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Que Dios bendiga la Constitución americana

El único problema de Obama lo puede causar él, si él, y nadie más que él, decide incumplir su obligación constitucional de pagar la deuda.

GEES
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El padre fundador James Madison expuso en El Federalista la división de poderes. Pero el día en que lo explicaron a los editores de la revista jurídica de la Facultad de Derecho de Harvard, Obama estaba distraído haciendo de organizador comunitario.

Barry, esto funciona así: el Parlamento, llamado Congreso y formado por la Cámara de Representantes y el Senado, aprueba el gasto y determina lo que se puede pedir prestado. El presidente lo ejecuta. Los pesos y contrapesos garantizan que las ambiciones humanas se pongan al servicio del pueblo en un mecanismo tan perfecto que no sólo va a sobrevivir la colección de trolas que ensartaste en tu discurso del martes, sino que puede ser el principio del fin de la huida hacia delante del gasto público.

La Cámara de Representantes, dominada por republicanos, ofrece un comité negociador con el Senado, controlado por demócratas, para aprobar un presupuesto reductor del Estado del Bienestar. El Senado quiere autorizar el endeudamiento hasta las elecciones parlamentarias de 2014. Y Obama quiere seguir pidiendo prestado y reabrir la Administración porque sí.

Para lograrlo, no dudó en aplastar el acelerador demagógico insultando al Legislativo y amenazando, como en 2011, durante la anterior discusión sobre el techo de la deuda, con todos los males del infierno. El cinismo del presidente, que equiparó a la mayoría republicana de la Cámara de Representantes con una banda de secuestradores, es tanto más evidente cuanto que, siendo senador, se opuso por dos veces, en septiembre de 2007 y en marzo de 2006, a incrementar el techo de la deuda.

Pero en 2011 no se acabó el mundo, sino que la falta de acuerdo puso en marcha el compromiso de recortes generalizados en gasto discrecional (lo que no es Estado del Bienestar), haciendo de Obama el campeón del mundo de reducción del déficit. Superaba el 10% y la insistencia del Congreso lo dejó en el 5,7%. Lo peor que puede suceder ahora, a pesar de la espuma que echa el presidente por la boca, y van ya unas cuantas veces que Pedro/Obama amenaza con el lobo del abismo fiscal y otros males insuperables como el del cierre de la Administración, es que siga sin pasar nada y se reduzca el gasto.

Pero mientras no haya acuerdo el presidente debe limitarse a cumplir la ley. La 14ª enmienda le obliga a pagar primero el principal y los intereses de la deuda, lo que impide una quiebra en sentido estricto. Estos pagos se pueden cubrir ampliamente con lo recaudado en impuestos. El único problema de Obama lo puede causar él, si él, y nadie más que él, decide incumplir su obligación constitucional de pagar la deuda.

Así que los afanes totalitarios del presidente han sido cortados por el sistema político de la primera Constitución escrita del planeta. Podrá Obama hacer discursos denunciando secuestros e imaginarias armas nucleares, pero no puede convertirse en un tirano. Que Dios bendiga la Constitución de los Estados Unidos de América.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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