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El criminal que ama la Esquerra

El secesionista Jaume Martínez Vendrell asesinó al empresario José María Bultó colocándole una bomba en el pecho.

José García Domínguez
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El súbito cariño por España que dicen sentir últimamente los voceros de la Esquerra, con el melancólico Junqueras a la cabeza, ha resultado ser un amor que mata. Pero que mata no de cualquier modo. Pues ese afecto tan suyo asesina con un ensañamiento, una crueldad y un sadismo patológico dignos de análisis psiquiátrico. Así, el lánguido Junqueras ama mucho a España. Pero ama mucho más a los que asesinan a los españoles por el hecho de serlo. Al menos, eso se desprende de su última iniciativa parlamentaria. Y es que, este mismo miércoles, los diputados de ERC en el Parlament exigieron que la Delegación del Gobierno no obstruya los homenajes institucionales a cierto Jaume Martínez Vendrell. El tal Martínez fue quien organizó en su día la muerte atroz de don José María Bultó Marqués por el procedimiento de adosarle una bomba activada por control remoto al pecho.

Tras la consiguiente explosión, los fragmentos del cadáver que terminaron incrustados en el techo y las paredes de la sala tuvieron que ser extraídos por los bomberos. Una hazaña, la del carnicero Martínez Vendrell, que el ayuntamiento nacionalista de su pueblo, Santa Coloma de Cervelló, ansía celebrar ahora dedicando el nombre de un calle a su memoria. Pero Martínez Vendrell tiene otros muchos admiradores. Como Jordi Pujol, sin ir más lejos. El mismo Pujol que glosaría su aprecio por ese sujeto con la siguiente deposición :

Dentro del FNC [Frente Nacional de Cataluña] había mucha gente que no era partidaria de la lucha armada. Lo que pasa es que Martínez Vendrell era un hombre por sus características personales (…) era apreciado incluso por la gente que estaba absolutamente en contra de sus ideas en ese sentido (...) Era un hombre apreciado.

Y hasta tal punto lo debía de apreciar Pujol que decidió presentarse coaligado con él a las elecciones de junio de 1977. De ahí que CDC incluyera en sus listas a varios dirigentes del FNC, brazo político del llamado Ejército Popular Catalán (Epoca). De tal guisa, Martínez Vendrell y el resto de los miembros de la banda que apenas treinta días antes acababa de asesinar a don José María Bultó se convirtieron en respetables socios electorales del catalanismo moderado. Aunque aquello solo supuso un breve paréntesis en su carrera homicida. Porque en enero de 1979, y de nuevo bajo las órdenes de Martínez Vendrell, otro comando procedería a descuartizar con idéntico modus operandi al exalcalde de Barcelona Joaquim Viola. Otra bomba activada por control remoto y fijada al pecho de la víctima con esparadrapo.

Otro cadáver irreconocible. Otra salvajada que, tal como confesó el propio Martínez Vendrell en el juicio, llevaba la impronta de una referencia ubicua del nomenclátor municipal catalán: Josep Maria Batista i Roca. Respetadísimo creador de esa militarización de la infancia que responde por minyons escoltes, la versión catalana de los boy scouts, Batista i Roca resultó ser el verdadero jefe en la sombra de Epoca. Acaso en agradecimiento a esos servicios a la pàtria, Jordi Pujol ordenaría luego que el más importante premio a la proyección internacional de la cultura catalana lleve su nombre. Nos quieren con locura, sí.

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