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Pablo Planas

Peor que hace dos años

¿A qué está esperando el Gobierno? ¿Es que necesita muertos para intervenir en Cataluña?

Pablo Planas
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¿A qué está esperando el Gobierno? ¿Es que necesita muertos para intervenir en Cataluña?
EFE

A Mariano Rajoy se lo llevó por delante el separatismo. Aquella pereza, esa espesura de Soraya dejándose sobar el lomo por Junqueras y los sabios consejos de quienes les decían que en Cataluña no pasaba nada, que los nacionalistas solo querían más dinero. Le puede ocurrir lo mismo a Pedro Sánchez si persiste en restar importancia a que las turbas de Torra asalten el aeropuerto de El Prat y le peguen fuego al centro de Barcelona y a las calles de Gerona, Lérida y Tarragona.

Grande-Marlaska está haciendo el Zoido. Puede que de juez impresionara mucho, pero de ministro da la risa. Después de que se tuvieran que anular más de cien vuelos, de que miles de pasajeros se vieran atrapados en el aeropuerto, de que miles de conductores tengan que esperar horas a que grupos de niñatos despejen las carreteras y de que el centro de todas las ciudades de relieve de Cataluña se haya convertido en pasto del independentismo que no tiraba ni un papel al suelo; después de todo eso lo que no es normal es que el ministro del Interior diga que tranquilos, que no pasa nada. No hombre, no. La paliza que un grupo de independentistas dio a un hombre que trataba de apagar unos contenedores con un extintor debería ser suficiente como para que los representantes del Estado dijeran punto y hasta aquí hemos llegado.

Desde la cobardía se puede entender que alguien diga que el hecho de que le peguen a una mujer por agitar una bandera de España entra dentro de lo normal. Menuda provocación, ¿verdad? Pero hay que ser algo más que un cobarde para decir que la situación está bajo control cuando a un ciudadano se le ha propinado una paliza salvaje por intentar apagar un fuego debajo de su casa. ¿A qué está esperando el Gobierno? ¿Es que necesita muertos para intervenir en Cataluña?

Cierto es que no se ha proclamado ninguna república. Si algo han aprendido los líderes separatistas es a tirar la piedra y esconder la mano, pero la situación en las calles de Cataluña es mucho más grave que hace dos años. En aquel otoño, a muchos independentistas les interesaba no infundir miedo. Ahora les da igual. Por eso no se cortan y pegan a ciudadanos con la bandera de España, a ciudadanos que blanden un extintor para apagar una hoguera o a mujeres policía que se quedan descolgadas de sus compañeros. Van a por todas y van a por quienes no piensen como ellos, a por quien oponga la más mínima resistencia, a por quien no se deje avasallar por los Torra que niegan la violencia, los Guardiola del Tsunami criminal y los CDR terroristas.

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