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MEDIO AMBIENTE

Katrina nada tuvo que ver con el calentamiento

Ha sido una verdadera tragedia lo ocurrido en Nueva Orleáns, la ciudad más bella de Estados Unidos. Allí viví durante siete años, allí me casé y allí nacieron mis hijos. Mi hija, su esposo y su bebé lograron salir de la ciudad antes de que quedara anegada; viajaron –catorce horas– a Texas con las pocas cosas que les cupieron en su automóvil. No tienen idea de lo que pasó con su casa, sus cosas, sus amigos, sus empleos y su estilo de vida.

James K. Glassman
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Por todo eso, me disgusta escuchar los comentarios de los extremistas del medio ambiente, quienes han decidido explotar al máximo la tragedia para conseguir apoyo a su fracasado Protocolo de Kioto, el cual incluye masivos recortes en el uso de energía para reducir en unas pocas décimas de grado el estimado de la temperatura de la Tierra dentro de cien años.
 
Katrina nada tuvo que ver con el calentamiento de la Tierra, sino con inmensas fuerzas de la naturaleza, que arremetieron antes en muchas ocasiones, y la imposibilidad humana de frenarlas.
 
Los grandes huracanes son raros, pero ni son nuevos ni están aumentando. Por el contrario, como se puede constatar en el sitio del Centro Nacional de Huracanes, la mayor cantidad de los más devastadores (categorías 3, 4 y 5) se registró en las décadas de los años 30, 40 y 50, con un promedio de nueve cada año. En los años 60 hubo seis, cuatro en los 70, cinco en los 80, cinco en los 90 y cuatro en los primeros cuatro años del nuevo siglo.
 
Pero eso no frena a Robert F. Kennedy (h) al escribir que "ahora nos estamos enterando de lo que probablemente cosecharemos con el torbellino de la dependencia de los combustibles provenientes de fósiles que el gobernador Barbour (del estado de Misisipí) y sus compinches promueven. Nuestra destructiva adicción a la guerra del Medio Oriente y, ahora, Katrina nos asoman el caos climático que estamos legando a nuestros hijos".
 
Jürgen Trittin.Por su parte, el ministro alemán de Medio Ambiente, Jürgen Trittin, escribió en una columna que "al descuidar la protección del medio ambiente, el presidente de EEUU cierra los ojos a los daños económicos y humanos provocados a su país y al mundo entero por catástrofes naturales como Katrina". Y añadió: "Cuando en el cuartel de los contaminadores del ambiente por fin se recupere la razón, la comunidad internacional tiene que estar preparada para entregar a los americanos una propuesta para la futura protección del clima mundial".
 
Trittin proseguía diciendo: "Hay un solo camino. Hay que reducir radicalmente los gases de invernadero, y eso no se ha hecho". En otras palabras, gracias a Katrina, ahora sí se va a cumplir con Kioto. Lo que el ministro alemán no menciona es que Europa está muy lejos de cumplir con lo dispuesto en dicho tratado. Mucho más está haciendo en ese sentido EEUU, que no lo ratificó.
 
En cuanto al principal asesor científico del Gobierno británico, Sir David King, advirtió de que el calentamiento terrestre puede haber causado la devastación efectuada por Katrina, y añadió que "el incremento en la intensidad de los huracanes se asocia al calentamiento global".
 
Los propulsores de Kioto mencionan las temperaturas más altas de los océanos, pero en su periódico favorito, The New York Times, el profesor de ciencia atmosférica y pronosticador de ciclones William Gray informa de lo siguiente: "Debido a que los huracanes se forman sobre aguas calientes del océano, es fácil asumir que su reciente ferocidad se debe al calentamiento global. Pero, según los científicos, ese no es el caso. Por el contrario, la severidad de las estaciones de huracanes cambia con los ciclos de temperatura de varias décadas en el Atlántico. La reciente arremetida es perfectamente natural".
 
La verdad es que no hay evidencia alguna de que los huracanes se estén intensificando. Por el contrario, el Programa Ambiental de la Organización Meteorológica Mundial de la ONU mantiene que, según las estadísticas desde 1940 en adelante, la intensidad máxima promedio de los huracanes ha bajado.
 
El problema es que a los activistas del medio ambiente no les interesan los hechos, sino distorsionar y explotar los sucesos.
 
 
© AIPE
 
James K. Glassman, presidente de Tech Central Station y académico del American Enterprise Institute.  
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