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MUNDO ISLÁMICO

El caso Taha y los musulmanes moderados

No es extraño que en las discusiones acerca del Islam y de su persistente recurso a la violencia salga a relucir, como prueba de lo contrario, la existencia del sufismo. En la versión del sufismo más extendida en Occidente, éste pasaría por ser la vía mística del Islam, un Islam preocupado por lo espiritual, y por tanto pacífico e inofensivo, que mostraría la posibilidad de que dicha religión conviva con las demás sin violencia ni opresión.

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También parece, por otra parte, que los poderosos Hermanos Musulmanes han emprendido una operación de lavado de imagen, por lo que no es infrecuente encontrar artículos y entrevistas en los que se presentan como una especie de democristianos musulmanes. Por desgracia, algunos hechos recientes vienen a desmentir estas apreciaciones.
 
La Junta islamista que gobierna Sudán es uno de los regímenes más despóticos y agresivos que existen en el mundo islámico. En el poder desde 1983, la guerra que ha conducido contra la población negra, cristiana y animista, del sur del país se ha cobrado la vida de cientos de miles de personas, a lo que habría que añadir el genocidio que se está perpetrando en la región de Darfur.
 
El régimen es estrictamente islamista, y la sharia está en vigor hasta en el más nimio de los detalles.
 
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El pasado 4 de septiembre Mohamed Ahmed Mohamed Taha, un destacado periodista alineado con el régimen, fue secuestrado. Su cuerpo apareció posteriormente decapitado. ¿Qué es lo que sucedió?
 
Ahmed era, sin lugar a dudas, un islamista: fundador del Frente Islámico Nacional que estableció el régimen actual y cercano a los Hermanos Musulmanes sudaneses, era al mismo tiempo redactor jefe del diario Al Wifaq. Mantenía una línea islamista, aunque se permitía criticar algunas medidas y llegó a cuestionar las tácticas empleadas en el sur del país. El año pasado dio un paso en falso que ahora podemos decir le ha costado la vida: permitió la publicación de un artículo en el que se cuestionaban algunas de las creencias más extendidas acerca del linaje de Mahoma.
 
Yusuf al Qaradaui.De poco le serviría afirmar públicamente que no compartía las tesis de ese escrito y pedir disculpas por su decisión; miles de islamistas pidieron en Jartum su muerte, como reo de apostasía y blasfemia.
 
Ahmed tuvo que enfrentarse a dos importantes corrientes que pedían su muerte: los Hermanos Musulmanes y las comunidades sufíes. Sus antiguos compañeros de viaje de la Hermandad encontraron en su caso la posibilidad de poner cara y ojos a un crimen de reciente definición y que está llamado a tener un próspero futuro: la "apostasía intelectual". El emir de la Hermandad, el jeque Yusuf al Qaradaui, ha escrito recientemente que la intelectual es
 
un tipo de apostasía que se da entre gente que no declara explícitamente su increencia. Estos apóstatas son mucho más inteligentes y envuelven su apostasía con varias capas, introduciéndose sigilosamente en las mentes del mismo modo que un tumor maligno se desarrolla en el cuerpo. Estas gentes no son detectadas cuando empiezan a diseminar sus falsedades, pero se les nota cuando han llegado a afectar a las mentes. No usan armas para sus ataques, y a pesar de ello sus ataques son fieros y peligrosos. Esta apostasía está ante nuestros ojos cada día en diarios y libros, radios y programas de televisión, incluso en leyes que pretenden actuar sobre los asuntos de la gente.
 
Como podemos colegir a tenor de estas palabras, la visión, extendida entre muchos de nuestros expertos en Oriente Medio, de que los Hermanos Musulmanes son islamistas moderados no resiste el más mínimo análisis.
 
En cuanto a la comunidad sufí, se destacó por su petición, alta y clara, de muerte para Ahmed. Contra lo que pueda pensarse, los Hermanos Musulmanes no son la primera causa del establecimiento del régimen islamista en Sudán.
 
Osama ben Laden.Una porción muy significativa del islamismo radical local tiene sus raíces entre las comunidades sufíes, que por cierto desarrollaron estrechos lazos con Osama ben Laden durante su estancia en el país, allá por los años 90. De hecho hay muchos en Sudán que consideran a Ben Laden un seguidor de las doctrinas sufíes, con lo que quiebran la teoría que limita el "extremismo" islámico suní al wahabismo y al salafismo.
 
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El sufismo, como casi todo en el Islam, no es una doctrina homogénea. Claramente influido por el gnosticismo, el sufismo ha incorporado desde hace más de un milenio elementos que podemos designar como claramente panteístas. En múltiples ocasiones estas derivas acabaron en la heterodoxia más explícita: Abú Said, fallecido en 1049, llegó a prohibir a sus discípulos el cumplimiento del precepto que manda peregrinar a La Meca; y se llegaron a desarrollar grupos antinomistas que explícita y públicamente quebrantaban toda norma islámica, en una muestra de que, gracias a su relación directa con Dios, las habían superado.
 
Si no se puede negar esta tendencia, tampoco se puede ignorar que otra vía fue la representada por las cofradías sufíes, de amplio calado popular, que aunque mantienen ciertos elementos heterodoxos (como las peregrinaciones a las tumbas de los santones sufíes) se integran dentro del Islam ortodoxo, y cuyas estructuras organizativas las hace perfectas para sobrevivir en un ambiente hostil o para canalizar el activismo político.
 
No es de extrañar, pues, que durante la ocupación colonial por parte de las potencias occidentales las cofradías sufíes fueran uno de los elementos principales de resistencia a aquélla. Tuvieron especial incidencia en el norte de África (Abd al Kader, uno de los principales líderes de la revuelta argelina contra Francia, era sufí). Acabada la etapa de la lucha colonial, parece que las cofradías han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, en los que la lucha, en una vuelta más de tuerca, consiste en la imposición del islamismo radical.
 
En definitiva, la trágica muerte de Mohamed Ahmed pone de manifiesto las enormes dificultades, si no la imposibilidad, de una reforma desde el interior del propio Islam, al tiempo que evidencia la grave distorsión con que los medios y la opinión pública occidentales abordan la cuestión del islamismo. Ni los Hermanos Musulmanes son los moderados que se nos dice ni los sufíes son místicos incapaces de la más mínima violencia.
 
 
JORGE SOLEY, de la Universidad Abat Oliba CEU.
 
LIBERTAD DIGITAL agradece a la Fundación Burke el permiso para la publicación de este artículo.
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