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Miguel del Pino

Greta volvió al colegio (de donde no debió salir)

La pandemia ha supuesto el final de tantas campañas catastrofistas y seguramente también de los ingentes beneficios económicas de la activista.

Miguel del Pino
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La pandemia ha supuesto el final de tantas campañas catastrofistas y seguramente también de los ingentes beneficios económicas de la activista.
Greta, durante su visita a Madrid | EFE

Antes de dar por terminado su insólito año sabático, Greta Thunberg todavía tuvo tiempo de poner verde (y no es sentido ecologista) a la señora Merkel, la última receptora de los improperios de la adolescente antes de recoger la zapatilla que ha paseado por medio mundo.

No siempre al abandono temporal del medio escolar durante la edad de escolarización puede considerarse un abandono de la patria potestad por parte de los padres o los tutores legales de una personita en edad infantil o de un, siempre complicado adolescente. Algunos países, como Australia, consideran legal la educación en casa, otros se están mostrando más o menos comprensivos cuando los padres no llevan al colegio a sus hijos por miedo a la pandemia. Estamos ante un tema extraordinariamente delicado.

Lo de la niña Greta Thunberg, ya adolescente, fue un caso muy triste y deja en un lugar muy conflictivo a sus padres, hábiles en fomentar las facetas recaudadoras de los paseos de la niña por el mundo en los que despreció los métodos normales de desplazamiento oceánico hasta terminar en el arriesgado viaje trasatlántico en catamarán desde América hasta Portugal, y de allí a tierras españolas.

Creemos que las aventuras de Greta son un caso cerrado a causa de la presión de la pandemia de coronavirus, algo totalmente imprevisible y que ha supuesto el repentino final de tantas campañas catastrofistas y seguramente también de los ingentes beneficios económicos de quienes las alimentaban, entre ellos “lobbies” de los que forman parte los manipuladores de la infancia de Greta.

La mezcla de fanatismo y picaresca que poco a poco se va descubriendo en la trastienda de la “factoría Greta” ha propiciado un fenómeno mediático de innegable fuerza, pero que afortunadamente parece llegar a su final dejando sin terminar muchas campañas, sin duda con gran desilusión de sus beneficiarios

Recordemos, abundando en lo anterior, la declaración de “emergencia energética en España”, promulgada por el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, idea que de no haber dejado al menos en reposo la llegada de la Covid, nos habría conducido al recibo de la luz más caro de Europa.

Greta en el Colegio

Deseo de corazón a Greta que a partir de ahora, ya incorporada a los sistemas de educación suecos que desconozco en profundidad, aproveche el tiempo con la máxima eficacia y pueda superar el bache en su formación que necesariamente ha tenido que suponer el largo periodo en el que ha pretendido enseñar en lugar de aprender: ella no es responsable de tal aberración y quienes la han ideado, fomentado y aprovechado parecen carecer de sentido de la responsabilidad, ya que de tenerlo ya se les habría caído la cara de vergüenza, hablando en términos coloquiales.

Tampoco quedan en lugar airoso los políticos que aguantaron estoicamente los improperios de la niña. Cuando les acusaban de haber arruinado su infancia, sería interesante recabar la opinión en tal sentido de los misioneros y voluntarios que trabajan con la correspondiente infancia y adolescencia de los niños de cualquiera de los países africanos cuya primera necesidad es la de sobrevivir al hambre.

En algunas de aquellas alocuciones a los líderes del mundo, Greta llegó a dar muestra de una preocupante expresión de odio; en recuperar esta deformación deben trabajar de manera prioritaria sus profesores, antes incluso de tratar de actualizar a la adolescente en los contenidos técnicos de las materias que debido a su año sabático no ha podido aprender correctamente.

La importancia de la escolarización

Volviendo a la necesidad de escolarización de la infancia y adolescencia, centrémonos en el ejemplo español. ¿Nos arriesgamos a un aumento de contagios a causa de la vuelta de los niños y adolescentes a los colegios e institutos para comenzar el nuevo curso? Claro que sí, pero es tan grande la necesidad de que esta generación se socialice y aprenda lo correspondiente a su edad que no hay más remedio que correr el riesgo.

Cuando se aborda este problema a nivel mediático suele incidirse de manera especial en la faceta de la socialización, pero no debemos olvidar la de adquisición de conocimientos. Quienes terminen padeciendo un vacío importante en su acervo cultural y científico no sólo serán en un futuro muy próximo ciudadanos menos libres y felices, sino también con menos posibilidades de acceder a puestos de trabajo bien remunerados y vocacionalmente satisfactorios. ¿Recuerdan las dificultades de contratación laboral que afectaron a los titulados que habían pasado por las huelgas del Mayo 68 francés?

Otra cosa es criticar las deficiencias en tiempo y forma que hemos podido apreciar en esta incorporación al nuevo curso, afectada por las prisa, la improvisación y las diferencias entre las comunidades autonómicas, dejadas a las inclemencias de los elementos por una ministra, la Señora Celaá tan autoritaria al dar normas cargadas de ideología como habilidosa al escabullirse cuando se necesitan su coordinación y su apoyo práctico.

Y falta recordar la nula influencia de la Televisión Pública a la hora de elaborar y emitir programas pedagógicos que podrían apoyar extraordinariamente la enseñanza no presencial cuando las circunstancias así lo requieran. No todos los niños tienen tablets y ordenadores, pero la gran pantalla no falta en los hogares y podría rendir en estas circunstancias un impagable servicio público.

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