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Al medio del mar se puede enviar el 'Prestige'. Y a la República Dominicana se puede mandar al 'Dioni', pero no a un rey de España.

José García Domínguez
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Al medio del mar se puede enviar el 'Prestige'. Y a la República Dominicana se puede mandar al 'Dioni', pero no a un rey de España.
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Lo de que el Gobierno (de Aznar) contaba mentiras, un clásico de la demagogia salchichera alumbrado en su día por esa izquierda socialdemócrata que solo se quiere seria, responsable y respetable cuando habita en la Moncloa, ha vuelto ahora como un bumerán contra los padres putativos de aquella papilla propagandística elemental para consumo de las grandes audiencias mediáticas. Nada nuevo, es sabido, bajo el sol. Pero no es ese el único clásico del agit-prop que retorna estos días de ira. El chapapote, otro hito memorable del uso descaradamente amoral de un accidente con fines políticos, igual vuelve a estar presente, aunque solo sea como metáfora del valleinclanesco transitar por las fronteras del emérito. Un hombre débil y voluble, el rey cesante, al que, sin embargo, debemos el que España no sea hoy Turquía.

Porque España podría haber sido perfectamente otra Turquía. Una anomalía periférica de Europa, acaso integrada en la OTAN, tutelada por un ejército aún franquista hasta el tuétano, como lo seguía siendo en español mucho después de 1975, y ajena, más allá de algún barniz formal y estético, a los principios del orden democrático liberal que rigen en la Europa occidental.

No se plantea nunca, pero la opción turca habría sido factible. Si no llegó a consumarse ni antes ni después del 23-F fue en gran medida gracias a ese hombre débil y voluble al que su hijo, en comandita con el Gobierno de España, acaba de expatriar. Por cierto, otra cosa que nunca se dice a propósito de aquel benemérito esperpento, el tejerazo, es que Juan Carlos podría haber propuesto, y con la ley de su lado, al golpista Armada como candidato a presidente del Gobierno. Hubiese sido, repito, legal y constitucional. Si no lo hizo fue, simplemente, porque no quiso. Así de simple. A ese hombre débil y voluble, sí, este país le debe muchas cosas, algo que hoy no quiero reconocer casi nadie.

Pero vayamos al chapapote metafórico. La orden de alejar el barco tuvo sentido y era lo menos malo que, dadas las circunstancias, se podría haber hecho. El riesgo, claro, era que el casco se partiese por el camino, como así ocurrió. Al medio del mar se puede enviar el Prestige. Y a la República Dominicana se puede mandar al Dioni, pero no a un rey de España. Preparémonos, en fin, para el chapapote que ya estará a punto de llegar.

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