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La trampa saducea de Jáuregui

Parece que el eterno segundón Jáuregui se entretiene lanzando globitos sonda a cuenta del asunto catalán.

José García Domínguez
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A falta de ocupación mejor con que sobrellevar el tedio de la campaña europea, parece que el eterno segundón Jáuregui se entretiene lanzando globitos sonda a cuenta del asunto catalán. Aunque tratándose de un viejo apparatchick tan obediente con el mando, no cabe especular sobre si el vasco habla por boca de ganso o por la de Rubalcaba. La de Jáuregui, nadie lo dude, es la voz de su amo. Sea como fuere, resulta que nuestro hombre posee la solución al problema secular de la vertebración nacional de España. Asunto que, por lo visto, tenía muy fácil remedio. Es sabido, para hacer feliz a Loquillo bastaría con regalarle un camión. Y con los catalanistas, a decir del escudero de Valenciano, ocurriría algo muy parecido.

Prohíbase de modo expreso en la Constitución española que nadie, sobre todo si es catalán de nacimiento, pueda usar la lengua española en el ámbito público del país petit so pena de excomunión o destierro. Y añádase en la misma Carta Magna otra cautela que, en nombre del sagrado principio de la igualdad entre todos los españoles, establezca que los españoles de Cataluña vamos a pagar menos impuestos y recibir más servicios públicos que el resto. Y ya está. ¡Alehop! ¡Encaje resuelto! Qué grande es Jáuregui. Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor. Bueno, grande y generoso; sobre todo, generoso. Y es que, pudiendo llevarse él y su partido la gloria de haber acabado para siempre con la querella histórica del problema catalán, desea regalarle el tanto al presidente Rajoy.

Que el Gobierno tome la iniciativa de reformar la Constitución, clama el espléndido don Ramón. ¿Y por qué no querrá hacerlo él mismo? Porque a Jáuregui resulta que se le ha olvidado la letra y la música del artículo 87 de la Constitución. ¿Y qué dice ese artículo? Pues algo muy sencillo, a saber, que la iniciativa para reformar la ley de leyes puede partir del Gobierno, del Congreso, del Senado o de una… comunidad autónoma. Al bueno de Jáuregui se le ha olvidado que su (presunto) partido, el PSC, podría, si quisiera, hacer en el Parlamento de Cataluña eso mismo que exige a Rajoy. ¿Por qué, entonces, no promueve el PSOE a través de la Cámara catalana su balsámica cura para la eterna desazón de España? ¿Por qué prefieren otorgar en bandeja ese triunfo al PP? ¿Por qué el teatro? País de trileros.

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