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1-O: una matanza sin muertos

El separatismo dispone de medios ingentes. Todas las televisiones de España son suyas.

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EFE

"Un tribunal alemán juzgó a Puigdemont y decidió que no había ni rebelión ni sedición". He ahí la última deposición de Quim Torra, sustituto del antedicho, en sede parlamentaria. La dirigente de Ciudadanos Inés Arrimadas no salía de su asombro. "¿Dice que Puigdemont fue juzgado en Alemania? ¿Acaba de afirmar eso aquí? ¿Que Puigdemont ha sido juzgado? ¡Y lo reafirma con la cabeza! ¿Usted es licenciado en Derecho? Madre mía, madre mía", dijo Arrimadas en su turno de intervención mientras Torra, ciertamente, asentía desde su escaño con cara de pánfilo.

La jefa de la oposición en Cataluña ha tratado de explicarle a Torra que lo que pasó en Alemania es que un tribunal regional negó la extradición del cabecilla del golpe, no que hubiera sido sometido a un juicio y exonerado de los delitos más graves que se le imputan. Un esfuerzo melancólico el de Arrimadas. Torra miente y a lo mejor hasta sabe que miente, pero han dicho ya tantas mentiras los separatistas que a saber si es consciente.

El proceso separatista es una suma de mentiras que empieza en los tiempos de Pujol, cuando presumía de honradez y la parentela se llevaba la pasta a Andorra en bolsas de basura, continúa con Mas, que no ha dicho una verdad en su vida, prosigue con Puigdemont, que se cree Napoleón, y tiene ahora a un cualificado representante en la persona de Quim Torra, que miente hasta cuando calla.

Una de las mentiras que han hecho más fortuna en Cataluña es la de que la Policía Nacional y la Guardia Civil causaron mil heridos el 1 de octubre de 2017, cuando el referéndum, a su vez otra mentira que los separatistas cuentan con todo lujo de números y detalles. Mil heridos. En concreto 1.066 personas atendidas in situ o en hospitales y centros de primera asistencia. En fin, un infierno.

Sin embargo, tamaña brutalidad policial se saldó tan sólo con la pérdida de un ojo de un ciudadano apellidado para más inri Español, que recibió el impacto de una pelota de goma mientras pululaba exaltado entre medio centenar de sujetos que acosaban a un grupo de policías nacionales en una ratonera del Ensanche de Barcelona. La Cruz de Sant Jordi le han dado recién, distinción que sin embargo no han tenido huevos de conceder a Marta Torrecillas, que los más fieles seguidores del procés recordarán que se trata de aquella muchacha que dijo que un madero le había roto todos los dedos de una mano, uno a uno, mientras abusaba sexualmente de ella. Guardiola, Piqué y Colau le dieron crédito.

En la provincia de Lérida estuvo a punto de morir un anciano, que pasó varias semanas ingresado en el hospital del Valle de Hebrón de Barcelona. El hombre sufrió un infarto. Un policía nacional le practicó los primeros auxilios. Podría decirse que le salvó la vida. Y ya. No obstante, el separatismo se aferra a los datos de la Consejería de Sanidad de la Generalidad, cuyo penúltimo titular, Toni Comín, se fugó con Puigdemont.

Esto de la matanza sin muertos del 1-O está de actualidad porque el ministro de Exteriores, Josep Borrell, explicó ante sus colegas de la Unión Europea que el día de autos sólo hubo dos ingresos hospitalarios relacionados con el simulacro de referéndum y que en líneas generales el proceso se alimenta de fake news. Borrell hace lo que puede, que no es mucho. Está en la senda de Margallo y Dastis, que porfiaban, pero sin grandes rendimientos.

El relato separatista es caballo ganador en el exterior. Forma parte del atractivo turístico de España la Leyenda Negra, que el Supremo es la Inquisición y la ETA, una organización de demócratas. Fiesta, tapas y sanfermines. Persiste el error de considerar que es al ministro de Exteriores y no al de Interior a quien compete el golpe de Estado.

La situación es todavía peor en materia informativa. El separatismo dispone de medios ingentes. Todas las televisiones de España son suyas. Lo extraordinario es que todavía haya balcones con banderas de España incluso en Cataluña. El discurso mediático mayoritario es que hubo más de mil heridos, pero omite que la mayoría refieren lipotimias y arritmias. La consigna separatista, recordarán también los fans del tema, era parapetarse tras ancianos, niños y mujeres. A mayor abundamiento, decenas de personas que refirieron ataques de ansiedad días después de los hechos fueron convenientemente atendidas y registradas como víctimas del 1-O. Alegaban que la permanente repetición de la jugada en TV3 no les dejaba dormir.

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