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José García Domínguez

Suspenso en educación

Esos espectaculares resultados que acaba de difundir la OCDE ratifiquen que progresa adecuadamente el empeño zapateril en pos de castrar la excelencia sobre la inmensa cama de Procusto que el PSOE llama pedagogía progresista.

Coincidiendo con las noticias sobre esos 980 barracones prefabricados en los que se hacinarán varios miles de escolares catalanes durante este curso escolar y la buena nueva de que la Generalidad acaba de donar tres millones de euros a los promotores un colegio privado en la ciudad francesa de Perpiñán a fin de que imparta todas sus clases en catalán, leo en los titulares de La Vanguardia: "Suspenso a España en el arranque de curso".

"La OCDE advierte que la secundaria, y en especial la FP, sigue siendo el punto débil del sistema educativo español". O sea, lo de cada año por estas fechas. Nada nuevo, pues, bajo el sol: continuamos donde solíamos, en nuestro sitio, es decir, a la cola del mundo civilizado en todas las estadísticas internacionales de rendimiento académico, siempre en disputadísima pugna por el farolillo rojo de la tabla con las madrassas de Turquía y los indigentes de las favelas de Brasil.

Predicaba Marx –y andaba en lo cierto– que la ideología dominante siempre es la ideología de la clase dominante. Bien, pues la muy dominante ideología de los que, aquí, dominan la clase, los pasillos, el claustro de profesores, el despacho del director, la tiza, la pizarra y el Boletín Oficial del Estado impone obediencia ciega a un mantra único: redistribuir el talento individual en los pupitres de la misma forma que se colectivizaba la miseria en el socialismo real. Que no otro es el alfa y el omega de la filosofía educativa que inspira todos y cada uno de los artículos de la tristemente célebre LOGSE.

De ahí que esos espectaculares resultados que acaba de difundir la OCDE ratifiquen que progresa adecuadamente el empeño zapateril en pos de castrar la excelencia sobre la inmensa cama de Procusto que el PSOE llama pedagogía progresista. Como muestra, un botón: veintiocho de cada cien alumnos matriculados en FP y en el nuevo minibachillerato de dos cursitos ni siquiera consiguen terminar tan devaluados estudios. Mas celebrémoslo: por fin hemos sido igualados todos por abajo, una vez consumada aquella gran utopía paidocrática que idearan Álvaro Marchesi y compañía; por fin, nos ha llegado la hora de degustar sus frutos... podridos.

Y, de paso, felicitemos también a la ministra de Educación por su cínica lucidez. Al cabo, Mercedes Cabrera ha adoptado la única medida realmente eficaz con tal de acabar para siempre con esas vergonzosas tasas de abandono en la educación secundaria: suprimir de un plumazo el propio bachillerato. ¿O acaso habría que interpretar de otro modo la modificación legislativa que habilita a los "estudiantes" para pasar impunemente de curso con cuatro asignaturas suspendidas? Lo dicho: aleluya.

Tertuliano de La Noche de Dieter.

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