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ASUNTOS EXTERIORES

Basura progresista

Prefiero Salsa Rosa a un telediario cualquiera, de cualquier cadena, en el que los matones de Sadam resultan ser resistentes, los terroristas palestinos héroes de un ejército de liberación y las víctimas israelíes o norteamericanas (las víctimas árabes o iraquíes ni siquiera existen) algo menos que despojos humanos, simples fascistas.

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La cadena de televisión CBS canceló a principios de noviembre la emisión de The Reagans, una miniserie dedicada a caricaturizar la figura, la historia y la familia del ex presidente norteamericano. Como no podía ser menos, los medios de comunicación españoles han explicado el aplazamiento de la emisión de esta parodia como la consecuencia de una “agresiva” campaña de los sectores más conservadores. En pocas palabras: vuelve la censura.
 
A ningún medio de comunicación español que ha comentado la noticia se le ha ocurrido pensar algo mucho más sencillo. Y es que los norteamericanos respetan a su presidente, que no quieren verlo puesto en ridículo y que la CBS ha evitado un patinazo que le habría costado prestigio y audiencia y dinero. No hay ninguna conspiración. Es que el público ha dejado de sentir respeto por las imbecilidades progresistas, cambia de canal cuando huele alguna y, más aún, le empieza a gustar que se rían del progresismo.
 
Un excelente ensayo de Brian C. Anderson, titulado “Ganar la guerra cultural” publicado en el City Journal y difundido por Front Page Magazine (frontpagemag.com), aclara la situación. Anderson se refiere primero al éxito de las cadenas de cable como FOX. FOX arrancó con 17 millones de hogares como audiencia en 1996 (CNN llegaba a 70). En 2001 llegaba a 65 millones. En junio de 2003 los telediarios de FOX conseguían el 51% de la audiencia, más que CNN, CNN Heading News y MSNBC juntos. Los presentadores de FOX han desbancado en popularidad a los de CNN y, por si alguien ha tenido alguna ocurrencia, la propia CNN admite que FOX no sólo alcanza al público de entre 25 y 54 años. También el público de en torno a los 18 años se siente más identificada con FOX.
 
La razón es bien simple. El patriotismo de FOX, su empeño en ofrecer diversos puntos de vista sobre la noticia y su honradez profesional, que le lleva a llamar a un asesino terrorista un asesino terrorista y no un resistente, y a un atentado un atentado, y no un acto de resistencia, ha calado en una audiencia que ya no se traga las ruedas de molino que le cuentan las cadenas progresistas, multiculturales y políticamente correctas, es decir antinorteamericanas y anticapitalistas como CNN y compañía.
 
Anderson da más ejemplos. La serie de dibujos animados South Park, bien conocida por la brutalidad de su lenguaje y la grosería de sus situaciones, tiene por blanco muy principal de su sátira salvaje el catecismo progresista. Los libros que se alejan de la cómoda senda del progresismo bienpensante están conociendo desde hace dos años un éxito impensable hace diez, cuando simplemente no existían o resultaban censurados o ninguneados. Anderson también se refiere al éxito de series de televisión como Los Soprano o Six Feet Under (A dos metros bajo el suelo), que plantean una problemática adulta y colocan a sus protagonistas frente a dilemas éticos serios, sin disimular las consecuencias —morales— de los actos que cometen. También podía haber hablado de CSI Las Vegas, cuyo protagonista, hace poco tiempo, se declaró partidario de la pena de muerte.
 
Como no podía ser menos, Anderson habla de la enorme importancia que para este renacimiento del pensamiento no progresista ha tenido internet. En vista de los bajos costes, internet ha permitido la aparición de una gigantesca corriente de opiniones y trabajos alternativos. Su vitalidad y la libertad que permite es probablemente la base de todo lo demás, y lo que ha empezado a cambiar los datos y el funcionamiento del mercado.
 
En lengua española tenemos también algunos ejemplos, como el de Libertad Digital, la COPE en la radio y libros como los de Pío Moa. Pero todavía no hemos llegado al punto en que ya ha llegado a Estados Unidos. Y sin embargo, la crisis de público está ahí. Es curioso que las cadenas de televisión estén presas en una disyuntiva: o progresismo o programas basura. A mí los programas de telebasura me parecen más respetables que los informativos progresistas.
 
Prefiero Salsa Rosa a un telediario cualquiera, de cualquier cadena, en el que los matones de Sadam resultan ser resistentes, los terroristas palestinos héroes de un ejército de liberación y las víctimas israelíes o norteamericanas (las víctimas árabes o iraquíes ni siquiera existen) algo menos que despojos humanos, simples fascistas. Al lado de cualquier reportero/a o presentador/a capaz de decir sin inmutarse bestialidades como esas, la familia Pajares es un modelo de ética profesional.
 
Aun así, es una disyuntiva absurda. Si la información y los reportajes respondieran a criterios de actualidad, capaces de conectar con la realidad, y por supuesto independientes de las estupideces y las mentiras que enseñan en las universidades españolas (las de historia, ciencias políticas, sociología o ciencias de la información, entre otras), es seguro que las televisiones, las radios y los periódicos habrían alcanzado un éxito de público importante. Y no hablo sólo del enfoque ideológico. Hablo de la simple capacidad para aproximarse a la realidad.
 
No conozco ni un solo reportaje ni un solo programa de televisión que haya sido capaz de hablar con seriedad y rigor, en todos estos años, de la inmigración, de los cambios en la familia, de los derechos de autor, de las empresas de internet, de internet como red de información… Piense usted en cualquiera de los cambios que hemos vivido en estos últimos diez o veinte años. Y piense a continuación si lo ha visto tratado en televisión una sola vez con un mínimo de rigor y de seriedad.
 
Una última apostilla. Buena parte de este nuevo mercado es conservadora. Otra parte muy importante no lo es. Quiere que le cuenten la verdad y que le ofrezcan instrumentos de análisis consistentes. Como dice Matt Stone, 32 años y creador de South Park: “Odio a los conservadores, pero los progresistas me joden”.
 
 
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