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Michelle Malkin

Los mártires que a nadie importan

Éstos son los verdaderos practicantes de una religión de paz, y no los fanáticos del odio con sus bombas y AK-47 cuyo camino al martirio está empedrado de asesinatos y no de oraciones.

Michelle Malkin
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La sangre de inocentes misioneros cristianos se derrama sobre las arenas afganas. El mundo contempla y bosteza. Naciones Unidas no ofrece nada más que una expresión formal de "preocupación". ¿Dónde están las protestas mundiales contra los abusos de los derechos humanos que se producen delante de nuestras narices?

Un grupo de cristianos surcoreanos ha permanecido secuestrado durante las últimas semanas por criminales talibanes en Afganistán. Es el mayor grupo de rehenes extranjeros secuestrados en Afganistán desde que la Operación Libertad Duradera comenzase en el 2001. ¿Cuál fue su ofensa? ¿Estaban introduciendo armas de contrabando en el país? No. ¿Estaban incitando a la violencia? No. Eran pacíficos creyentes en Cristo que se encontraban allí en breves misiones de tipo humanitario y médico. 17 de los 23 rehenes son mujeres. La mayor parte de ellas son enfermeras que proporcionan servicios sociales y de auxilio.

Los sanguinarios yihadistas han exigido que Corea del Sur retire inmediatamente sus tropas de Oriente Medio, pague un rescate, e intercambie a los civiles misioneros por guerrilleros talibanes encarcelados. Los líderes talibanes han cumplido las amenazas de matar a los cristianos secuestrados, mientras los funcionarios afganos aducían débilmente que su monstruoso comportamiento era "anti islámico".

Dos hombres, Shim Sung-min, de 29 años, y el pastor Bae Hyeong-gyu, de 42, ya han sido asesinados a tiros y sus cuerpos abandonados en nombre de Alá. Bae estaba casado y era padre de una niña de nueve años. Según los medios coreanos, procedía de una devota familia cristiana de la provincia isleña de Jeju. Ayudó a fundar la iglesia Saemmul, al sur de Seúl, que es la que envió a los voluntarios a Afganistán.

La cobertura de los medios asiáticos es permanente. Se han organizado vigilias nocturnas de oración en todo el continente. Pero las asociaciones de derechos humanos en Estados Unidos han estado en gran medida desaparecidas en combate. Y también la mayor parte de nuestros medios más importantes. No hay duda de que entre algunos miembros de la élite laica la razón para esta indiferencia es el clásico "culpe a la víctima": los misioneros se merecían lo que recibieron. ¿En qué estaban pensando para llevar su mensaje de fe a una zona de guerra? ¿No sabía que eran blancos fáciles para los decapitadores musulmanes, cuya idea de la evangelización es "conviértete o muere"?

Noté esa actitud de los medios de encogerse de hombros ante la fijación yihadista con los misioneros cristianos hace cinco años, durante el secuestro y asesinato de los misioneros cristianos norteamericanos Martin y Gracia Burnham en las Filipinas. El silencio tiene su base en la visión de los cristianos comprometidos con su fe como una cosa rara. En el mejor de los casos es una insensibilidad colectiva. En el peor, un desprecio absoluto, que va desde la alusión de Ted Turner a los católicos como "fanáticos de Jesús" hasta el insulto de la productora de la CBS Roxanne Russell al ex candidato presidencial del Partido Republicano Gary Bauer, al que calificó como "el pequeño pirado del grupo cristiano" pasando por la ridiculización de la fe mormona del candidato presidencial Republicano Mitt Romney.

Curiosamente, aquellos que argumentan que necesitamos "comprender" a los terroristas islámicos, manifiestan poco esfuerzo por "comprender" a los misioneros evangélicos cristianos que arriesgan sus vidas por difundir el evangelio no mediante la espada, sino a través de actos de compasión, curando enfermos y educando niños. Alrededor de 16.000 misioneros coreanos arriesgan sus vidas por todo el mundo, desde África hasta Oriente Medio, China y Corea del Norte.

Éstos son los verdaderos practicantes de una religión de paz, y no los fanáticos del odio con sus bombas y AK-47 cuyo camino al martirio está empedrado de asesinatos y no de oraciones.

© Creators Syndicate, Inc.

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