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José García Domínguez

El miedo al facha

Es demasiado raro que Vox se dispare gracias a Cataluña y que Cs, partido de origen catalán con posiciones muy duras frente a los separatistas, se hunda en el fango. A mí no me cuadra.

José García Domínguez
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Es demasiado raro que Vox se dispare gracias a Cataluña y que Cs, partido de origen catalán con posiciones muy duras frente a los separatistas, se hunda en el fango. A mí no me cuadra.
Cordon Press

Contra lo que siempre nos quieren hacer creer todos esos grandes gurús de la publicidad, los charlatanes que viven de sacar los cuartos a los partidos vendiéndoles humo mágico, las campañas electorales son algo muy sencillo y rutinario que se fundamenta en dos principios tan básicos como universales, a saber: meter todo el miedo posible en el cuerpo a los nuestros para que vayan a votar, el primero. Y tratar de desanimar todo lo posible a los contrarios para que no lo hagan, el segundo.

No hay más misterio que ese. Porque ahí empieza y acaba cuanto hay que saber sobre una campaña eficaz. Lo que a partir de hoy toca, pues, es lo del miedo. Miedo que la derecha seguirá intentando proyectar en un PSC transmutado en poco menos que el submarino amarillo del independentismo. Y miedo que los socialistas azuzarán con otro clásico: la llamada de alerta general ante la arribada inminente de los fachas de Vox. O sea, lo de siempre. Así las cosas, uno de los instrumentos más resolutivos a fin de fabricar estados de ánimo entre el electorado son, como resulta bien sabido, las encuestas.

Las encuestas, esos juguetes tan onerosos y de vida útil tan efímera que alguien tiene que pagar para que otro alguien los fabrique. Unas encuestas, tanto la cara de Tezanos como las de baratillo que costea la prensa, que, contra lo que pudiese parecer a primera vista, coinciden todas en componer una fotografía estática que resulta en extremo beneficiosa para los intereses de los grandes partidos tradicionales del sistema, PP y PSOE.

¿Qué dice en síntesis Tezanos? Pues dice que hay que votar al PP y al PSOE porque son los dos partidos que obtendrán los mejores resultados con diferencia en todas las circunscripciones, algo que les confiere la exclusiva compartida del voto útil en el conjunto de España. ¿Y qué dicen, también en síntesis, todos los otros, los del low cost? Pues lo mismo, solo que otra manera algo más alambicada. Porque tanto el extraño y repentino crecimiento exponencial que muchas catas demoscópicas andan atribuyendo a Vox, sobre todo en la última semana, como el no menos extraño desmoronamiento radical, absoluto y sin paliativos que las mismas encuestas vaticinan para Ciudadanos, ambas proyecciones, redundan en beneficio de PP y PSOE.

A esos efectos, resulta algo chocante la coincidencia de la atonía en las estimaciones de escaños para el PSOE, consecuencia evidente de la relativa desmovilización de los suyos, con el repentino dispararse de los pronósticos sobre Vox. Si alguien pensó en Ferraz que procedía activar por el procedimiento de urgencia el miedo al facha, las cosas no le han podido salir mejor. Y si otro alguien barruntaba en Génova sobre cuál pudiera ser la vía más rápida a efectos de darle la puntilla definitiva a Rivera, tampoco el azar le podría haber sonreído más tras la publicación de los últimos sondeos de encargo. No obstante, algo chirría en todas esas previsiones, algo que no termina de encajar con la lógica política. Porque si el factor explicativo de los grandes movimientos en el tablero es Cataluña, ¿cómo entender ese derrumbe apocalíptico de Ciudadanos? Es demasiado raro que Vox se dispare gracias a Cataluña y que, al tiempo, Ciudadanos, un partido de origen catalán y con posiciones muy duras frente a los separatistas, se hunda en el fango pese a Cataluña. A mí no me cuadra. Lo dicho, algo falla.

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