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José García Domínguez

¿Una participación histórica en Madrid?

¿Se antoja razonable presumir que los madrileños se van a comportar de un modo radicalmente distinto a vascos y catalanes?

José García Domínguez
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¿Y si después de todo el ruido y la furia no fuese casi nadie a votar? Esa rama de las Matemáticas llamada Estadística tiene uno de sus fundamentos en la llamada Campana de Gauss, también conocida como distribución normal por la muy palmaria obviedad perogrullesca de que normalmente ocurre lo más normal. Y lo más normal cuando hay una pandemia es que parte del electorado se abstenga de acudir a los colegios. Por eso los vascos se abstuvieron más que nunca en las elecciones vascas. Y por eso los catalanes también se abstuvieron más que nunca en las elecciones catalanas. Comicios, ambos dos, celebrados en unas condiciones sanitarias similares a las madrileñas. Así los precedentes inmediatos, ¿se antoja razonable presumir que los madrileños se van a comportar de un modo radicalmente distinto a vascos y catalanes? Bueno, no se puede descartar del todo, pero convendrá conmigo el lector en que esa hipótesis, tan alegremente aceptada durante estas vísperas, se antoja un tanto extravagante.

¿Por qué tendrían que ser tan distintos los madrileños? A fin de cuentas, y pese a la truculenta escenificación belicosa de estos comicios provinciales, donde habíamos estado a punto de enfrentarnos en una guerra civil, pero de las de verdad no de las de Twitter, fue en Cataluña. En Barcelona, la violencia latente y la posibilidad de cadáveres en las aceras no fue teatro de campaña, sino una posibilidad muy real. Durante todo el año 17, allí no estuvimos con tonterías de gabinetes de comunicación. El enfrentamiento físico entre los dos bandos estuvo muy a punto de producirse. Pero muy a punto. Y ese clima larvado de hostilidad civil sigue hoy en el ambiente, exactamente igual que cuando entonces. En Cataluña, nos odiamos de verdad, no es una pose. Bien, ¿y qué pasó en las lecciones de hace nada? Pasó que la participación cayó más de 25 puntos respecto a 2017. Más de 25 puntos. Lo mismo que en el País Vasco, donde alcanzaron la máxima abstención desde que se recuperó la democracia. ¿Por qué Madrid, insisto, debiera conducirse de un modo tan alejado al de los otros dos territorios del país que más se le parecen por estructura social y nivel de desarrollo económico? ¿Acaso porque sí?

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