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MUJERES QUE CUENTAN CRÍMENES: S. J. ROZAN

Damas del crimen en el Todo a Cien

Con notable eficacia, la editorial española La Factoría de Ideas acaba de publicar (y de publicitar) la última novela de S. J. Rozan, Invierno y noche, que ganó el Premio Edgar en 2003 tras haber sido finalista en 2002 con Reflecting the sky. En realidad, el pasado mes de agosto Rozan sacó otra novela, Absent friends, pero aunque se sitúa dentro del género de intriga cuenta la historia de unos amigos golpeados por el 11-S y no pertenece a la serie de los detectives Bill Smith y Lydia Chin, que es la que le ha dado fama y dinero a esta arquitecta neoyorquina.

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Rozan debutó con China Trade (1994), y le siguieron Concourse (1995), Mandarin Plaid (1996), No colder place (1997), A bitter feast (1998), Stone Quarry (1999) y los ya citados Reflecting the sky (2001) y Winter and night (2002). Supongo que La Factoría, que cultiva mucho el género de terror, tendrá los derechos de toda la obra y nos la irá sirviendo en los próximos meses. Si tiene éxito comercial –y no me extrañaría–, le sugiero que lo haga en el orden natural de publicación, porque siempre es bueno seguir a los héroes desde su origen, y esta pareja de blanco grandón y china pequeñita funciona muy bien. Lo mejor son sus diálogos de reto y picadillo, a lo Hepburn y Tracy o entre Dashiell Hammet y Pimpinela, con un trasfondo sentimental digno de Mary Higgins Clark.
 
Otra cosa es la novela como tal, que está muy bien de producción pero sólo regular de dirección, y que pese a que la autora no sea la clásica profesional de las letras se atiene de forma rigurosa y poco original a las reglas del éxito en los USA del género negro, que puede hacerte rico en un mes, aunque normalmente hay que esperar unos cuantos años y unas cuantas novelas, a una por año, y, sobre talento, tener suerte. Rozan la ha tenido. Pero por mucho Premio Edgar que le hayan dado, estamos ante un modelo demasiado trillado como para suscitar admiración. Se lee muy bien, está dentro de los fructuosos cánones de Lehane y compañía, más guiones de cine que novelas, pero le falta la creatividad que distingue a las verdaderas Damas del Crimen, que se distinguen solas.
 
Lo esencial en esta novela es el ritmo, que no decae, y la pareja protagonista, que tampoco. La visión crítica de la perversión deportivista de una comunidad, no sólo de una universidad como en la novela de Tom Wolfe Soy Charlotte Simmons sino de todo un pueblo o lujoso suburbio entregado al culto de su equipo de fútbol americano, está bien argumentada pero nos suena demasiado como para conmovernos. También está bien desarrollada otra de las fórmulas del género: los crímenes de ayer retoñando en los de hoy, quizás porque, directa o indirectamente, los siguen cometiendo los mismos. Pero se abunda demasiado en la obviedad dentro de un género que también valora lo curioso. Ahora bien, cuando aparece la chinita implacable Lidia Chin, la novela funciona; en cambio, Bill Smith parece Mickey Rourke antes de redimirse en Sin City.
 
En fin, que es muy posible que S. J. Rozan se convierta en una de las nuevas y famosas "Damas del crimen", pero si la comparamos con Sayers, PD James, Rendell e incluso Grafton y Cornwell, al único trono que podría razonablemente aspirar es al de reina del "Todo a cien". Un misterio de productividad y una apoteosis de la banalidad.
 
 
S. J. Rozan, Invierno y noche. La Factoría de las Ideas, 2005. 349 páginas.
 
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