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José García Domínguez

Olvidad los cuentos de hadas (Colau)

El futuro del 'sarampión regeneracionista' dependerá de lo que ocurra el domingo que viene en Madrid y Barcelona.

El futuro del 'sarampión regeneracionista' dependerá de lo que ocurra el domingo que viene en Madrid y Barcelona.
EFE

El 13 de abril de 1931 la casta, en aquel entonces encarnada por los partidos turnantes de la Restauración más el todavía llamado regionalismo catalán, obtuvo, como siempre, una victoria aplastante en las elecciones municipales. También como siempre, los caciques locales hicieron su trabajo con loable profesionalidad, de resultas de lo cual en la inmensa mayoría de las circunscripciones salieron triunfantes las candidaturas adictas al régimen. Y sin embargo, apenas veinticuatro horas más tarde el sistema todo se vendría abajo, proclamándose acto seguido la Segunda República. Como es sabido, el resultado de las grandes ciudades del país, en especial los de Madrid y Barcelona, condicionaron de tal manera la percepción general de aquellos comicios que llevaron a la abdicación no solo del Rey, sino de toda una clase dirigente.

Historia que podría repetirse el próximo domingo, y no necesariamente bajo el manto de la farsa, como auguró Marx en su día. Y es que los resultados de las dos grandes metrópolis de la Península –amén de la Valencia del "caloret" de Rita y la Sevilla de Zoilo– van a determinar en gran medida la interpretación política y mediática del recuento de las papeletas, con independencia de cuanto ocurra en el resto de municipios y regiones. Igual pues que cuando el 31, Madrid (Comunidad y Ayuntamiento) y Barcelona serán la clave. De sus respectivos escrutinios dependerá que el sarampión regeneracionista que hoy recorre España se quede en eso. O no. Sin duda muy conscientes de ello, los estrategas de las siglas más caras al establishment están obrando con notable inteligencia en esas dos plazas.

Así, tanto Aguirre como Trias, los dos pesos pesados en liza, han dado en seguir a pies juntillas la estrategia que tan buenos resultados diera a Feijóo en Galicia: premiar como interlocutor exclusivo a la izquierda extraparlamentaria, en su caso el Beiras a quien asesoraba un tal Pablo Iglesias Turrión, en detrimento del candidato socialista. Deliberado ninguneo del PSOE que le abriría las puertas de la mayoría absoluta. Ahora, salta a la vista, vuelven a repetir la jugada a escala nacional. Nada que objetar. Al contrario. Por lo demás, tanto Aguirre como Trias, la una desde ese populismo casticista tan del gusto de la derecha pata negra, el otro desde el alejamiento profiláctico de los talibanes de su propio partido, han acertado al fijar distancias con un par de marcas, las de PP y CiU, que ya poco les podrían aportar.

Las encuestas hablan de empate. Pero yo no haría mucho caso. A diferencia del algodón, las encuestas engañan con rutinaria frecuencia. Ningún votante de Ada Colau o de Carmena conoce el significado de la duda cartesiana. Ni uno solo. Todos, sin excepción, son activistas, rendidos entusiastas de la causa. Y sin embargo, el CIS identifica hasta un 36% de votantes indecisos solo en Madrid. Nada menos que uno de cada tres. Una enormidad llamada a trastocar cualquier estimación previa a la apertura de las urnas hasta dejarla por entero irreconocible. Ese inmenso, descomunal caladero ha de ser, por lógica, propiedad casi exclusiva de Aguirre y Cifuentes. Por lógica elemental. Olvidad los cuentos de hadas.  

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