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La marcha de la superstición

La demostración callejera que pretende 'inundar' Madrid guarda muchos paralelismos con los movimientos de masas que inundaron la Europa de entreguerras.

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La demostración callejera del 31 de enero que pretende inundar Madrid guarda muchos paralelismos con los estremecedores movimientos de masas que inundaron la Europa de entreguerras, ya que la convocatoria no obedece a un motivo concreto de protesta o, incluso, de conmemoración, sino que pretende ser una epifanía pagana del poder de la vieja y caduca superstición totalitaria, la que declara sujeto de revolución a la masa.

La tríada vida, libertad y propiedad, glosada por John Locke como cimiento del progreso material y espiritual de la humanidad, plasmada en nuestra sociedad occidental judeocristiana, sufre constantemente los embates de ideologías colectivistas supersticiosas (irracionales) como el comunismo o el islamismo radical, que anulan al individuo y su libre albedrío. Otro gran filósofo, Benedicto Spinoza, advertía de que la superstición surge del miedo y "los que más se aferran a todo tipo de superstición son los que desean sin medida cosas inciertas".

El auge del partido Podemos, el organizador de la demostración de masas, se basa en ese miedo e incertidumbre de la sociedad española ante el futuro debido a la crisis económica estructural y la banalización de la política a causa de las infinitas corruptelas que asuelan instituciones públicas, partidos y sindicatos. El viejo topo oportunista acaba de salir a la luz para aprovecharse de la situación y tomar el poder con la rabia y el odio de clase. Lo más inquietante de todo este escenario es el tinglado mediático que se ha formado en torno a esta formación. Ver en las pantallas cómo este partido extraparlamentario abre los telediarios es un espectáculo deplorable que muestra la cara más frívola y ruin del negocio de la información. Como ejemplo, un mitin de poco más de 6.000 personas con el falsario lema de esa formación con cinco parlamentarios en Estrasburgo y ninguno en España, "Vuestro odio es nuestra sonrisa", es primera noticia en los dos grupos televisivos líderes en audiencia y que acaparan el 80% del mercado publicitario conseguido gracias a los favores del zapaterismo y prolongado por la ya insoportable nadería del PP. Ni que decir tiene que la televisión pública se ha adherido a esa vorágine provocada por las encuestas y las redes mediáticas. Y ahí están: dándole la vuelta al sentido de las palabras convirtiendo su odio en sonrisa cínica mientras la ciudadanía asiste al espectáculo de unos catecúmenos de la Complutense arrasando en los medios y haciendo lapidaria la frase de McLuhan: "El medio es el mensaje". Porque estos asesores de dictaduras narcocomunistas no aportan nada, sólo lemas, como "la casta". Es un producto de marketing puro y duro, similar al anuncio de un detergente. El día 31 veremos un nuevo capítulo del tinglado mediático que se formará alrededor de esa manifestación que sólo pide revancha, rezuma superstición y anuncia horizontes soviéticos.

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