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Los nazis de Nuremberg y los Mossos de Corps

Dice Celaá que Bildu tiene "cuentas pendientes con la democracia". ¿Y cómo se pagan mil asesinatos? ¿A cuánto sale el muerto? Gratis

Javier Somalo

El Parlamento vasco aprobó esta semana la ley de "Reconocimiento y Reparación de Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos". Dicho así, podría parecer normal tras décadas de terrorismo de ETA. Pero resulta que el objeto último de dicha ley es, más bien, apuntar en el balance sangriento los abusos policiales. Durante el debate, un tal Julen Arzuaga, diputado de Bildu, se permitió dirigirse a los policías presentes en la cámara:

Para mí ustedes son los nazis que protestan porque hubo un juicio en Núremberg. Para mí ustedes son los franquistas que luchan para que no haya un reconocimiento de sus vulneraciones de derechos humanos. Esto es indignante, inaceptable y asqueroso.

(…) están haciendo un lobby infecto, asqueroso, para que no se reconozca a las víctimas que han generado.

La ministra portavoz del Gobierno, Isabel Celaá, nacida en Bilbao y educada en Deusto, ha querido marcar ciertas distancias en respuesta a la oportuna pregunta de Ketty Garat sobre el escándalo. Pero la impostura no ha hecho más que acentuar la infamia. Resulta que el pregonado fin de ETA –por la izquierda y por la derecha– significaba que el terrorismo iba a alcanzar el poder local y autonómico y a condicionar el nacional por dejar de matar, o sea, por haberlo hecho. Un esquema de estímulo-respuesta de lo más ejemplar en democracia.

Para Celaá, los abusos policiales son "algunos casos identificados, concretos y pocos" y, desde luego, el portavoz de Bildu "tenía que haber empezado pidiendo perdón por los crímenes de ETA". Pero, ¿es posible que exista un partido legal que tenga que disculparse por asesinar y que, para más inri, ni lo haya hecho? ¿Es posible que un Gobierno se sirva de su apoyo, que lo recabe para seguir en el poder? Claro que sí. Por eso el PSE prestó su apoyo al PNV para que esta norma sobre abusos policiales salga adelante aunque Celaá considere "lamentabilísimo" el discurso del batasuno que llamó nazis a policías y guardias civiles. Hay formas menos groseras de sacudirse los GAL de la solapa, dar la mano a ETA para soportar la falta de escaños y no despeinarse.

Dice Celaá que Bildu tiene "cuentas pendientes con la democracia". ¿Y cómo se pagan mil asesinatos? ¿A cuánto sale el muerto? Gratis. De hecho, es el Gobierno de España el que está pagando vilmente transfiriendo más competencias a cambio de un apoyo a los decretos del Titanic, que se hunde, sí, pero con el pasaje dentro. Si Bildu "tiene cuentas pendientes con la democracia" no puede ser un partido político que forme parte del sistema democrático. Para eso se hizo la Ley de Partidos, hoy pantomima. Por eso tenía toda la razón Pablo Casado cuando denunció que el tiro en la nuca ha surtido efecto. Lo único que ya no se lleva en el País Vasco son las capuchas. Perverso pero cierto.

La guardia de Torra

Los Mossos de Corps, una suerte de guardia armada de la familia golpista, son otro ejemplo de lo que puede suceder en una democracia cuando el Estado se pone en almoneda. Se trata, según El Periódico, de una división especial de los Mossos que no dependerá de la Consejería de Interior sino de Presidencia. Tampoco tendrá influencia alguna la cúpula policial autonómica porque a Torra no se le borra de la mente aquella imagen de mossos constitucionalistas apoyando a la Policía Nacional en Cataluña.

Las funciones de este cuerpo de élite del Golpe serán la protección del presidente y su familia, así como la de los expresidentes y sus familias y la seguridad en las instalaciones del palacio de la Generalidad, incluida la sede prófuga de Waterloo. Cobrarán más que el común de sus compañeros y supongo que distinguirán sus uniformes con algún ribete atemorizador, quizá una calavera sobre fondo amarillo.

Nada nuevo bajo el sol. Es el paso es lógico y, en cierto modo, irremediable: todo golpista necesita rodearse de una guardia privada capaz de neutralizar disidencias y defender al líder. Y luego habla Tezanos –que sigue en su puesto– de la noche de los cuchillos largos en la derecha…

Sin embargo, a efectos judiciales, cabe agradecer tanta sinceridad por parte del gobierno rebelde de Cataluña que acaba de confesar su interés por la defensa armada de un golpe acreditadamente violento. Revisitar la Historia sería el mejor argumento de Derecho de la sentencia contra el Golpe de la Generalidad. Y el ponente podría ser, eternamente, Sísifo.

Como cabía esperar, Isabel Celaá también considera preocupante, aunque menos "lamentabilísimo" que lo de ETA, la posible formación de este cuerpo parapolicial de Torra. No tardaremos en ver a Celaá avergonzándose de las ruedas de prensa de Celaá y esbozando esa sonrisita propia del que considera imbécil al auditorio.

La búsqueda desesperada de apoyo por parte de un gobierno que no conoce las urnas define a la perfección su calidad democrática: golpistas, terroristas y populistas lo sostienen. Por mucho que quieran achacarlo a un canturreo franquista es la verdad, despojada de todo adorno o exageración. ETA, golpistas y populistas.

A ver si los de Colón quieren poner el huevo.

Javier Somalo, director del Grupo Libertad Digital.

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