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ASUNTOS EXTERIORES

Irak y la trampa socialista

Después de su campaña contra la intervención contra Sadam Husein, el Gobierno de Zapatero quiere mostrar ahora su disposición a comprometerse internacionalmente. El Partido Popular está a punto de caer en la trampa tendida por el PSOE si finalmente acepta respaldar la intervención de tropas españolas en Haití y en Afganistán sin exigir al mismo una rectificación de la posición española en Irak.

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La lista de las promesas incumplidas por los países que han protagonizado la intervención en Irak es larga. No se han organizado elecciones libres y democráticas. Irak no tiene una constitución definitiva. No se han llevado a cabo todas las inversiones prometidas y algunas, de hecho, están paralizadas. La población iraquí tiene cortes de luz muy frecuentes. En zonas muy importantes de Irak la seguridad es una ficción. No son elementos de propaganda antinorteamericana o antioccidental. Son hechos que todos los observadores están de acuerdo.
 
Es cierto que se ha devuelto la soberanía a Irak y que la autoridad provisional ha sido disuelta. Paul Bremer ya está en Washington, buscando un editor para sus memorias. Pero se ha dado la sensación de que el traspaso se ha realizado sin la solemnidad que requería. La ceremonia, celebrada con aires de clandestinidad, significaría el escaso éxito del proyecto en el que se inspiró la intervención en Irak, la construcción de una democracia en un gran país de Oriente.
 
También es verdad que la coalición ha conseguido el respaldo unánime de Naciones Unidas a su acción y un compromiso de la OTAN para colaborar en la empresa de reconstrucción de Irak. Pero eso mismo parece indicar la debilidad de Bush y Blair, y lo equivocada que estaba la estrategia de desmantelar el régimen de Sadam Hussein sin esperar el acuerdo de la llamada comunidad internacional.
 
Como, por otra parte, no se han encontrado armas de destrucción masiva y una comisión institucional norteamericana ha dictaminado que no ha hallado relación entre Sadam Husein y Al-Qaeda, ya hemos llegado a la conclusión que se buscaba desde un principio: la intervención fue o bien un error gigantesco, si es que de verdad se quería democratizar la zona y aumentar la seguridad en el mundo, o un puro despliegue de fuerza neoimperialista por parte de Estados Unidos.
 
Ese es el razonamiento que sostiene la posición del Gobierno socialista español cuando por una parte se niega a colaborar en la reconstrucción de Irak y, en cambio, ofrece su colaboración en Afganistán y en Haití. El Gobierno socialista quiere mostrar su disposición a comprometerse internacionalmente, pero salvando su posición radicalmente contraria a la intervención en Irak. En el fondo, intenta demostrar que quiere defender la democracia y la estabilidad en el mundo al tiempo que sugiere que el mayor enemigo de la democracia y la estabilidad ha sido y sigue siendo la actitud de Estados Unidos.
 
Se sobreentiende, claro está, la complicidad de quienes apoyaron la “aventura” en Irak por una pura demostración de poder, por delirios de grandeza, por seguidismo o por motivos inconfesables de ambición personal.
 
Esa es la trampa en la que está a punto de caer el Partido Popular si, como parece que está dispuesto a hacer, respalda la intervención de tropas españolas en Haití y en Afganistán sin exigir al mismo una rectificación de la posición española en Irak.
 
El Partido Popular no tiene por qué aceptar la propuesta envenenada que ha hecho el Gobierno del PSOE. Más bien debería esforzarse por demostrar que la intervención en Irak estuvo justificada y que hoy en Irak existen muchas más posibilidades para la libertad y la seguridad que los que existían en tiempos de Sadam Husein. No tiene por qué asumir una culpa que no le corresponde. Si el Partido Socialista quiere seguir defendiendo al neonazi Sadam Hussein, que por fin va a ser juzgado en su propio país, está en su perfecto derecho.
 
Además, en el Partido Popular se sabe que un fracaso en Irak significaría un retroceso histórico para la democracia. Si el proyecto de construir un régimen civilizado en Irak se viene abajo, cualquier intento de estabilizar modos de vida respetuosos con la libertad en los países musulmanes se vería condenado durante mucho tiempo, con consecuencias particularmente peligrosas para las propias democracias europeas.
 
Del Partido Socialista no se puede esperar nada. Llegó al gobierno gracias a un atentado que causó doscientos muertos y todo su esfuerzo consiste en hacer olvidar ese peso a la opinión pública. En parte se lo quitará de encima enviando tropas a Afganistán y a Haití. La suerte del pueblo iraquí le importa bien poco. Al contrario, le interesa un fracaso en Irak. Y si consigue que el Partido Popular haga suya la parte de culpa que supuestamente le corresponde en ese fracaso, ¿qué más puede pedir?
 
Por todo eso, el Partido Popular debería negarse a avalar el envío de tropas a cualquier lugar del mundo en tanto que el Gobierno del Partido Socialista no se muestre inequívocamente dispuesto a comprometerse a la construcción de un régimen democrático en Irak.

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