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LA DERECHA ESPAÑOLA

Algo más que arqueología

La historia del pensamiento político de la derecha española, o tal vez sería mejor decir de las derechas españolas en el siglo XX, parecía hasta hace bien poco tiempo un paisaje de ruinas, algunas eminentes, otras ridículas, pero todas en trance de desaparecer en un olvido más que merecido.

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Existen, claro está, muchas obras que han ido sacando a la luz aspectos específicos, pero había que cumplir con un trabajo casi heroico de puro sacrificado: leer, estudiar, clasificar, exponer y contar las múltiples propuestas que la derecha intelectual española ha venido realizando a lo largo de cien años. Es lo que viene haciendo desde hace tiempo Pedro Carlos González Cuevas, profesor en la UNED y autor de una tesis doctoral sobre Acción Española, luego publicada como libro (1998), así como de una Historia de las derechas españolas que cubre desde la Ilustración hasta la actualidad (2000).
 
Ahora, González Cuevas ha publicado una obra más específica sobre El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX, que cubre desde la crisis de la Restauración a la situación actual, denominada por el autor –según reza el epígrafe– "Estado de partidos".
 
La obra es un repaso sintético, informativo y útil de la obra de pensadores e intelectuales de la derecha española. La organización es cronológica y por individuos, lo que facilita la lectura. De esta se deduce que la derecha, en contra de lo que tantas veces se ha dicho, se ha esforzado por articular una posición ideológica, por elaborar una crítica consistente y actualizada de la modernidad, y también por fundamentar los presupuestos de su acción política.
 
Manuel Fraga.En líneas generales, el libro de González Cuevas se centra en la obra de personas que se han declarado a sí mismas de derechas: ya sea en la elaboración teórica, en la práctica o en los dos campos. Figuras como José María Gil Robles, Ramiro Ledesma Ramos, Laureano López Rodó y Manuel Fraga –sin que esta enumeración suponga establecer ninguna línea de continuidad– demuestran que la derecha española ha contado, en la tremenda crisis del siglo XX, con protagonistas interesados en reflexionar de forma original sobre los motivos y los fines de su acción. No es algo tan común como parece, y merece ser resaltado frente a la estulticia tradicional de una izquierda empeñada en negar la existencia de una inteligencia de derechas.
 
Si de comparaciones se trata, el balance es, y con mucho, favorable a la derecha. La crítica al liberalismo, a la democracia y a la modernidad siendo igual de dura de un lado y de otro, está considerablemente más elaborada, y con mucha mayor sofisticación, por parte de la derecha que por parte de una izquierda intelectualmente zarrapastrosa.
 
Otra cosa es que la competencia en este terreno haya sido lamentable y que la izquierda tuviera la habilidad de hacerse con el control de la universidad y los medios de comunicación en los años 70, antes incluso de la muerte del dictador. Ahora puede por fin presumir. Habiéndose convertido al multiculturalismo, la izquierda es capaz de aliarse ya con cualquier cosa, islamismo y nacionalismo incluidos. Gracias a eso se ha convertido en el mayor enemigo de la libertad y de la democracia en el mundo.
 
Claro que en esa solidez intelectual está el problema fundamental de la derecha española en el siglo XX, en general, y de este libro en particular.
 
Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.En cuanto al primero, hay que reconocer, como dice González Cuevas, que la derecha española ha sido en su mayor parte autoritaria y antidemocrática. Esta triste historia no deja de reservar sorpresas, bien apuntadas por el autor, como la facilidad con que muchos transitan desde los nacionalismos periféricos al más puro conservadurismo centralista. Eugenio D'Ors es el mejor ejemplo. Pero también se hace el camino al revés. El antiliberalismo visceral de muchos ideólogos de la derecha española les lleva a comulgar con lo que luego acabarán siendo la legitimación de los nacionalismos mediante el recurso a los llamados "derechos históricos". Véase el caso ilustre y poco ejemplar de Herrero de Miñón, sin ir más lejos. Es una pesadilla que González Cuevas va desenredando con soltura y, lo que es aún más admirable, sin perder la compostura, ni siquiera recurrir a la ironía.
 
En cuanto a lo segundo, es decir al problema de este libro, consiste en haberse limitado a los ideólogos, pensadores y políticos de la derecha. El balance, en este aspecto, no es demasiado alentador, aunque González Cuevas cargue demasiado las tintas en la crítica: ni la Restauración fue el desastre que describe al hablar de la crisis del sistema, ni el conservadurismo ni el liberalismo se rindieron tan deprisa (a Maura hubo que descabezarlo sin el menor escrúpulo y a Canalejas tuvieron que asesinarlo), ni la derecha en tiempos de la República, a pesar de su desconfianza hacia el parlamentarismo liberal, era en la práctica tan autoritaria como aquí se da a entender. Lo mismo ocurrió durante el franquismo. La Transición no se habría hecho jamás sin una derecha que supo preservar, a pesar de todo lo ocurrido, el respeto a ciertos derechos y libertades.
 
Lo que ocurrió, probablemente, es que el pensamiento liberal conservador amante de la libertad se refugió en campos que no fueron la teoría ni el ensayo políticos, es decir en la literatura, la historia, la economía y la filosofía. Es cierto que no le corresponde a un libro como éste tratar a figuras como Baroja, Marañón, Flores de Lemus, Menéndez Pidal, Sánchez Albornoz, Díez del Corral, Maravall y tantos otros. Pero sin ese fondo, de una riqueza extraordinaria, es difícil entender lo que ha sido la derecha española, ni la Transición; ni tampoco, en buena medida, la actual y no tan reciente recuperación del liberalismo y del conservadurismo, disfrazados o no de centrismo. Por eso mismo es difícil entender que González Cuevas trate con tan poca generosidad a figuras como Julián Marías.
 
El libro, en cualquier caso, es oportuno como recordatorio y clarificación. En cuanto a algún aspecto puntual, es de agradecer que el autor insista en que Ortega era un conservador, algo que se olvida demasiadas veces, y es una pena que, habiendo escrito González Cuevas una biografía de Maeztu, no aluda a los escritos de cuando don Ramiro se volvió rabiosamente liberal y hablaba del dinero como si fuera un objeto de culto. Culto religioso, se entiende.
 
 
Pedro Carlos González Cuevas: El pensamiento político de la derecha española en el siglo XX. Tecnos, 2005. 285 páginas.

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