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GUERRA CIVIL

El golpe contra el Gobierno comunista de Negrín

La guerra civil acabó como empezó: un sector del ejército, apoyado por civiles, se sublevó contra un Gobierno revolucionario. En marzo de 1939, el golpe, contra el Gobierno de Negrín, lo dirigieron el general Miaja, el coronel Casado y el exdiputado socialista Julián Besteiro.

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El 26 de enero las tropas nacionales, mandadas por el general Juan Yagüe, entraron en Barcelona. El presidente de la República, Manuel Azaña, y el presidente del Gobierno, Juan Negrín, junto con Lluís Companys y José Antonio Aguirre, escaparon a Francia. En los primeros días de febrero se sublevó un grupo de personas en la isla de Menorca, controlada por el Frente Popular desde julio de 1936, y el 9 desembarcó en ella un convoy que había zarpado de Tarragona. El día 11, el ejército de Francisco Franco alcanzó la frontera catalana, y el 26 los Gobiernos de Francia y el Reino Unido retiraron su reconocimiento diplomático a la República y se lo concedieron a la España nacional.

Azaña dimitió y permaneció en Francia hasta su muerte, que ocurrió en noviembre de 1940. Juan Negrín, socialista, regresó a España y, respaldado por los comunistas, trató de mantener la resistencia en la zona centro hasta que estallase la guerra en Europa: entonces, según sus cálculos, las democracias le ayudarían. Disponía de 500.000 soldados y de la mayor parte de la escuadra –en Cartagena–, amén de una policía política implacable. Sin embargo, la mayoría de los españoles que quedaban bajo su puño no estaban dispuestos a sacrificarse.

Posición Yuste y Posición Dakar

El Gobierno de Negrín se instaló en los pueblos de Petrel y Elda (Alicante); su sede recibió el nombre en clave de Posición Yuste. Por lo que hace al Buró del PCE, se instaló en un chalé en Elda: era la denominada Posición Dakar. Muy cerca de Negrín, sus ministros y los comunistas estaba el aeropuerto militar de Monóvar, desde el que podrían huir fácilmente... como de hecho acabaron haciendo.

Para asegurarse la obediencia de las fuerzas bajo su mando, Negrín planeó una serie de nombramientos militares de militantes comunistas. En Cartagena, la resistencia de los anarquistas al nombramiento del teniente coronel comunista Francisco Galán como jefe de la base supuso que el Gobierno enviase a la 206ª Brigada Mixta, comunista, para deshacerla. El 3 de marzo se sublevaron la flota y sus dotaciones, que zarparon con destino a Bizerta (Túnez): tres cruceros, ocho destructores y otras unidades menores.

Después de este desastre, el 5 de marzo se produjo en Madrid la rebelión del coronel Segismundo Casado –militar profesional que mandaba el Ejército del Centro–, junto con el general Miaja y el socialista Julián Besteiro, ex secretario general de la UGT. Todos ellos se refugiaron en el edificio del Ministerio de Hacienda, junto a la Puerta del Sol, para resistir un probable ataque comunista.

Se constituyó un Consejo Nacional de Defensa para negociar con los franquistas y agrupar a todos los enemigos de los comunistas y sus compañeros de viaje. Presidencia: general José Miaja; Defensa: coronel Segismundo Casado; Estado: Julián Besteiro (PSOE); Hacienda: González Marín (CNT); Gobernación: Wenceslao Carrillo –padre de Santiago Carrillo– (PSOE); Justicia: Miguel San Andrés (Izquierda Republicana); Instrucción Pública: José del Río (Unión Republicana); Comunicaciones: Eduardo del Val (CNT); Trabajo: Antonio Pérez (UGT).

Los discursos del Consejo

Los cabecillas del golpe contra Negrín hablaron por Unión Radio, hoy SER.

Julián Besteiro acusó a Negrín de buscar la muerte de más españoles:

El Gobierno Negrín, con sus veladuras de la verdad, con sus verdades a medias y con sus propuestas capciosas, no puede aspirar a otra cosa que a ganar tiempo, tiempo que es perdido para el interés de la masa ciudadana, combatiente y no combatiente. Y esta política de aplazamiento no puede tener otra finalidad que alimentar la morbosa creencia de que la complicación de la vida internacional permita desencadenar una catástrofe de proporciones universales, en la cual, juntamente con nosotros, perecerían las masas proletarias de muchas naciones del mundo.

