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Los independentistas ganarán

Más pronto o más tarde, pero ganarán. Porque delante solo tienen a unos tristes funcionarios del poder recitando cansinos el BOE.

José García Domínguez
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Tras ciento cincuenta años, al fin ha quedado resuelto el problema catalán: el Tribunal Constitucional acaba de proclamar ilegal la independencia. Todos tranquilos, pues. Más de una vez he puesto por escrito mi personal convencimiento de que el presidente Rajoy no es partidario de que Cataluña se separe de España. Aunque a estas alturas sigo sin conocer las razones. Ni las conozco yo ni las conoce nadie. Y es que el presidente de España nunca ha encontrado tiempo para explicar a los catalanes, y de paso al resto, por qué sería malo romper España. Pero, a juzgar por el exclusivo enfoque leguleyo con que aborda el proceso secesionista, diríase que la causa por la que España ha de permanecer unida obedece a imperativos reglamentarios del procedimiento burocrático.

Parece que habría que evitar la fractura de la Nación porque así lo establecen tales o cuales legajos de curso legal. Por eso y únicamente por eso. Que se aten los machos los de la Esquerra: el día que declaren la secesión en el balcón de la plaza San Jaime, el Gobierno es capaz de interponer un contencioso administrativo en los juzgados. Pero es que al albacea de la fiel oposición le ocurre otro tanto de lo mismo. A los votantes que aún le quedan al PSOE tal vez les gustaría conocer los motivos por los que Rubalcaba rehúsa fundar un tercer Estado soberano en la Península Ibérica. No sería mucho pedir. Sin embargo, y al igual que su alter ego Rajoy, tampoco él está por la labor.

Otra paradoja terminal: quienes que se comportan como genuinos nacionalistas resultan ser PP y PSOE, no los otros. Un nacionalista cree que las naciones constituyen realidades eternas, inalterables, naturales. Por el contrario, quien no lo es sabe que procede apuntalarlas a diario a fin de que se mantengan vivas en la conciencia social. Renan andaba en lo cierto: una nación es un plebiscito cotidiano. Pero ese plebiscito hay que ganarlo. Y mientras los unos no despiertan de su abulia suicida, los otros no descansan en su activismo febril, constante, obsesivo. Por eso, acabarán ganando. Más pronto o más tarde, pero ganarán. Porque delante solo tienen a unos tristes funcionarios del poder recitando cansinos el BOE. Apenas es cuestión de tiempo.

Nota bene. Sin el apoyo de nadie en el Madrid vocinglero de los españoles profesionales, Antonio Robles, uno de los pioneros de la resistencia al nacionalismo obligatorio en Cataluña, ha recurrido a la autoedición para poder publicar la historia de esa guerra tan silenciosa como silenciada. Quien desee colaborar en el proyecto, puede hacerlo aquí.

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