Menú
Miguel del Pino

Claverina, la osa francesa que come ovejas navarras

Una osa de siete años y 140 kilos de peso se ha convertido en un serio problema para las buenas relaciones ambientales de Francia y España.

Miguel del Pino
0
Miguel del Pino - Claverina, la osa francesa que come ovejas navarras

El pasado viernes 17 tuvo lugar una cumbre entre las autoridades españolas, representadas por las correspondientes de la Comunidad foral de Navarra, y sus homólogas francesas acerca de las correrías de Claverina, una osa de origen esloveno liberada por Francia en el Pirineo para tratar de restablecer la población de su especie en dicha cordillera fronteriza.

En siglos pasados el oso pardo, Ursus arctos, especie ampliamente distribuida por Europa, contaba con importantes efectivos en el Pirineo que se extendían por la Cornisa Cantábrica; hoy la población ursina del Pirineo español se encuentra desaparecida en lo que se refiere a ejemplares autóctonos.

El gobierno francés se encuentra implicado en la reintroducción de la especie en la parte pirenaica que corresponde a su país, y en este sentido se vienen produciendo reintroducciones en la vertiente pirenaica francesa que han permitido a la especie alcanzar en la actualidad un potencial de 43 ejemplares.

Las poblaciones españolas de oso pardo se encuentran actualmente a salvo en sus reductos cantábricos gracias a la muy acertada labor de instituciones modélicas, como el FAPAS (Fondo Asturiano para la Protección de Animales Salvajes,) o la Fundación Oso Pardo. Naturalistas como Roberto Hartasánchez (Premio Panda de Oro de WWF España) han sabido armonizar la conservación del oso con la de los intereses de los paisanos, ganaderos, fruticultores y apicultores entre ellos.

Hay que destacar como merece la posición tomada por los habitantes de las zonas rústicas donde habita o aparece esporádicamente el oso: es cierto que se han visto apoyados en sus intereses por las buenas medidas de disuasión de los ataques y de la política de indemnizaciones, pero con todo su aceptación y comprensión son dignos de los mayores elogios.

Extraordinario éxito está obteniendo en las librerías el volumen titulado "Viviendo con osos", obra del entusiasta naturalista Ezequiel Martínez; Ezequiel se ha pasado los últimos diez años recorriendo los paraísos naturales de las áreas asturianas donde antaño era abundante el oso y donde todavía sobrevive, y ha obtenido testimonios verdaderamente conmovedores de los ya muy ancianos paisanos que supieron convivir con los osos sin poner en peligro su supervivencia.

Un éxito en peligro

Pero las reintroducciones de osos en la parte pirenaica francesa por parte del Gobierno vecino amenazan el éxito de todos los trabajos realizados en la Cornisa Cantábrica española: los osos eslovenos con los que se pretende reconstruir el corredor entre el Pirineo, Navarra, Asturias y Cantabria están generando importantes problemas y, lo que es peor, produciendo un movimiento de rechazo entre los ganaderos afectados por sus correrías.

En el año 2016 fueron conocidos los desmanes de Gioart, un macho que mataba ovejas y caballos, al que fue necesario capturar con dardos anestésicos para frenar sus rapiñas; ahora es Claverina, una hembra de 7 años que se ha aficionado a la carne de oveja y lleva ya ocho piezas devoradas, cuatro el pasado año antes de la hibernación y otras cuatro ahora, nada más despertarse.

Clavellina y su hermana Sorita fueron liberadas en el Béarn francés, pero, carentes al parecer de conocimientos geográficos, han traspasado la frontera y campan por sus respetos en Navarra. Sorita es eminentemente vegetariana, pero a Claverina le encantan las reses ovinas, con el consecuente disgusto, por no decir indignación, de los ganaderos.

Tras la Cumbre celebrada el viernes entre las autoridades ambientales francesas y las del Ministerio de Transición Ecológica español (cómo nos gusta complicar los nombres), Francia ha tomado la decisión de no liberar más osos en el Pirineo, sin duda es una buena decisión, pero el daño ya está hecho.

Los desmanes de la pobre Claverina llegan en mal momento para que sean recibidos con la famosa "tolerancia", convertida en palabra intocable: la España rural protesta últimamente con tanta fuerza como razón ante la incomprensión urbanita de sus problemas e intereses y liberar animales salvajes en entornos donde los ganaderos tratan de sacar adelante sus maltrechas economías es, sencillamente, un disparate..

Si doy rienda suelta a mis sentimientos de biólogo vocacional me encantaría ver mi país con toda su fauna autóctona y ancestral en pleno y floreciente equilibrio, pero el más elemental sentido común me dice que no tengo derecho a cargar esta riqueza faunística y científica en la cuenta de los que viven en el medio rural, en este caso de los ganaderos.

Las reintroducciones imprudentes de animales salvajes y depredadores en entornos rurales donde puedan afectar intereses ganaderos o agrícolas sólo puede generar indeseables "efectos rebote" en la opinión de los habitantes del campo: cada vez será más difícil conseguir su colaboración en aquellos casos y lugares donde realmente merezca la pena pedirles sacrificios, al final ¿saben lo que dirán?: "Los han soltado los ecologistas".

Con desesperada buena intención los miembros de WWF que no son simples ecologistas sino científicos con una eficaz hoja de servicios, hablan de cercas electrificadas para el ganado, fomento de la presencia de mastines en los rebaños y otras tantas medidas que son eficaces y convincentes en algunos casos, como el de evitar la extinción de nuestros últimos lobos, pero en el caso de las introducciones imprudentes estamos ante una batalla perdida de antemano y con previsibles efectos derivados indeseables.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

En Tecnociencia

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios

    Máster EXE: Digital Marketing & Innovation
    España Baila Flamenco