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¡Qué bien se llevan los políticos!

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Rafael Hernando, bailando con Irene Montero | Imagen de TV

Lo que sucede en Las Vegas se queda en Las Vegas, o en la cancha si lo que se juega es un partido. Pero la política, si fuera seria, sería otra cosa.

Hay muchas formas de salir airoso de una invitación a hacer el ridículo sin parecer el Grinch ni perder el respeto, si es que lo mereciera, al adversario político. Lo que no es de recibo es que los políticos actúen en el Congreso y en los mítines como el reparto de una tragedia griega y luego corran a besarse, ya sin caretas, entre las tramoyas. Que Messi y Cristiano se vayan de cañas antes o después de medirse en el césped no es lo mismo; no está en juego un país. El bailecito de Rafael Hernando e Irene Montero para el show de El Intermedio vendrá a borrar los pucheritos de la primera dama podemita –quietos, que la ex alcaldesa de Madrid era "la mujer de Aznar" que no tenía nombre, mérito ni carrera– cuando el portavoz popular la espetó algún reproche por calzarse dos horas de "discurso" de COU en la moción de censura a Rajoy. Qué machista.

Una vez más, la derecha demuestra que es sierva de la izquierda, que siente la necesidad de agradarla para parecer simpática –cuánto daño hizo aquella expresión de "nasty party" de Lassalle– pese a tener la certeza de que jamás será suficiente. Por eso, muchos políticos creen imprescindible pasar por el aro televisivo de la izquierda haciendo el papel de "enrollaos" a sabiendas de que en ese mismo vídeo o en el comentario posterior del comisario-presentador serán despedazados con una simple mueca histriónica, un apunte de ingeniosísimo guión o un montaje de caricatura, que ahora se dice meme. Aportar el granito de arena al share de Wyoming es casi una obligación para algunos políticos de la derecha ("democrática", que si no te llevan al pazo de Meirás) que luego hablarán de no sé qué principios y pedirán pocas bromas con las cosas de comer. La cordialidad política en una sociedad democrática es posible siempre que todos respeten de verdad la democracia. Maura jamás habría bailado con Largo Caballero.

Quizá resulte poco navideño pero tanta copita de hermanamiento y alborozo parece significar que todo era broma, que somos los demás los que atizamos la crispación, que caiga quien caiga el horno siempre está para bollos, que cada uno hace su papel y que, en realidad, JR el de Dallas era un gran tipo aunque lo insultaran por la calle y se llevaba de maravilla con su maltratada Suelen fuera de la serie.

Qué bien se llevan los políticos entre sí y qué mal tratan a los ciudadanos que representan, a los que se deben.

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