Cipriano Mera acusó de traidor a Negrín:

Durante las últimas veinticuatro horas ha sucedido todo lo que puede suceder donde hay gobernantes traidores a sus promesas, a su pueblo y a todos los principios ideológicos y morales. Esto nos ha creado una situación delicada, ante la cual, este militar que os habla con la emoción que le produce el recuerdo de su vida austera y dura de trabajador manual, piensa que sólo se puede servir disciplinadamente a quien sirve a su Patria y que es indispensable enfrentarse con quien la roba, la vende o la traiciona. Las tres cosas ha hecho, como gobernante perjuro y desaprensivo, el doctor Negrín, y Cipriano Mera, albañil ayer y hoy uno de los Jefes del Ejército del Centro, pero siempre leal hijo del pueblo, al pueblo debe y quiere defender.

Por su parte, Segismundo Casado se dirigió a los españoles de la zona nacional, a la que calificó de "zona invadida" por alemanes e italianos:

O todos nos salvamos, o todos nos hundimos en la exterminación y el oprobio. Nuestra suerte está echada y sólo depende de nosotros mismos el salir del trance difícil, por nuestra voluntad y nuestra resolución común. Escoged, españoles de la zona invadida, entre los extranjeros y los compatriotas. Entre la libertad fecunda y la ruinosa esclavitud; entre la paz y el provecho de España o la guerra al servicio de la locura imperialista. En nuestra zona no hay extranjeros. Para que el carácter de nuestra lucha no quede en dudas mal intencionadas, hemos prescindido de la ayuda que quisieron prestarnos algunos hombres de diversos países sin intervención de ningún Estado. Sólo españoles hay en nuestro Ejército... Volved los ojos al interés patriótico. La mirada en España. Es esto lo que nos importa como base de cualquier aspiración que lícitamente podamos tener.

Huida de los comunistas

En pocas horas estalló una guerra civil dentro de la guerra civil que se prolongaba desde 1936: unidades del PCE atacaron el Consejo y las tropas que lo protegían. En Madrid se desplegaron tanques en la Castellana, el Prado y la calle de Alcalá; el 8 de marzo llegaron refuerzos anarquistas, y el 10 el Consejo controlaba la ciudad. El número de muertos de la batalla rondó los 2.000, con fusilamientos de prisioneros por ambas partes.

El 6 de marzo Negrín, sus ministros y los caciques del PCE, como La Pasionaria, huyeron de España en aviones que despegaron de Monóvar.

Durante los siguientes días, el mando del bando nacional detuvo las operaciones militares. Los intentos de negociar una rendición pactada fueron rechazados por los nacionales, como comunicaron el 23 de marzo los coroneles José Ungría y Gonzalo Vitoria a los negociadores enviados por Casado a Burgos, los coroneles Garijo y Ortega. Se ofrecía salvoconductos para marcharse a quienes no hubieran cometido asesinatos, benevolencia para los inocentes y juicios para los responsables de delitos.

El proyecto del Consejo se deshizo debido a las negativas del general Franco y a la caída de la moral de la tropa: muchos soldados y oficiales abandonaban sus posiciones y se rendían a los nacionales.

Al final, los miembros del Consejo también huyeron, todos salvo Julián Besteiro, que fue encarcelado en la prisión de Porlier y, después de un juicio patético, en Carmona, donde falleció en 1940.

¿Y si Negrín hubiese resistido?

Los historiadores prorrepublicanos, encabezados por el funcionario franquista Ángel Viñas, sostienen que la idea de Negrín era factible y que la Segunda Guerra Mundial, que estalló el 1 de septiembre de 1939, le dio la razón.

Sin embargo, esos historiadores olvidan que el 23 de agosto se firmó una alianza militar y política entre la Alemania nacional-socialista y la URSS comunista, por la cual ambos países invadieron Polonia en septiembre. Siguiendo órdenes de Moscú, los comunistas franceses sabotearon el esfuerzo bélico de su Gobierno e incluso colaboraron con el ocupante, hasta que Adolf Hitler atacó a la patria del proletariado.

¿En qué situación habría quedado Negrín si hubiese aguantado hasta entonces? ¿Se habrían retirado Líster, La Pasionaria, El Campesino y Santiago Carrillo de la guerra y, así, le habrían abandonado? A la vista de cómo se comportó Stalin en los meses siguientes (guerra de agresión contra Polonia y Finlandia, anexión de Lituania, Letonia, Estonia y Besarabia, suministro de materias primas a Alemania, etcétera), habría sido lo esperable.

La conclusión de la sublevación de Casado es que la guerra acabó igual que como empezó: con la rebelión de una parte del Ejército y los partidos políticos contra un Gobierno considerado revolucionario.

Si Segismundo Casado y sus camaradas hubieran hecho en julio de 1936 lo mismo que hicieron en marzo de 1939, ¿cuántas vidas y cuántas destrucciones se habría ahorrado España?

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