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Pablo Molina

El Sistema hace delinquir al virtuoso Echenique

Compararse con padres de familia que trabajan en negro para llegar a fin de mes es de una bajeza que sólo se da en las alturas de la podemidad.

Pablo Molina
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Cualquier dirigente político del que se supiera que mantiene empleados sin tenerlos correctamente dados de alta tendría problemas con la horda podemita. Los ungidos por la gracia del pueblo no perdonan estos ataques al obrero que, cuando les da el fervorín, llegan a tachar de terrorismo, aunque los piadosos musulmanes de Centroeuropa anden ahora empeñados en marcar cierta diferencia.

Los podemitas, perfectamente legos en cualquier rudimento de ciencia económica, se agarran al argumento de fraude fiscal como la solución para recaudar todo lo que necesitan al objeto de financiar su delirante programa de gasto. Si el Estado luchara contra los que defraudan los problemas económicos desaparecerían, vienen a decir los podemiers con un gesto de fingida seguridad que pone aún más de manifiesto su profunda ignorancia. Pues bien, en sus órganos dirigentes tienen desde ayer a un flagrante defraudador para que comiencen dando ejemplo.

Pablo Echenique, luz de Caracas, martillo de herejes, tenía a su asistente personal sin cotizar a la Seguridad Social. Mejor aún, cuando el pobre hombre le dijo que no podía pagar "el sello" de Autónomos, en lugar de cumplir con sus obligaciones de empleador y satisfacer las cuotas adeudadas, fue y lo largó de una patada en el centro irradiador.

"¿Es justificable apelar a la economía sumergida?" Se pregunta el segador de malas hierbas podemitas cuando el asunto ha salido a la luz. "Si uno está en una buena situación económica, no -se responde a sí mismo-, pero hay tanta gente que no lo está que yo no me atrevería a censurar a una familia que tiene a su cargo a un dependiente". El argumento podría servir de disculpa sino fuera porque el tipo trinca dos mil euros mensuales del bolsillo de todos los españoles, además de la ayuda estatal como dependiente que también le pagamos generosamente entre todos. Compararse con los padres de familia que tienen que trabajar en negro para poder llegar a fin de mes es de una bajeza que sólo puede encontrarse en las alturas de la podemidad.

Y para poner el broche intelectual a tanta desfachatez, Echenique concluye que su caso "abre un debate muy interesante respecto de la Ley de Dependencia y de cómo el sistema actual empuja a mucha gente humilde a participar de la economía sumergida". En realidad, el debate que abre es el de cómo algunos hipócritas se aprovechan de la desgracia ajena mientras lloran por el pueblo, imparten lecciones de ética y una masa de débiles mentales sigue pensando que son los líderes inmaculados que nos vienen a salvar.

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