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La guerra del agua llega al PP

El agua se ha convertido en un argumento para la lucha política entre comunidades autónomas. Ningún partido se atreve a abordar este grave problema nacional.

Pablo Molina
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La situación del sector agrícola en el sureste de España es dramática. La sequía prolongada, la imposibilidad de transferir agua del Tajo, el agotamiento de los embalses de la cuenca del Segura, la ineficiencia de un sistema ruinoso de desaladoras y la falta de alternativas para paliar esta situación dramática configuran un panorama pavoroso a corto y medio plazo para una industria que, solamente en Murcia, proporciona sustento a cien mil familias.

Los regantes salen este miércoles a las calles de la capital para pedir soluciones al Gobierno, del que ya ni siquiera esperan buenas palabras. En el Partido Popular se limitan a ampliar la vigencia de los decretos de sequía y a tratar de firmar pactos por el agua con las demás fuerzas políticas, que solo servirán de munición de cara a las próximas elecciones, sin ningún efecto práctico. De trasvases ni una palabra, a pesar de que hubiera bastado con un plan básico de interconexión de cuencas para que ahora no estuviéramos así. ¿Y cómo estamos? Pues... cómo decirlo... esta es una nación que arroja anualmente al océano 50.000 hm3 de agua dulce, mientras la zona que exporta los mejores productos hortofrutícolas de todo el contente se arruina por no disponer de mil de esos hectómetros que cada año tiramos al mar.

En un país rico en recursos hídricos, se condena a una de sus principales zonas agrícolas a sobrevivir con agua desalada, cara y contaminante, a través de un sistema de desalinizadoras que ni siquiera trabajan a pleno rendimiento por carecer de las acometidas básicas para su funcionamiento. Y todo porque el agua se ha convertido en un argumento para la lucha política entre comunidades autónomas. Ningún partido se atreve a abordar este grave problema nacional, ante la pérdida de votos que cualquier trasvase tendría en los territorios de las cuencas cedentes. Que pregunten al PP y al PSOE de Aragón y Castilla-La Mancha qué opinan de que el agua sobrante del Ebro y el Tajo se destine a la producción agrícola en Almería y Murcia, y ya verán qué carcajadas.

Este es el nivel. Tan bajo que, como medida de supervivencia política, el PP murciano va a encabezar la manifestación de regantes, con el Gobierno regional en pleno en primera línea. Las elecciones autonómicas de 2019 están muy cerca y el agua va a ser un tema central, por más que los partidos prefieran discutir de financiación de los chiringuitos autonómicos, igualdad de género y cambio climático. En el horizonte aparece también un nuevo partido regionalista, liderado por el expresidente popular Alberto Garre, que amenaza con hacer un roto importante en la bolsa de votos del PP a cuenta precisamente del drama de la sequía. Las de mayo de 2019 podrían ser las primeras elecciones que perdieran los populares en Murcia desde las que ganaron por mayoría absoluta en 1995, motivo suficiente para esta movilización general de apoyo a los agricultores, que ya veremos cómo interpretan este afecto repentino.

El PSOE se cargó el trasvase del Ebro y con él las esperanzas de la zona de España con la mejor agricultura de Europa. Pero el PP lleva gobernando ininterrumpidamente seis años, cuatro de ellos con mayoría absoluta aplastante, y el problema de la falta de agua no ha hecho más que empeorar. Por eso los socialistas probablemente jamás volverán a gobernar en Murcia. Falta por ver cuáles serán las consecuencias para el PP. De momento, tiene en la calle a todo el sector agrícola, con el Gobierno regional a la cabeza. La guerra del agua no ha hecho más que empezar.

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