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¿Un pacto? Paren el Golpe

De nada sirve marear la estabilidad presupuestaria si seguimos pagando el delito separatista con el dinero de todos.

Javier Somalo
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Uno de los problemas de aburrirse en funciones es que el Estado se debilita en las pocas funciones en las que de verdad es necesario. Sin embargo, a la hora de valorar la conveniencia o no de un pacto de gobierno entre PP y PSOE se pone el acento en la estabilidad presupuestaria. No seré yo el que niegue su importancia pero me aventuro a adivinar que es lo más difícil de encajar entre ambos partidos pues buena parte de sus idearios choca –bueno, debería hacerlo– en el uso que ha de darse al dinero público. Lo mismo sucede con el resto de políticas económicas o de empleo, sobre todo si desarrollan o reforman leyes específicas como la laboral. Antes, deberían acabar con el vergonzante sistema de reparto de jueces, que supondría la mejor medida por la regeneración y contra la corrupción institucionalizada. Ya sería mucho soñar que dejaran de maltratar la Educación –este año hay alumnos que ni saben quién o de qué se les examinará– con una Ley de Educación que merezca el nombre y, si pudiera ser, hasta que se cumpla tras salir publicada en el BOE.

Pero si de verdad quisieran ponerse de acuerdo en algo que beneficie a los españoles a corto, medio y largo plazo que empiecen por defender la Constitución en Cataluña, que es como aplicarla en el país para el que fue redactada, aprobada y ratificada, o sea en España. De nada sirve marear la estabilidad presupuestaria si seguimos pagando el delito separatista con el dinero de todos. ¿Pacto de Estado? Ahí va el primero: detener el golpe de la Generalidad que el pasado viernes dio el penúltimo paso intolerable: convocatoria de referéndum unilateral y burla grosera a la Ley. Tras ello, no se advirtió reacción alguna a la altura del desafío entre los que nos tienen entretenidos apostando jamones por no llorar.

La pregunta es si los partidos llamados a gobernar España –cuando sus señorías dispongan– consideran el desafío separatista catalán un peligro o sólo una singularidad turística que da para películas y chistes. Lo malo es que conocemos la respuesta: el PP niega desafío alguno y el PSOE es una de las causas de que exista. El pacto secreto de Miquel Iceta y Pedro Sánchez con Carles Puigdemont, conocido ahora pero sabido de siempre, era el plan B de Sánchez por si fallaba su lado amable y centrista: echarse al monte conociendo el camino, por supuesto. Resulta revelador pero no nuevo. Su maestro, el solemne, era experto en burlar la ley y la dignidad para encamarse con los peores enemigos interiores y exteriores. Para colmo –y esto sí es nuevo y peligroso–, al perro flaco le vienen más pulgas que, sin duda, se sumarán al frenesí separatista. Se escaparon del circo donde iban a ser amaestradas contra unos y otros, suman escaños y complican el viejo problema; Podemos, asesor del golpismo chavista, ya es otra palanca de la rebeldía –catalana, de momento– contra la Ley.

En estas páginas, hemos expresado muchas veces el asombro por el hecho de que un Gobierno busque fórmulas indirectas para enfrentarse al separatismo, como si cumplir la ley fuera mancharse las manos. Pero las estrategias del Gobierno del PP que le eximen de responsabilidad delegando en otro la labor que le es propia no sirven de nada ante la rebeldía. ¿Por qué iba un delincuente a acatar lo prescrito por instituciones que se dicen ajenas al poder político si ya han desafiado a todo el Estado?

Pruebe un líder político a dar la talla contra el golpismo de la Generalidad catalana, en solitario o en comandita. Sería para decir que han hecho algo por el país que gobiernan. Podrían llegar incluso a dormir tranquilos sospechando que han cumplido con su deber por extravagante que les parezca. Que lo hagan juntos aquellos que quieren gobernar. ¿Puede el PSOE siendo una de las causas? ¿Y el PP, que no ha hecho sino desistir o inventar fórmulas para que lo hagan magistrados, burlados cuando no contaminados? Supongo que no, no serían capaces. Pero que aprovechen para comentarlo animadamente durante el próximo Desfile del Día de las Fuerzas Armadas, fiesta nacional, día elegido por nuestros políticos para mirar al cielo guiñando los ojos y mostrarse como son: abroncando al Constitucional, despreciando la bandera de los EE.UU, soportando "el coñazo" o huyendo como el patriota iraní o la excelentísima alcaldehesa que convertirá Madrid en pradera para pastos. Por cierto, ¿no pueden PP y PSOE sumar fuerzas, que las tienen, para liberarla de las tareas de gobierno y que pueda dedicar su ingenio a plantar cebollinos pero en su casa? Eso es más accesible que la estabilidad presupuestaria pero no lo hacen, en este caso por la cobardía del PSOE.

Pues al final, esa es la actitud que lo emponzoña todo. El presunto arrojo de Carmen Forcadell al presumir de los delitos –cometidos y por cometer– no es más que el resultado lógico de la impunidad. La valentía sólo se pone a prueba si hay peligro enfrente y no parece el caso. Además, siempre cabe "impedir físicamente" el paso de la Ley como propugna la emisora Catalunya Ràdio a modo de encuesta, más bien de reclutamiento, igualmente impune. Si las acciones no tienen consecuencias tienden a repetirse, a imitarse y no necesariamente sólo donde han sucedido por primera vez, en este caso en Cataluña. Entonces, ¿no es de interés general para los ciudadanos parar un golpe de Estado?

La única forma posible de defender la Constitución es aplicarla y un buen síntoma de las verdaderas intenciones de PP y PSOE sería el acuerdo para suspender la Autonomía de Cataluña. Es legal y no compromete sus ideologías. Pero resulta que tienen miedo a Cataluña y quieren gobernar toda España.

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