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Juan Carlos I de las Naciones

Este 22 de mayo se cumplirán diez años de la boda de don Felipe y doña Letizia. Qué mejor regalo de aniversario que un CIS para mejorar

Javier Somalo
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El CIS sirve de poco. Sobre todo sus estudios más perecederos, como los electorales –los barómetros de verdad miden la presión, pero la atmosférica– que caducan cuando acaba la ficción y empieza la realidad, la de las urnas. Es una casa de apuestas en la que sólo juega el dueño aunque paguemos todos. Pero los políticos y arriolas de todos los partidos las usan para diseñar campañas y, si están en el poder, cocinarlas al dente.

Pero hay otros estudios, como los de popularidad, que además nunca se enfrentan de forma científica a la realidad: se apuesta por un caballo que no correrá. Dicen ahora que la Monarquía recupera décimas de popularidad en el CIS. Dicen también que es porque el rey vuelve a estar activo y viajero, a punto de desbancar a Lawrence en su gira arábiga. Su próximo destino será Arabia Saudí donde, como denuncia en El Mundo Federico Jiménez Losantos, acaban de condenar al bloguero Raif Badawi a mil latigazos y diez años de cárcel por crear un foro liberal en internet. Además, cuando Juan Carlos se pone viajero siempre aparece algún quehaydelomío en el séquito. Y luego casi todo se sabe. No, no creo que sea esa la razón de las décimas. Me inclino más bien hacia la momentánea incomparecencia mediática de la infanta.

El caso es que en 2014 la monarquía –ésta– consigue una nota de 3,72 frente a su peor evaluación, la de 2013, en la que obtuvo un 3,68. La evolución de las notas del rey es sobrecogedora. Piensen además, que si esto es lo que se publica –y se hace sólo cuando conviene– los resultados del estudio han de ser todavía peores.

Desde 2010, las Fuerzas Armadas superan a la monarquía en valoración, quizá porque ya nadie recuerde que el rey está al frente de ellas o porque los ministros del ramo y sus presupuestos las han maltratado tanto que inspiran aplauso.

El caso es que no hacía falta CIS cuando el rey visitaba Guernica con discurso oficial y discurso de reserva de Sabino. No hacía falta CIS cuando aún se atisbaban en él las maneras de los que lo forjaron: Eugenio Vegas, Torcuato Fernández Miranda y siempre Sabino Fernández Campo. Hasta Alfonso Armada le dejó buenos consejos antes de los tiempos de su Solución. En aquellos momentos y aunque España no fuera especialmente monárquica, no hacía falta CIS.

Pero después del "me equivoqué" los españoles dejaron de perdonar al rey. Lo que antes eran tropiezos y campechanía se convirtió en batacazos y negligencias. Nadie veía ya al Moderador donde hacía falta moderar sino en monterías y quirófanos o envuelto en asuntos "entrañables" alejados de los problemas de su reino. Es entonces cuando hubo que buscar décimas de recuperación en el CIS o en los estudios de popularidad que, según parece, hace la Zarzuela cada quince días.

Pero el CIS no pregunta por el rey sino por la monarquía como institución. Así que todavía hay formas de ver ese gráfico al revés, en rumbo ascendente.

Este 22 de mayo se cumplirán diez años de la boda de don Felipe y doña Letizia. Una década desde que el Príncipe abandonó el regio nido. Qué mejor regalo de aniversario que un CIS para mejorar. No importa que se haga "en la más estricta intimidad por expreso deseo de la Familia" y sin taconazo ni Viva España, por si las moscas. Aunque tampoco pasaría nada. Federico Trillo gritó ¡Viva Honduras! en El Salvador. Al oído le dijeron que se había equivocado de nación y, como sólo Trillo puede hacer, volvió a mandar firmes y dijo con la misma marcialidad: ¡Viva El Salvador! En la España de las Naciones ya caben confusiones con vítores ecuménicos: Gora Catalunya Ceive. Visca Euskal Herria. No importa, se corrige sobre la marcha, como Trillo. La fórmula es lo de menos. Lo importante es que las efemérides juegan a favor y ese 22 de mayo, el gran acto patriótico podría ser comunicado por Spottorno en el Hola, que también está de aniversario este 2014, 70 años ya. Y, ¿dónde? Pues en el Parque Juan Carlos I, sito en el Campo de las Naciones, que por cierto se inauguró en el gran año 1992, el del pelotazo de la Expo de Sevilla y de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Si sale bien, ya no hará falta CIS.

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