% restante es puro vicio?

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Según el informe que ha estudiado supuestamente los 545 crímenes que dicen habidos entre el 2003 y 2010 –pues ya saben que, con respecto a las víctimas de género, las asociaciones feministas difieren de la contabilidad oficial–, hay una "concentración temporal de casos"; además, apunta: "Existe una probabilidad, que no puede ser atribuida al azar, de que un asesinato machista sea imitación de otro".

"Hay hombres que están pensando en actuar contra sus parejas, y al ver en las noticias que otra persona lo ha hecho deciden pasar a la acción", afirma Miguel Lorente, delegado del Gobierno contra la llamada Violencia de Género. Don Miguel es autor de un libro, Mi marido me pega lo normal, comienzo de su exitosa carrera en la represión de los asesinatos de mujeres, que desgraciadamente solo ha sido exitosa en un primer momento, digamos el momento del despegue o debut.

Después de algún año en el que han bajado algo los homicidios domésticos, las cifras han vuelto a tomar siniestra carrerilla: pueden ser ya 22 o 25 las víctimas mortales, y el delegado no puede hacer nada para que reducirlas, pero sí, sin embargo, teorizar con brillantez. Andan con esta teoría algo sobada por la que un cuarto de los asesinos son meros imitadores, pero don Miguel, el desaparecido Ministerio de Igualdad y el actual de Sanidad y Política Social ignoran cuál es la razón por la que se cometen las tres cuartas partes restantes. Así que deme cuarto y mitad de maltratador.

Lorente es médico forense, es decir, se dedica a examinar muertos o valorar traumas, a toro pasado. Su especialidad no es la prevención, ni la lucha contra el delito. Siendo así, a menos que hiciera surgir por arte de magia una teoría innovadora, no tendría nada que decir mientras el mapa se cubre de sangre. Ese mapa que el Ministerio del Interior trata de mantener lo más limpio posible, mediante un hábil recuento de cifras.

El problema de los homicidios de género lo tiene mal diagnosticado el Gobierno, que cree que es un fenómeno criminal nuevo, una especie de síndrome social de Violencia de Género, descubierto por el socialismo rampante. Pero la realidad obvia es otra. Fuera de la utilización política, la violencia doméstica es delincuencia común. Un maltratador no es un militante de una ideología derechona llamada machismo, sino un delincuente. Y los hay de derechas e izquierdas. Algunos han ocupado altos cargos de partidos políticos e incluso puestos de relieve en agrupaciones sindicales. Por lo mismo que hay ladrones y delincuentes con placa entre las fuerzas del orden.

Dice el ministerio en su nota que "tras un crimen de género hay 1,67 posibilidades más de que se produzca otro", lo cual no solo es irrelevante, sino plenamente ridículo para maximizar una posibilidad convirtiéndola en un indicio científico. Lo dicho: si no sabes de lo que hablas, invéntalo.

Hace tiempo que las fuerzas políticas han perdido el liderazgo en la lucha contra la violencia sufrida por mujeres. En España, la mujer es la víctima principal de todos los delitos, y, por supuesto, de los que cometen sus ex parejas delincuentes. Dado que el asunto está mal diagnosticado, lo que se precisa es empezar de nuevo. Todos a la casilla de salida.

Si hay menos de dos posibilidades de que después de un crimen se cometa otro, la cosa va bien. Lo que hay que hacer ahora es trabajar en el entorno del maltratador para que deje de forzarle a actuar. Una vez cortado esa cordada, el maltratador cae por su peso. En general son personas confusas, capaces de protagonizar un suicidio tras un asesinato. Gente de la que hay que ocuparse, dada su inestabilidad mental.

Primero, pues, diagnóstico; segundo, lo contrario que deja ver la andanada del Gobierno: si los crímenes se deben al efecto imitación y si cada vez que se publica un crimen hay nada menos que 1, 67 posibilidades más de que se produzca otro, la conclusión no es como le gustaría a los que difunden esto, que los crímenes no se publiquen, con lo cual dejarían de existir, sino por el contrario, luz y taquígrafos, y campaña de mentalización. El maltratador no es digno de vivir en sociedad, no puede habitar entre nosotros. Debe reformarse y comprometerse.

El asesinato de la pareja no resuelve nada y complica todo. Se hace daño a los padres, los familiares, los seres queridos. Se deja desprotegidos a los hijos, si los hay. En fin, que es una soberana estupidez estarse agazapado esperando a que alguien mate a su mujer para dar curso a los propios sentimientos malsanos. Además es una pérdida de tiempo, y por ese camino solo se consigue distraer a las víctimas, que así pueden llegar a ser todavía más vulnerables.

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