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Cebando a la bestia

Es por ese gasto no ya innecesario sino perjudicial por el que ahora nos quiere subir aún más los impuestos. Están cebando a la bestia tanto como pueden.

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En un reciente artículo Charles Krauthammer contrastaba las estrategias de Reagan y Obama para reducir o ampliar el peso del Estado en una sociedad. El republicano bajaba primero los impuestos, generando un déficit público tan grande que sólo cabía ajustarlo reduciendo el gasto. Los demócratas lo acusaban, con buen olfato, de matar de hambre a la bestia. Obama, por el contrario, ha invertido el orden de las decisiones: primero aumenta el gasto de manera desproporcionada generando el mayor déficit en la historia del país y luego, como si fueran sucesos inconexos, se ve "forzado" a aumentar los impuestos. De ahí que, al contrario que Reagan, esté cebando a la bestia en estos momentos de depresión económica.

Ya lo decía su asesor presidencial, Rahm Emanuel, "nunca has de dejar pasar una crisis sin haberte aprovechado de ella". El socialismo tiene gravada con letras de fuego la lección más importante de la Gran Depresión: la mayor crisis económica de la historia permitió la mayor expansión del Estado de la historia. El keynesianismo, que nace precisamente en aquella época, sólo fue la coartada ideológica, no la política: probablemente sin Keynes, habrían aparecido otros serviles economistas para tratar de justificar ex post los desmanes que desde un primer momento venían cometiendo los mandatarios. Al fin y al cabo, Keynes publica su gran obra, La Teoría General, en 1936, cuando Hoover y Roosevelt ya habían multiplicado por cuatro la presencia del Gobierno en la economía.

En España, el PSOE no se está comportando en este aspecto de manera muy distinta a los demócratas y a la izquierda internacional. La crisis puede haber supuesto una chinita en su camino para lograr la beatificación laica de Zapatero, pero desde luego les ha venido de perlas para lograr acrecentar al Leviatán. De momento, y "rebeliones fiscales" aparte, ya han logrado que los españoles traguemos con una subida del IVA, con un incremento de la tributación de plusvalías, con la eliminación de deducciones como la de adquisición de vivienda o con el reiterado aumento de numerosos timbres.

Y, sin embargo, los ingresos siguen sin ser "suficientes". Lo acaba de advertir el ministro de Fomento, que alguna experiencia tiene en el cargo de vocero: si los ingresos no son suficientes como para "hacer frente a los desafíos que tenemos como país" (léase reducir el déficit), habrá que aumentarlos. ¿Suficientes según qué criterio Don José? Porque habría sido de gaznápiros pensar que con el planeado incremento de la tributación, que apenas alcanzará los 5.000 o 6.000 millones de euros, logrará cerrarse un agujero presupuestario cercano a los 90.000. No creo que entrara en sus previsiones y, pese a ello, han seguido gastando a manos llenas.

Estos días, por ejemplo, conocíamos que el ministerio dirigido por quien nos amenaza con nuevas subidas de impuestos gastará 17.000 millones de euros en mejorar las infraestructuras del país. Gracias a ciertas artimañas contables, Blanco ha conseguido que esos 17.000 millones no computen como gasto... de momento. Será en 2014 cuando habrá que comenzar a sufragar esas partidas: gasto hoy, subo los impuestos mañana cuando ya no queda otra opción.

La preocupante situación presupuestaria de España, nuestro desbocado ritmo de endeudamiento y los fundados temores que existen sobre la solvencia de nuestras Administraciones Públicas, no es fruto de la fatalidad. Ni siquiera es responsabilidad entera de la crisis económica nacional e internacional. En 2007, la Administración Central gozó de unos ingresos tributarios de 165.000 millones de euros, de los cuales gastó 151.000 (es decir, obtuvo un superávit de cerca de 14.000 millones de euros). Dos años después, los ingresos han caído a 111.000 millones y los gastos han aumentado a 198.000 (es decir, un déficit de 87.000 millones de euros).

Suele decirse que las crisis afectan automáticamente al presupuesto por dos vías: menor recaudación y mayores subsidios de desempleo. Si Zapatero sólo hubiese incrementado el gasto desde 2007 de acuerdo con lo que han aumentado los pagos en subsidios de desempleo (15.000 millones), tendríamos un déficit de 55.000 millones, no de 87.000. En otras palabras –y sin entrar a considerar que el Gobierno, como toda familia prudente, debería haber ajustado a la baja sus insostenibles desembolsos de 2007 o que con la pertinente liberalización de los mercados el gasto en subsidios habría sido menor y la recaudación superior–, hay 32.000 millones de euros que gastamos en 2009 de más y que son puro gasto suntuario de ZP y su camarilla.

Es por ese gasto no ya innecesario sino perjudicial por el que ahora nos quiere subir aún más los impuestos. Están cebando a la bestia tanto como pueden. El problema para los ciudadanos es que el estómago del Estado no tiene fondo y sólo deja de comer en el momento en que ya no le queda nada que echarse a la boca. Cuando nos vuelvan a aumentar los tributos, tenga en mente que su única finalidad es la de financiar la cruzada ideológica de Rodríguez y compañía. Lo que Blanco llama "desafíos como país" y que, en realidad, no es más que añadir grasa al Estado a costa del músculo de familias y empresas.

Juan Ramón Rallo es doctor en Economía y profesor en la Universidad Rey Juan Carlos y en los centros de estudios OMMA e Isead. Es director del Instituto Juan de Mariana.

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