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Sánchez & The Killers

Hoy el enorme problema de España es Pedro Sánchez y los Killers que le han puesto en La Moncloa para gobernar por control remoto.

Sánchez y sus socios 'killers' | LD

"El problema no es el transporte sino a quién transporta". El lío del Falcón no es, según Pedro Sánchez, que el presidente del Gobierno tome un avión oficial de ida y vuelta para asistir a un concierto de The Killers sino que ese presidente sea él. Pues tiene razón, el problema es que él sea presidente. Y lo más grave: la forma y compañía con las que lo ha conseguido.

Este presidente Pedrín con aspecto de Roberto Alcázar sólo ha demostrado que quería entrar en La Moncloa para adquirir la condición vitalicia de mandatario, lo que le permitirá después contar las nubes que se le escapen a su antecesor socialista. No puede haber mayor desastre para España en este momento que un presidente así, aupado por quienes tienen como ideario la voladura del sistema democrático que nos llevó de una dictadura a una democracia, quizá para hacer el viaje inverso remediando a la fuerza la Historia.

El problema es Sánchez por abrir una brecha institucional por simple oportunismo personal: aquel al que echaron del partido salió con su mochila y volvió para vencer. A esa grave estupidez se reduce todo, eso sí, con responsabilidad subsidiaria de Mariano Rajoy por no haber accedido a pagar un precio que ya era ineludible: marcharse. "Se colaron por la puerta de atrás", dijo el ex presidente el día del finiquito ante la nueva cúpula de su partido.

El problema es Sánchez por su bilateralidad no ya con una comunidad autónoma que es parte de España sino con el golpismo. Negociando de tú a tú con Tejero. Ofreciendo trato exquisito a su "racista" Torra, poderosa imagen de nuestra decadencia que ya no indigna tampoco a Josep Borrell. De momento, el presidente ya ha aceptado hablar de referéndum y de presos, o sea, de todo y por su orden con los caseros de La Moncloa.

¿Y cómo está el resto de la cuestión tras el carpetazo al tardío y timorato 155? Un simple ejemplo: Lluís Escolà, un sargento de los Mossos que hace de guardaespaldas de Puigdemont, es ahora asesor de Interior de la Generalidad. Escoltó al golpista prófugo en el extranjero de forma ilegal y fue retirado del servicio. Hoy nos falta por ver si solicitará reunirse con el ministro Grande Marlaska para abordar los flecos del "Ja sóc aquí" golpista, el retorno a eso que llaman "la normalidad anterior".

El gobierno Sánchez vende como éxito cualquier atisbo de apunte en el BOE y convoca la rueda de prensa de prensa posterior al Consejo de Ministros con media plantilla de ministras acompañando a la portavoz. Así se aparenta hiperactividad de género y número y se diluye la extraordinaria capacidad de Isabel Celáa para pisar charcos. Pero ya da igual cómo se llamen sus ministros y ministras y qué virtudes atesoren: nada pueden hacer aunque fuera bueno, y encima todo lo que se está haciendo está mal y puede que sea irreversible. El primer gran revés ha llegado este viernes a cuenta del objetivo de déficit que ha suspendido su trámite en el Congreso por la abstención bloqueante de sus "socios". Y como éste habrá otros varapalos parlamentarios hasta que se vea quién manda en realidad y qué efectos se buscaron apoyando una moción de censura.

El presidente lo sabe pero dice estar decidido a agotar una legislatura, que termina en 2020, con un gobierno llegado por moción de censura gracias a fuerzas que dieron un golpe de Estado, a herederos de ETA y a una extrema izquierda bolivariana que necesita desorden para sobrevivir. Se dice pronto.

Por mal que lo haga un gobierno, parece que siempre hay otro dispuesto a superarlo desde aquel aciago 11-M que abrió en canal nuestra democracia. Hoy el enorme problema de España es Pedro Sánchez y los Killers que le han puesto en La Moncloa para gobernar por control remoto. Y en el menor tiempo posible.

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