
A Pedro Sánchez lo conocemos bien, a pesar de lo cual el tipo sigue explicando su particular visión de la democracia para que nadie se lleve a engaño cuando vuelva a gobernar en 2027, una fatalidad que, tal y como están España y la derecha, podría darse por tercera vez.
Después de un mes largo de vacaciones a cargo del Estado (faltaría más), el hermano del Chirimoyo ha vuelto al trabajo encontrando un hueco para comparecer en la emisora progubernamental, donde ha precisado los límites teóricos del sistema democrático, en virtud del cual resulta aconsejable que no siempre gobierne el mismo partido político. Preguntado a este respecto, el marido de Begoña coincidió en que la alternancia en democracia es buena. Deseable, incluso, pero España tiene un problema político que la hace imposible, porque la oposición es una fuerza involucionista a la que, en consecuencia, no se debe permitir la llegada al poder bajo ningún concepto.
Para cimentar su tesis de que la oposición no debe gobernar jamás no hizo alusión a Vox, un partido que el sanchismo, por boca de Ábalos en la tribuna del Congreso (¡Qué tiempos!), situó fuera de la democracia desde el primer momento, sino a la derecha en su conjunto. Porque tampoco el PP puede llegar al Gobierno de la Nación, por carecer de títulos suficientes en términos democráticos según el jefe de la cloaca sociata.
O sea, que aquí solo puede mandar él. No por vanidad, qué tontería, sino porque Pedro Sánchez Pérez-Castejón es el único candidato demócrata de todos los que van a concurrir a las próximas elecciones generales, excepción hecha de los grupos marginales de ultraizquierda y de la morralla separatista, que con hacer de palmeros en las Cortes ya tienen bastante.
Este es el tío contra el que España se juega su futuro, una especie de gañán totalitario con ínfulas de nuevo rico, dispuesto a todo para seguir en el poder los años que él considere oportuno. Pero un personaje de semejante estofa no sería un problema sino fuera porque hay once millones de votantes que piensan exactamente igual que él y, por tanto, están dispuestos a aceptar que España se convierta en una especie de dictadura a la venezolana, si ello fuera necesario, para que no gobierne la derecha. A esto hay que sumar lo que llegue a las mesas electorales desde el extranjero gracias a la ley de Memoria Democrática, centenares de miles de votos que van a estar custodiados por los socialistas hasta la noche electoral.
Por todas esas cosas, Sánchez asegura que seguirá en La Moncloa otros cuatro años. No es vanidad ni un alarde electoralista. Es que puede gobernar de verdad.