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Pablo Molina

Las escaramuzas de la Banda del Moño

Que sigan dándose testarazos hasta que se convoquen nuevas elecciones. Entonces es cuando nos tocará hablar a los demás.

Las escaramuzas de la Banda del Moño - Pablo Molina
El secretario general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. | Dani Gago/Podemos

La economía española ha sufrido con especial intensidad las consecuencias de la pandemia, lo que ha producido un desplome del PIB y un aumento brutal de las cifras de desempleo; en consecuencia, la propuesta de la izquierda es aumentar todavía más los costes de los empresarios para que la catástrofe sea total.

Desde el punto de vista del chavismo zarrapastroso, no hay nada más consecuente que reclamar una subida del Salario Mínimo Interprofesional en mitad de la pandemia, porque su oferta electoral en tierras civilizadas solo tiene cierto éxito cuando se produce una aguda destrucción de riqueza, las instituciones se degradan y la gente está sumida en un profundo desánimo. Por eso va a seguir dando la batalla dentro del Gobierno, para desesperación de los ministros de Sánchez (a él se la trae al pairo, claro), que no ven la hora de echar a escobazos a la Banda del Moño.

Uno entendería que los podemitas se empeñaran en subir el SMI si cumplieran las normas internas que acordaron cuando aún andaban de perroflautas por las plazas de las ciudades, que situaban como tope salarial de los futuros altos cargos morados dos veces y media esa cantidad. Pero visto que ni el Tato podemita cumple ese precepto y todos trincan hasta el último céntimo de sus abultadas nóminas, es evidente que su empeño en esta batalla tiene un objetivo meramente propagandístico.

Iglesias reconoce en Sánchez a un igual y, por tanto, sabe de su falta de escrúpulos y su rechazo a cualquier tipo de lealtad. Por eso es consciente de que sus días en el Gobierno tienen fecha de caducidad. Exactamente hasta que Sánchez considere que ya no necesita a su banda y crea que ha llegado el momento de terminar de crujir a Podemos, utilizando si hace falta el comodín del adelanto electoral.

Estas escaramuzas a cuenta del SMI, de la comisión de investigación del rey emérito o de la paralización de los desahucios (¿alguien cree sinceramente que en España se corta la luz, el agua o se echa de su casa a alguna familia sin recursos?) son solo una manera de medir las fuerzas ante la opinión pública, como hacen los muflones en la berrea para quedarse, ¡oh cérvidos machistas!, con todas las hembras.

Visto desde fuera, el espectáculo de estos encontronazos diarios entre unos y otros tiene su interés no por lo que se dirime en ellos, sino porque anuncian que al Frankestein sanchista comienzan a aflojársele las tuercas. Que sigan dándose testarazos hasta que se convoquen nuevas elecciones. Entonces es cuando nos tocará hablar a los demás.

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